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El sueño de Ochoa se hace mayor

Sociedad

El sueño de Ochoa se hace mayor

<strong>Mañana se cumplen 50 años de la concesión del Premio Nobel </strong><strong>al científico asturiano</strong>, que puso las bases del Centro de Biología Molecular que lleva su nombre y en el que trabajan 700 personas

14.10.09 -
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Mañana se cumple medio siglo de aquel día en el que el nombre de Severo Ochoa resonó por todo el mundo como flamante Nobel de Medicina. Hoy ese nombre bautiza a un centro puntero en España en biología molecular. Las aproximadamente setecientas personas que investigan en el nuevo edificio inaugurado en 2008 en la Universidad Autónoma de Madrid gestionan su mejor legado. Porque si España ocupa un puesto más que honroso a nivel mundial en biomedicina y biología molecular -entre los diez primeros cuando en inversión la posición es mucho más rezagada- es porque Severo Ochoa -y otros científicos como Federico Mayor, Eladio Viñuela, David Vázquez y Antonio García Bellido- pusieron un empeño infinito en que así fuera. Si hoy becarios, posdoctorales e investigadores senior buscan los porqués al alzhéimer y el párkinson, el virus del sida o cómo se desarrolla el ser humano es gracias a una tenacidad que hoy todos recuerdan.
«Severo Ochoa ha sido fundamental en el desarrollo de la biología molecular y la biomedicina en España, a finales de los sesenta empezó a incrementar los contactos con bioquímicos españoles de entonces para potenciar la sabiduría científica», rememora Manuel Fresno, director del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO). Empezó en aquellos años a pensar el luarqués en crear un centro de investigación de élite en el que se concentraran los trabajos entonces dispersos. Y, por fin, en 1975, con la Universidad Autónoma de Madrid como anfitriona, los entonces Príncipes don Juan Carlos y doña Sofía inauguraban un centro mixto -Universidad y Consejo Superior de Investigaciones Científicas- que en 1977 estaba plenamente operativo. Entonces ya tenía Ochoa su propio grupo de investigación, aunque no fue hasta enero de 1986 cuando se incorporó al centro -del que fue director honorario hasta su muerte- definitivamente: «La existencia del CBMSO y la presencia de mis discípulos me ayudaron a tomar la decisión de regresar a España al cumplir los ochenta años. Me enorgullece decir que el centro fue mi gran sueño. Gracias a él, a sus científicos y a todo su personal, ya no se puede decir que no existe investigación en España». Son palabras de Severo Ochoa, que posiblemente desplegaría una sonrisa feliz al ver las nuevas instalaciones inauguradas el pasado año cuando, después de 30 años en la Facultad de Ciencias, el centro obtuvo la independencia.
Severo Ochoa sonreiría también y puede que hasta brindara con un dry martini en la mano al saber que el centro que dio sus primeros pasos con cuatro grupos de investigación tiene hoy setenta, que dos de sus discípulos, Margarita Salas y César de Haro, continúan trabajando duro en sus paredes, y que de ellas han salido dos Premios Príncipe de Asturias, Antonio García Bellido y, hace sólo un par de años, Ginés Morata. Incluso, cincuenta años después del Nobel, algunos de esos grupos de trabajo prosiguen en cierto modo sus investigaciones en materia genética.
Relata Manuel Fresno, el director, que los trabajos que realiza el CBMSO siempre buscan ir más allá de la investigación básica, que se pretende encontrarle a todo aplicaciones prácticas. Y, de hecho, el centro genera patentes, ha desarrollado vacunas e incluso de él han salido varias 'spin off', empresas creadas a raíz de algún trabajo para poder poner en el mercado algún producto novedoso, como reactivos para el diagnóstico de enfermedades u otro tipo de productos utilizados en medicina forense.
Cinco departamentos
Con ese objetivo claro, los trabajos que se desarrollan son variados dentro de cinco departamentos. Por ejemplo, dentro del área de neurobiología molecular, se trata de conocer cómo funcionan las células nerviosas, qué pasa y cómo interaccionan las moléculas implicadas en la transmisión del dolor, en el envejecimiento, en los problemas de párkinson y al alzhéimer y en otras muchas enfermedades hereditarias.
Claro que el centro también alberga un departamento de microbiología y virología, en el que los científicos estudian virus como el sida y otros veterinarios, como el que provoca la fiebre aftosa. El que no tiene espacio en las dependencias de la Autónoma en este momento es el más famoso de todos los virus en este momento, el de la gripe A. Sí hay, en cambio, estudios relacionados con las bacterías, y más concretamente con el ribosoma. Y se trabaja en nuevas técnicas para diagnosticar enfermedades infecciosas.
Relata Manuel Fresno cómo otra de sus áreas de conocimiento es la de la biología del desarrollo. En él trabajan precisamente los dos Premios Príncipe de Asturias que ha dado el centro, Ginés Morata y Antonio García Bellido. «Están trabajando en el desarrollo del ser humano», dice, y explica después que se busca conocer cómo nos formamos, cómo a partir de una célula acabamos siendo lo que somos. Es éste el departamento grande del centro y sus trabajos con la mosca del vinagre son sobradamente conocidos.
La biología celular y la inmunología están también presentes a través de varios grupos, que indagan en el conocimiento del sistema inmune, algo que resulta fundamental para el control de distintas enfermedades. Males como la artitris y otros de origen inflamatorio, la arterioesclerosis, el infarto de miocardio son también objeto de algunos estudios, como lo es el cáncer, aunque, tal y como explica Manuel Fresno, su contribución en materia de tumores es minoritaria. Y es que para eso ya existe un centro nacional dedicado en exclusiva al cáncer. En todo caso, el CBMSO tiene un carácter multidisciplinar desde su creación que le permite investigar un buen número de patologías que afectan a la población.
También se lleva a cabo investigaciones relacionadas con la información genética, para conocer cómo se regula y modula toda esa información y cómo interacciona con el ambiente.
Manuel Fresno, que conoció a Ochoa en aquellos primeros años del Centro de Biología Molecular, sabe que las cosas han cambiado mucho en más de treinta años de historia, y que eso al Nobel de Luarca que emigró a Estados Unidos para investigar le haría feliz: «Don Severo estaría encantado si hubiera visto cómo hemos crecido. Lo que menos le gustaba es que estábamos en la Facultad de Ciencias, en dos módulos diferentes, y él siempre había luchado por un edificio independiente. Estaría feliz de ver cómo su semilla ha germinado en la ciencia española», asegura. Lo estaría pese a que también en el Centro de Biología Molecular se anuncian recortes presupuestarios. Dice su director que, en principio, se mantendrán los grupos de trabajo actuales y disminuirá el dinero para mantenimiento. Lo que quiere decir que si un microscopio se estropea o se ha quedado obsoleto, no habrá dinero para comprar otro. Y eso no le hubiera gustado nada a don Severo.
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