La grafología ha hecho cameos y apariciones estelares en series, películas y programas de televisión.
A eso se limita el conocimiento de la mayoría. Pero Manuel J. Moreno acercó ayer a los asistentes a su charla en el Aula de Cultura de EL COMERCIO al estudio analítico del grafismo, «de la escritura manuscrita, la firma, los garabatos, los dibujos e, incluso, el diseño gráfico». Moreno es psicólogo, grafoanalista y perito calígrafo ante los tribunales de Justicia, profesor en el máster en grafística, grafopatología y grafología forense que se imparte en la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente del Instituto de Grafología Analítica con sede en Gijón.
Bajo estos credenciales, explicó que la grafología pone en evidencia de una manera inequívoca que la manera de escribir de una persona es única y característica. Y «no sólo en el sentido material, porque se pueda identificar si la firma o la escritura es de una persona u otra; también en el sentido psicológico, porque la manera de ser condiciona la escritura que se tiene».
Así, defendió, la escritura es una expresión, «una escenificación de la personalidad». Y, por supuesto, del carácter, el temperamento y la manera de cada uno de entender el mundo.
De ahí que la pericia caligráfica suene cada vez más en las crónicas de los procesos judiciales como la principal rama de la grafología forense. Ésta se aplica «para identificar firmas o escrituras, signo de controversia judicial. Es un peritaje más, como los psiquiátricos o los arquitectónicos». Y, por lo tanto, su consideración en un juicio es la misma.
Son muchos los casos que han necesitado de esta rama para su resolución. Entre los históricos, recuerda Moreno, el caso Dreyfus: capitán del ejército francés acusado injustamente de espionaje, a quien la acusación atribuía la autoría de una carta enviada a la embajada alemana.
No hace falta echar tanto la vista atrás. El mensaje escrito con barra de labios en el espejo del armario del peluquero de Avilés, asesinado en 1999, fue también de importancia capital en la investigación, «aunque en este caso -recuerda el grafólogo-, hubo controversia entre los peritos».
«Hay muchos casos cotidianos y habituales que se resuelven gracias a la grafología», aseguró. Quizá, porque la manera de escribir «está controlada por automatismos inconscientes, que escapan al control de quien escribe».