Su silueta pegada a la iglesia de los Padres Franciscanos forma parte de la ciudad conocida por varias generaciones de avilesinos. Pero, en dos meses, el perfil de la plaza de Carlos Lobo se transformará para que el edificio más antiguo de Avilés recupere su esplendor.
Será la culminación de un convenio urbanístico firmando entre el Ayuntamiento y el Grupo Proiecto y que también implicó la construcción de un nuevo cenobio para los franciscanos y el futuro Museo de Avilés, aún en obras.
A lo largo de agosto se instaló un andamio en todo el perímetro del edificio. En septiembre, comenzaron los trabajos de demolición contratados a la empresa MC, Conservación y Restauración, especializada en intervenciones en el patrimonio histórico-artístico.
El plazo de ejecución es de seis meses. En los dos primeros se derribará la antigua estructura conventual. Así, en noviembre se podrá contemplar la metamorfosis de la plaza de Carlos Lobo, cuando desaparezca completamente el adosado.
Una vez completada la demolición, durante cuatro meses se rehabilitarán las cubiertas del templo y se construirá un nuevo acceso al ábside de la capilla de Los Alas, monumento del siglo XIV. «Los avilesinos podrán ver una parte de la ciudad que desconocían», comenta Rubén Martínez, arquitecto técnico del Grupo Proiecto y director de la obra. También se recuperarán ante los ojos de la ciudad los contrafuertes de la iglesia.
Al ábside hexagonal de la capilla de Los Alas se llegará a través de un pasadizo de nueva construcción en la parte posterior del templo y con entrada de la calle de Carlos Lobos. Está prevista la realización de un estudio arqueológico sobre ese terreno.
En suma, una pequeña 'revolución' en la ciudad que será posible tras una cuidadosa intervención. «En todos los trabajos en patrimonio hay que ser igual de cuidadosos», explica Víctor Fernández, jefe de obra de MC en esta intervención en Avilés. La tarea no es fácil. Los seis trabajadores trabajan de forma completamente manual, sin utilizar ningún elemento mecánico que dañe al edificio histórico que se pretende recuperar.
«Contamos con operarios especializados en la tarea, tanto en la demolición como en la rehabilitación, saben lo que tienen que hacer», comenta Fernández.
Organización lógica
Con esa premisa, los trabajos se han organizado de una manera lógica. «La demolición se hace de arriba abajo, de dentro hacia fuera y elemento a elemento», resume Rubén Martínez.
Así, en la actualidad, la demolición se centra en la terraza y las plantas superiores del edificio. LA VOZ recorrió la obra, donde se puede ver a los operarios con la maza en la mano, rompiendo paredes y suelos y desescombrando. Salvo algún mueble, no quedan huellas de lo que fuera la actividad franciscana.
«En un día de trabajo normal, podemos generar quince contenedores de escombros», comentó Víctor Fernández. La ausencia de equipos mecánicos disminuye el ruido, aunque no se evitan los golpes en las paredes. «Trabajamos de ocho de la mañana a dos de la tarde. Organizamos los descansos para que coincidan con los horarios de las misas y así interferir lo menos posible en la actividad del convento», explica el jefe de obra. Y es que no se puede olvidar que la iglesia de los Padres Franciscanos sigue abierta a los fieles a diario durante la rehabilitación.
Hasta el momento, el trabajo de demolición no se ha encontrado con ningún sorpresa. «Partimos de un proyecto muy bueno elaborado por los arquitectos Jorge Hevia y Cosme Cuenta. Está muy detallado. El historiador Vidal de la Madrid también aportó una documentación histórica muy completa», subrayan Rubén Martínez y Víctor Fernández.
La documentación detalla la situación actual del edificio y la información les permite conocer de antemano con lo que s encontrarán en el trabajo, según explican ambos.