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Buenos tiempos para la avellana

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Buenos tiempos para la avellana

Los cosecheros destacan «la buena calidad» del fruto del que ayer se pusieron a la venta 7.000 kilos en el festival de Infiesto

05.10.09 -
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Si hubiera un relevo generacional para luchar por la supervivencia de este producto tan arraigado en Piloña, los tiempos no podrían ser mejores para la avellana. Por el momento, son sólo buenos porque los que aún conservan la tradición de recolectar lo hacen con mimo y el resultado, es así el esperado. «Ha habido una cosecha inferior a otros años, pero la calidad es muy buena en general». Era la opinión más generalizada ayer entre los 82 cosecheros que formaban el 38 Festival de la Avellana de Infiesto que, un año más, volvió a batir récords de visitas.
A cinco euros el kilo fueron saliendo al mercado los 7.000 totales que trajeron recolectores de Piloña, Caso y otros concejos limítrofes. Las ventas, coincidían de nuevo, «no están siendo muy buenas» pero compensa tal vez que «la mayoría se venden en casa a clientes habituales que vienen cada año». Lo decía Manuel García González. Un recolector de Pintueles a quien le reconocieron en un premio creado este mismo año por el gobierno local: el Mantenimiento de las Plantaciones. Su secreto es «el cuidado» de las 30 plantas que tiene en una finca «muy bien arregladas, muy bien podadas y con mucha limpieza entre cada una», asegura el piloñés. Junto a su mujer, Matilde Álvarez, Manuel se confiesa «buen comedor de ablanas» y, para muestra, enseña un suelo lleno de cáscaras -y eso que sólo eran las once de la mañana-. Pero, ¿dentro de 20 años quién se ocupará de estas plantaciones?, le preguntan. «Pues nadie porque los jóvenes no quieren trabajar en esto», asegura resignado. Como si ya supiera que esta tradición fuera a terminarse porque, realmente, «es muy complicado vivir de la recolección, esto es simplemente un complemento al sustento familiar». Esta reflexión la hacía uno de los miembros del jurado que determinó qué lote de avellanas era el de más calidad, José María Prendes. «El fruto tiene que estar aireado y tiene que darle el sol, las podas y los abonos son muy importantes y el cuidado en general de la planta es fundamental», explicaba minutos antes de sentarte ante las avellanas que tenía que calificar junto a Juan Carlos García Rubio, técnico del SERIDA, y Pedro Muntañola, miembro de la Consejería de Medio Rural.
Y juntos decidieron dar el premio a Evaristo Luis Peláez. A juicio del jurado, su cosecha fue este año la mejor de todo el certamen porque las avellanas que recolectó cumplían las características básicas: «un color marrón claro, redondeadas, sin malformaciones, con un proceso de secado justo y un grano sin arrugas que llena toda la cáscara».
Esas son las líneas fundamentales que deben cumplir pero, ¿siempre es posible? Dice Prendes que las circunstancias se dan así cuando el cuidado de la plantación es el adecuado. Sin embargo, no todos los cosecheros que ayer se hacían hueco en Infiesto tienen una plantación como tal, algunos, la mayoría de hecho, simplemente poseen avellanos que aprovechan para apañar en la época correspondiente y poder vender el fruto más tarde.
Repostería
Pero la avellana da para más. Cuentan que «tradicionalmente el hombre recogía la avellana para venderla, y la mujer para hacer repostería con ella porque da mucho juego en la cocina». Y es cierto en parte. Un total de 13 personas optaron al premio de esta categoría con deliciosos postres, pero fue un hombre quien conquistó el paladar del jurado, José Manuel Canto. «Son unos postres muy buenos» y también muy saludables. Aunque hay a quien la avellana le gusta en crudo. Como a Cristian Marcos Crespo, que este año fue el cosechero más joven del certamen. El joven, natural de Les Cueves, «donde soy el único crío», decía él riendo, tiene tan sólo 7 años y ayer se pasó el día detrás de su puesto, en el que se vendieron 100 kilos de avellanas.
Dice el chaval que de mayor tiene pensado «seguir apañándolas» porque es una tradición familiar «y porque me gusta esto». Y tradición sí es porque a su madre, Yolanda Crespo, le dieron el mismo premio «cuando yo tenía 17 años», recuerda ella. Dicen que su familia «lleva viniendo al certamen 28 años» y ellos van a continuar la costumbre que les enseñaron «en casa desde pequeños».
Contrasta con Cristian el cosechero de más edad que también recibió un premio por ello. Su nombre es César Tolivia y su edad alcanza ya los 86 años. César, además de éste, recibió un honroso cuarto puesto en la categoría de mantenimiento de las plantaciones porque, desde bien pequeño, este vecino de Valle aprendió a cultivar, cuidar y curar las avellanas.
Relevo generacional
Son el ayer y el hoy del fruto piloñés por excelencia para el que el alcalde, Camilo Montes, augura buenos tiempos si el relevo generacional ayuda a ello. Su intención, dijo el regidor socialista, «es continuar con esta tradición» porque, a su juicio, «es el fruto de nuestro bosque con un alto valor sentimental».
Y no hay certamen sin pregón. Este año fue el turno del primer alcalde en Democracia de Piloña, Gilberto Espina. Él obvió los elogios al fruto protagonista y prefirió repasar su periplo en la política destacando, entre todo, que los 17 concejales de UCD, PSOE y PC que formaban la corporación de una Piloña de 10.642 habitantes por entonces eran «17 amigos». La política, ya no es lo que era.
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