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La otra cara de la piedra

Oviedo

La otra cara de la piedra

25.10.09 -
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Es la una de la tarde del jueves y un vigilante de seguridad uniformado supervisa el manejo de 1.500 kilos de explosivo en la segunda bancada de una zona de extracción de canteras La Belonga, en Cellagú. Un equipo especializado perfora a 20 metros de profundidad, introduce el material, se aleja, detona y «Puummm». La explosión suena durante un segundo y permite arrancar más de 15.000 toneladas de piedra a la montaña. Al día siguiente, las excavadoras cargan el árido, lo trasladan a la planta de demolición y los camiones lo distribuyen por la región. Sale a venta a unos siete euros de media por tonelada.
En Oviedo hay ocho explotaciones de este tipo, con más de 250 hectáreas autorizadas, según el registro de la Consejería de Industria y Empleo. Su concentración se debe a que es una de las partes de Asturias con mayor masa caliza y sobre todo, tiene una estratégica ubicación geográfica. Anieves, Brañes, Cellagú, El Naranco, Santa Marina de Piedramuelle y Tudela Veguín aparecen en el mapa de esta industria, siempre atacada por dos frentes. Por un lado los vecinos, que se quejan del ruido, el polvo y la suciedad; y por otro, los ecologistas, que aprovechan cualquier tramitación, como el proceso de ampliación iniciado ahora por tres de las minas, para denunciar el daño medio ambiental.
Los empresarios del sector, cuya participación en los medios de comunicación suele ser menor, no están de acuerdo con la imagen tan negativa que les atribuyen. «Es un mundo muy desconocido y se habla desde el desconocimiento. La gente no se suele quejar por un polígono industrial, ¿por qué la cantera tiene una imagen peor? Quizá los culpables seamos nosotros por no hacer ver que es una industria necesaria», lamenta Alberto Fernández desde el despacho situado a la entrada de cantera de Cellagú, de la que salen y entran camiones con bastante frecuencia.
Este ingeniero de Minas, director facultativo de La Belonga S. A., entiende la sensibilización social por la extracción y que haya preocupaciones medioambientales. «Probablemente a nadie le apetecer vivir al lado de una cantera, pero nadie tiene razón al 100%», dice antes de dar un argumento de peso para equilibrar posiciones: «Después del agua, la segunda materia más consumida por el hombre es el árido. Si sobramos, a ver con qué hacemos las carreteras, los hospitales y las casas». Es decir, sin piedra, una región se estancaría. Tampoco tendría edificios históricos de los que ahora presume, como los monumentos prerrománicos o la catedral de San Salvador, continúa.
Otras opciones
La Belonga, con 50 hectáreas autorizadas y más de veinte trabajadores directos, produjo 1,2 millones de toneladas de áridos el año pasado, la mayor después de los 1,5 de la cementera de Tudela Veguín. La actual empresa, creada en 1978, suministra para la construcción de un tramo de los túneles de Pajares y autovías. «El sector tuvo un empujón muy grande con las autovía del Cantábrico, pero ahora este tipo de movimientos irá a menos», reflexiona. La crisis les va a pasar factura. En cualquier caso, el árido también se destina a la desulfuración de centrales térmicas, el calado de montes y productos cotidianos, como la pasta de dientes, el azúcar y los piensos.
Además de defender su necesidad y la estabilidad y formación de la plantilla (en La Belonga son 22 empleados), el ingeniero subraya que las canteras de áridos de la región son respetuosas con el medio ambiente, - «aquí hemos plantado más de 5.000 árboles», pone de ejemplo-; con los vecinos - «tratamos de estar en concordia con ellos y hemos arreglado algunas infraestructuras, como una carretera», asegura-; y con una normativa cada vez más estricta. Hacen continuos estudios de ruido y polvo para intentar reducir sus emisiones, mermadas ya con la instalación de aislantes, balsas de decantación y otras medidas aún más simples, como pasar por agua las ruedas de los camiones para no manchar las carreteras de la zona. Ahora están realizando un estudio para intentar limitar aún más las molestias. En cualquier caso, recuerda Fernández, «el árido es un material inerte, mancha pero no contamina».
Control público
La Administración también les vigila. «Estamos permanentemente controlados por la Dirección General de Minas. Nos visitan, como mínimo, una vez al año para controlar que es cierto el plan de labores que presentamos», garantiza para eliminar cualquier duda de su gestión.
Para abrir una planta, se necesitan varias autorizaciones. Primero para investigar el material y hacerse con el control de una zona. Luego, deben de presentar estudios de impacto ambiental, planes de explotación y de restauración. «Hay que depositar un aval por cada metro a explotar», explica. Así, el Principado se garantiza que, en caso de que el empresario abandone la cantera sin realizar medidas de recuperación, dispone de dinero para hacerlo.
Además de tapar la piedra con verde, Fernández explica que se están dando otros usos a las viejas canteras, como espacios deportivos (en la antigua cantera de La Belonga está la abandonada galería de tiro municipal). Como recuerda, la reserva natural de Las Médulas (El Bierzo, León) y el parque natural de Cabárceno (Cantabria) fueron antiguas explotaciones mineras.
Desde Industria también insisten en el control y recuerdan que, durante un congreso celebrado a principios de octubre en Valencia, se reconoció a Asturias «como referente nacional en materia de planificación y ordenación minera, especialmente en las competencias medioambiental, urbanística y de protección de patrimonio cultural». Aun así, las molestias que genera el sector probablemente continúen provocando malestar.
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La voladura require fuertes medidas de seguridad./ J. D.
La otra cara de la piedra
Se coloca en una perforación en la roca. / JESÚS DÍAZ La voladura require fuertes medidas de seguridad./ J. D.
La otra cara de la piedra
Los 1.500 kilogramos de explosivo arrancan 15.000 toneladas de piedra que ruedan hasta la campa de la cantera. / JESÚS DÍAZ
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La carga colocada en el punto preciso fractura la roca. / JESÚS DÍAZ


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