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«Vendí la finca más barata a Blanco por Hacienda»

GIJÓN

«Vendí la finca más barata a Blanco por Hacienda»

Costales testificó que el arquitecto «se portó bien» con él y su socio, pero negó un compromiso de devolución No supo explicar por qué en 1992 cerró el primer trato a un precio un tercio por debajo del coste de adquisición

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«Vendí la finca a Ovidio Blanco por segunda vez en 2004 a un precio inferior al de mercado -20.434 euros- porque ése fue el precio que me aconsejó mi asesor de cara a la declaración de Hacienda». El testimonio es de Horacio Costales de Arriba, administrador de la desaparecida sociedad Hoyant, quien ayer finalmente testificó en su chalé de Somió ante el juez instructor del caso Blanco, el fiscal y los abogados de las partes personadas en este procedimiento judicial.
El testigo insistió en que esa parcela de 2.491 metros cuadrados en Cabueñes, que por aquel entonces ya se sabía que iba a ser recalificada, fue tasada tan barata para evitar complicaciones fiscales. Además, contradijo la versión dada por los herederos de su socio Antonio Cueto, fallecido en 1999, y negó que existiera un compromiso tácito para devolverle los terrenos al ex arquitecto municipal una vez que éste quedó en excedencia del Ayuntamiento de Gijón. Costales, no obstante, sí manifestó que cuando se presentó la ocasión llamó a Ovidio Blanco para preguntarle si quería volver a comprar la finca, ya que el técnico «se había portado bien» con él y con su socio en 1998.
El testigo dijo sentirse en cierta deuda con Blanco por aceptar vender su parte y permitir que Hoyant reagrupase de nuevo todo el patrimonio adquirido originalmente a la familia Vereterra en Cabueñes. Fue, explicó el empresario, cuando una vez más asesorado por sus abogados decidió presentar un recurso contra la revisión del PGOU de Rañada para que los 25.000 metros cuadrados de La Llosona más la finca segregada en 1992 fueran declarados edificables. Un cambio de calificación sobre el que el único imputado del caso Blanco informaría de forma desfavorable, un tiempo después, en su condición de alto funcionario del servicio municipal de Urbanismo.
Costales también fue interrogado por el magistrado Juan Laborda y los letrados de las partes en relación con el primer trato cerrado con el ex arquitecto municipal en 1992. Sobre esa transacción el testigo dijo tener un recuerdo mucho más vago y difuso, amparándose en su edad (75 años) y en el tiempo transcurrido desde entonces (17 años). En cualquier caso, el ex empleado de banca y tratante de fincas no supo explicar por qué según consta en las escrituras de la época Hoyant vendió la finca segregada de La Llosona a un precio un tercio por debajo del valor al que la había adquirido unos pocos meses antes a la familia Vereterra.
De 4,44 euros a 3,01
Según figura en las escrituras, la sociedad fundada por Costales y Cueto compró La Llosona en diciembre de 1991 un precio de 4,44 euros el metro cuadrado para venderle una parcela desgajada a Blanco y su mujer, sólo tres meses después, a 3,01 euros. Y ello, a pesar de que, supuestamente, la finca segregada debería haberse revalorizado. Al incidirle los abogados de las acciones populares en este aspecto, Costales llegó a «enfadarse» y atribuyó todo «a un posible error en las escrituras de compraventa». En cambio, sí dijo recordar que en el trato de 2004, el que presuntamente se fijó para tributar a Hacienda de la forma más ventajosa, el arquitecto imputado le pagó «con dos cheques».
Respecto a la compraventa original, Costales también contradijo un dato aportado por Ovidio Blanco y su mujer en sus declaraciones del pasado mes de agosto. El testigo dijo que el matrimonio valló su parcela al poco tiempo de adquirirla por primera vez, cuando la pareja testificó que nunca llegaron a cercarla, aunque lo pensaron, por su elevado precio, lo que permitió que unos caballos entrasen en la finca rústica y se comieran las plantas de cerezo que María Piedad, la esposa del arquitecto, había sembrado con mimo.
También ofreció un versión divergente respecto a lo declarado por Ovidio Blanco al referir cuál era su relación de amistad con el técnico. Reconoció que había comido en alguna ocasión con él, pero remarcó que había tenido poco trato con el destinatario recurrente de sus compraventas durante su etapa al frente de Urbanismo. «Coincidía con él en la notaría. «Sólo me pasé por el Ayuntamiento para verle seis o siete veces», aseguró», expuso, para añadir que quien tenía una relación más fluida y profesional con Blanco era precisamente su socio fallecido en 1999, Antonio Cueto, 25 años más joven que él y que «estaba más enterado de las cosas». Cabe recordar en este punto que el ex arquitecto municipal declaró en su testimonio del pasado 5 de agosto que antes de cada transacción siempre había negociado con Costales y que hasta casi el final no conoció a Cueto.
En zapatillas y con barba
Respecto a la operación final con Reyal Urbis, con la que en 2006 Hoyant obtuvo unos beneficios 5,7 millones de euros y Blanco 600.000 euros, Costales sí reconoció que ejerció de «portavoz» para negociar con los promotores del plan parcial de Cabueñes, que curiosamente en este momento se encuentran renegociando su deuda y a punto de entrar en proceso concursal. Dijo que negoció tanto lo suyo como lo del arquitecto.
Horacio Costales fue interrogado durante dos horas y media en el salón de su chalé, por indicación del forense de los juzgados, para evitar una nueva crisis de ansiedad como la que le impidió acudir a los juzgados en agosto. El testigo se presentó ante el juez en zapatillas y sin afeitar. En un momento de las diligencias pidió a su hija que le trajera una pastilla, que se tomó con el vaso de agua que tenía preparado al efecto.
El abogado defensor de Ovidio Blanco, el penalista ovetense Luis Tuero, aseguró que el testimonio de Costales fue «esclarecedor de la inocencia» de su cliente. En cambio, para los letrados de la Plataforma de Cabueñes y el PP la sesión fue «totalmente reveladora del trato de favor a Blanco, al venderle siempre la finca a precio más barato». «Incurrió en continuas contradicciones, mostró una memoria muy selectiva y quiso 'cargarle' a su socio fallecido las negociaciones con el arquitecto», concluyeron.
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«Vendí la finca más barata a Blanco por Hacienda»
El fiscal Luis Miguel Llorente, una auxiliar, la secretaria judicial y el juez instructor Juan Laborda. / J. BILBAO
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Luis Tuero (defensa) y Manuel Infanzón (acusación particular) entran en la propiedad en último lugar. / J. BILBAO
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