En el Ateneo de Madrid, en el mismo lugar en el que, durante la primavera de 1884, se convertía en la primera mujer que tomaba la palabra, volvía ayer a ser recordada Rosario Acuña (1850-1923). Su obra, su pensamiento y su incansable labor en favor de la igualdad de las mujeres recuperaron vigencia en la voz de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, a quien correspondió presentar las obras completas de esta pensadora, poeta, narradora y luchadora madrileña de vocación asturiana. que hoy aún recuerda en Gijón su casa mirando al mar desde la Providencia. Reunida por el también escritor asturiano José Bolado en cinco volúmenes, compone un trabajo editorial que fue calificado por la ministra de «imprescindible para revelarnos su vida y su obra». Una vida y una obra, dijo Aído, en la que «bordó todos los géneros, dejando constancia de su lucha contra una sociedad hipócrita».
Rosario Acuña, que fue perseguida por la intolerancia de la España de finales de siglo XIX y principios del XX (de hecho hubo de salir del país), no sólo es la autora de ensayos y escritos políticos y sociales, como muchos creían antes de que Bolado pusiera en circulación los primeros dos volúmenes de estas obras completas. En su legado destacan también la poesía, a la que el autor gijonés dedica sus mejores palabras, la prosa en relatos y cuentos infantiles y el teatro, «que ha cobrado mucha relevancia en los últimos años».
Según Bolado, Hispanistas ingleses, norteamericanos e, incluso, neozelandeses, están considerando la obra teatral de Acuña como un legado moderno y «se sorprenden del olvido en el que ha estado durante tanto tiempo».
Realidad y ficción
A la obra literaria se unen también las cartas de su vida, así como los múltiples artículos que llegó a firmar y que en la obra de Bolado se compendian en dos volúmenes.
En la presentación del Ateneo de Madrid, a la que acudió la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, y el delegado de Asturias en Madrid, Miguel Munárriz, se recordó que Acuña «tiene la misma voluntad de los autores del siglo XVIII que gustaban de observar y sobre lo que observaban escribían. De hecho», añade Bolado, «es difícil distinguir en su obra las referencias reales de la ficción absoluta».