Prometió hace casi cuatro años que iba a devolver a Gijón «una basílica en condiciones, resplandeciente y brillante» y está a punto de cumplir esa promesa. El rector de la Iglesiona, Julián Herrojo, ha iniciado ya la cuenta atrás para la reapertura del emblemático templo gijonés. Será antes del 15 de diciembre y se celebrará por todo lo alto con una misa cantada por un grupo de música sacra de prestigio internacional y que se espera que esté presidida por el nuevo nuncio del Vaticano en España, monseñor Renzo Fratini.
El resultado de los trabajos de restauración integral es espectacular y la diócesis asturiana espera un peregrinaje de miles de personas en cuanto regresen los cultos. Por ese motivo, Herrojo quiere, una vez que pase la reinauguración, organizar como mínimo «una semana de puertas abiertas» para que gijoneses y foráneos puedan recrearse en los muchos arreglos y mejoras realizados. Para que la gente pueda exclamar, hablar y comentar a su libre albedrío sin interferir en el recogimiento de los oficios religiosos.
Hay elementos en los que los efectos beneficiosos de las restauración brillan por encima del resto. Por ejemplo, en las columnas de la Iglesiona, que parecen pintadas de blanco, cuando lo que se ha hecho simplemente es limpiar la piedra. O en la primera de las cúpulas, que ha sido repuesta del todo para hacer desaparecer los daños de un fuego que en 1930, en época de la dictadura de Primo de Rivera, se llevó por delante el coro, el órgano y las vidrieras. La magnitud de la cura de las heridas que el paso del tiempo había dejado en la arquitectura del templo ha sido acorde con el tamaño del paciente. Se ha ido encadenando actuación tras actuación y presupuesto tras presupuesto. Y en el capítulo financiero, las obras de rehabilitación de la Iglesiona dejarán finalmente en las arcas diocesanas una deuda de 150.000 euros (25 millones de pesetas).
El rector asume con resignación esta circunstancia y espera no tener que acudir a nuevos créditos bancarios para saldar ese volumen de impagados con las empresas que han participado en los trabajos. De hecho, Herrojo confía aún en que «se obre un milagro» en forma de donativos. Cuando se celebren las jornadas de puertas abiertas en la basílica del Sagrado Corazón de Jesús no se cobrará entrada, pero sí se dejará un cepillo cuya recaudación irá destinada íntegramente a hacer frente a ese endeudamiento.
Fallido 1% Cultural
Herrojo ha tenido que hacer desde el principio auténticos malabarismos económicos para sacar adelante este ambicioso proyecto. Contaba con disponer de fondos del 1% Cultural que le fueron denegados a la Iglesiona y al final tuvo que fiarlo todo a un convenio a tres bandas entre Principado, Ayuntamiento y Arzobispado de Oviedo por un importe de 1.377.000 euros. Con ese dinero básicamente se resolvieron los graves problemas de cimentación, se sellaron las grietas interiores y se cambió todo el tejado. Sin embargo, las obras contratadas a la firma Geocisa generaron en 2006 un desfase presupuestario de 600.000 euros, un sobrecoste que obligaron al ecónomo diocesano y al propio rector a renegociar duramente con la empresa y recortar gastos de otras partidas más accesorias.
Posteriormente, Julián Herrojo llamó a las puertas de un mecenas privado para financiar el trabajo de restauración pictórica interior, que en principio no estaba en el guión. Este extra se materializó con la ayuda de la Fundación Caja Madrid, fue ejecutado por la UTE formada por la firma gijonesa Artes Demol y la burgalesa Batea Restauraciones, y supuso casi otro medio millón de euros.
Por último, el rectorado tuvo que adjudicar aparte los trabajos de limpieza de la fachada principal y el sellado de la grieta exterior, tareas que se encomendaron a Construcciones VIR con un importe de 160.000 euros.
«Trabajo a contrarreloj»
La generosidad de los feligreses ha sido una constante desde que se pusieron en marcha estas obras de restauración. Herrojo pidió a los fieles 100.000 euros para sufragar una parte de la restauración de los murales y éstos ya han aportado hasta el momento 320.000 en donativos.
Sea como fuere, la Iglesiona afronta «a contrarreloj» en estos momentos los últimos trabajos que la separan de su reencuentro con la ciudad. Un grupo de voluntarios acude todas las tardes para ayudar en la medida de sus posibilidades, certifica Herrojo.
También queda por rematar la limpieza de los materiales artísticos de madera (las tallas en los púlpitos, los retablos e imágenes del presbiterio) y queda por conectar el motor en la nueva verja que da acceso al pórtico de la basílica. Falta, asimismo, colocar todo el zócalo de madera, que está barnizándose y la próxima semana estará listo.
Aparte de eso, resta por recolocar los radiadores de calefacción, limpiar y pulir el suelo y restituir los bancos y confesionarios. El polvo, pronostica el rector, «será el mayor problema durante los próximos meses» como consecuencia de las labores realizadas en el interior.
Sin rampa de acceso
En el pórtico también se están ultimando las tareas de restauración. Decapando el barni z de la puerta principal y reponiendo las piezas rotas del pavimento. Finalmente, no será posible la instalación de una rampa de acceso para personas discapacitadas. La verja que da acceso al templo hace inviable dicha solución, aseguró Julián Herrojo. Lo que sí se pondrán, no obstante, serán pasamanos a izquierda y derecha del pórtico.
Ya en el terreno de lo anecdótico, hay que destacar el hallazgo de una pintura mural de los hermanos Immenkmap de la que se desconocía su existencia. Ha aparecido detrás de un retablo de Cristo crucificado (de 1945) y representa un coro de ángeles y el rostro del Padre Eterno, el mismo que preside la escena del triunfo de los justos en el ábside del templo.
Asimismo, se ha recuperado una vidriera con forma de rosetón en la zona del pórtico al retirar la cruz de la Victoria de madera que la tapaba.
Habrá pequeños detalles que se dejarán para después de la reapertura de la basílica. Uno de ellos será el restablecimiento de la organería, de cuya limpieza se está encargando una firma radicada en Vizcaya, aunque con raíces asturianas, llamada Del Campo y Turanzas. Ese trabajo llevará entre cuatro y cinco meses. Sin embargo, para la reinauguración del Sagrado Corazón de Jesús sí estará en su sitio todas la fachada de tubos del órgano.