En menos de veinticuatro horas, el Príncipe de Asturias se ha dirigido por segunda vez a los jóvenes españoles, hoy para pedirles que aprovechen "todas las ventajas y oportunidades" que generan la vida en libertad y democracia en la que han tenido la "fortuna de nacer".
Una situación, dijo esta mañana al visitar la comunidad vecinal de Sariego , Pueblo Ejemplar de Asturias 2006, "que nos ha proporcionado la sociedad más justa y próspera que hemos tenido a lo largo de toda nuestra historia".
Una sociedad "nueva", insistió, "más rica y culta, plural y abierta que defiende la solidaridad, la concordia, la educación y el trabajo para todos, los derechos humanos en todo el mundo" y que sabe que sólo así "se pueden desarrollar las mejores capacidades e iniciativas".
Ayer desde el Teatro Campoamor de Oviedo, donde entregó los Premios que llevan su nombre y que este año han celebrado su XXVI edición, don Felipe animó a los jóvenes a huir "de toda posible desesperanza", alentándoles a sumarse "con ilusión" a la "gran aventura" de "la vida en paz, plenitud y responsabilidad".
El Príncipe de Asturias acudió hoy, sin su esposa doña Letizia, que anoche regresó a Madrid en compañía de la Reina tras asistir a la solemne ceremonia del Campoamor, a la comunidad vecinal de Sariego , tierra de "llagares" (bodegas) y donde se produce buena parte de la sidra que se consume dentro y fuera del Principado.
Tierra donde la palabra sigue teniendo carácter de documento notarial, como dijo su alcalde, Javier Parajón, y donde sus cerca de 1.500 habitantes, repartidos en varios núcleos de población por los valles que integran uno de los concejos más pequeños de Asturias, están empeñados en recuperar tradiciones y costumbres de la cultura rural asturiana.
Conservar las tradiciones y considerarlas "un verdadero tesoro", como hacen los hombres y mujeres de Sariego , es compatible con los avances del mundo moderno, afirmó el heredero de la Corona.
Por ello, y por el pujante movimiento asociativo del lugar, la Fundación Príncipe de Asturias ha concedido este año a Sariego el título de Pueblo Ejemplar. "Asturias y España -dijo el Príncipe a los habitantes del lugar, concentrados en su plaza mayor- necesitan el ejemplo y el impulso de comunidades como la vuestra".
Don Felipe aprovechó su visita a este lugar de la zona central del Principado, donde crecen hayas y robles y se conservan gran número de paneras y hórreos, muchos de ellos centenarios, para destacar cómo las comunidades rurales reducen sus desigualdades con respecto a las urbanas, tanto en educación como en comunicaciones y oportunidades.
"La extensión de la cultura, la generalización de la enseñanza y de una sanidad de alto nivel, los avances científicos, el desarrollo económico y el progreso están llegando -abundó don Felipe- a cada rincón de nuestro país".
Junto a ello, villas, pueblos y aldeas conservan "como un gran privilegio" las ventajas de vivir en el campo, cuyos habitantes, en opinión del Príncipe, "son testigos y protagonistas de algo que nunca se debería perder: el reposado transcurrir de los días, el placer de sentir el ritmo de la naturaleza, la convivencia cotidiana y fraterna con los vecinos, el tiempo que se dilata dulcemente mientras se proyecta en común el futuro".
Como nota anecdótica, el Príncipe interrumpió su discurso al percatarse del desvanecimiento de uno de los miembro del jurado que concede este premio. Su Alteza, después de saludar a los asistentes, se acercó hasta la ambulancia para interesarse por el estado de esa persona, que finalmente no sufrió ninguna consecuencia más que el propio desmayo.
Cuidada preparación
Durante semanas, desde que conocieron que su pueblo es ejemplar, los habitantes de Sariego han preparado con esmero la visita del Príncipe, a quien mostraron sus costumbres ancestrales y contaron cómo y por qué miman su entorno y aman sus tierras, cómo cuidan con esmero los "pumaraes (plantaciones de manzanos), los praos y caseríos", destacó el alcalde.
Don Felipe recorrió a pie las calles de Sariego , estrechando manos y excusando la ausencia de doña Letizia, que se encuentra en el tercer mes de su segundo embarazo, hasta llegar al campo de fútbol de la localidad, donde le fueron mostrados oficios y deportes tradicionales.
Un grupo de mujeres le hicieron una demostración de "esfoyaza" (pelar la mazorca y limpiar el maíz) y otro de hombres le enseñaron a "cabruñar" (afilar) guadañas.
Presenció también la práctica de deportes autóctonos, como las carreras de lecheras, el "tiro al palu", la lucha asturiana o la "corta de tronzón" (madera) en varias de sus modalidades.
Don Felipe no dudó en coger una enorme sierra y, en solitario, enfrentarse a un tronco de madera de gran grosor, gesto que los habitantes de Sariego recompensaron con una ovación.
Antes de regresar a Madrid, el Príncipe de Asturias probó, en una "espicha" (comida popular asturiana), la sidra que producen los manzanos del lugar, y otros productos típicos de la gastronomía local.