«Vi lo que le dije a la Guardia Civil, lo mismo que salió publicado». Así de rotundo se mostraba ayer en una conversación telefónica con este periódico P. S., el vecino de Cancienes que encontró el pasado martes a una mujer maniatada y amordazada en Solís.
El hombre ha pasado las últimas horas en casa de un familiar, con el objetivo de evitar el acoso mediático en su domicilio de Cancienes, donde continúa su esposa. No obstante, P. S. quiso dejar claro ayer que ese es el único motivo de su trasladado, «porque si estuviera mal de salud mi mujer estaría conmigo». Su principal preocupación en la conversación que mantuvo con LA VOZ era «que se rectifique lo que se dijo en otros medios sobre mi salud. No soy un atleta de élite, pero camino 20 kilómetros todos los días y hago una hora de gimnasia de mantenimiento». La única alteración que ha sufrido en los últimos días es como consecuencia del susto que se llevó al encontrar a la mujer en el alto de La Cruciada. «Está intranquilo, pero sólo por eso», según explicaba ayer un familiar cercano.
P. S. realizó esa puntualización para desmentir algunas informaciones en las que se había comentado que tuvo que ser atendido en el hospital tras el suceso del pasado martes. «Eso es falso», dijo. Además, también matizó que su declaración en el cuartel de la Guardia Civil no estuvo condicionada por un estado de ansiedad o nerviosismo. «Ni la Guardia Civil ni nadie puede decir nada de ansiedad. Estuve una hora sentado en el cuartel y estuve tan tranquilo», añadió.
Pocas ganas de recordar
El vecino de Cancienes no quiso recordar los detalles sobre lo que sucedió el martes en La Cruciada. «Fue lo que pusisteis, no quiero decir nada más», respondió a este periódico después de volver a dejar claro que «me alejé de casa para no ver a la prensa delante, simplemente por eso».
P. S. declaró ante la Benemérita que llegó a la pista forestal el pasado martes pasadas las 16.30 horas. Después de abandonar la carretera y tomar el camino que conduce a las inmediaciones de la cantera de Solís, observó la presencia de una mujer en el suelo con las manos atadas a la espalda y una mordaza en la boca. La Guardia Civil asegura que en este punto su declaración fue imprecisa, ya que el vecino de Cancienes llegó a afirmar que llevaba unos tacones de grandes dimensiones, que le parecía una mujer pero que no alcanzaba a saber si podía ser un hombre. Además, también relató que había un vehículo en las inmediaciones, sin aportar más detalles concretos sobre sus características.
Tras el avistamiento, se asustó y dio la vuelta sobre sus pasos rápidamente para caminar cuesta abajo hasta la vivienda de su hermano, a quien le contó lo sucedido antes de que ambos decidiesen llamar a la Guardia Civil.
Al llegar los agentes junto al vecino al lugar de los hechos, P. S. comprobó atónito que allí no había nadie, aunque en la investigación posterior se recogieron dos trozos de cordón de zapato, además de muestras de las huellas de unos tacones.
El vecino de Solís abandonó la zona, regresó a casa de su hermano y acudió después a declarar al cuartel de la Guardia Civil de Cancienes. Desde entonces nadie del instituto armado se ha puesto en contacto con él, ni para ampliar su declaración, ni para informarle sobre el estado de las investigaciones.
Mientras, la zona de La Cruciada se llenaba de agentes de la policía judicial de la Guardia Civil, que después de tres horas abandonaron el lugar. En ese momento, vecinos de la zona observaron que salían del monte junto a una mujer, vestida de calle y con tacones, que no podía caminar e iba apoyada en dos agentes. La Guardia Civil asegura que se trata de una policía, sin ofrecer más explicaciones sobre la coincidencia.
Por otro lado, la policía judicial continúa investigando el extraño suceso que trae en vilo a la población de Cancienes y Solís en las últimas horas. LA VOZ se puso ayer en contacto con el gabinete de prensa de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, desde donde se respondió con un simple «no» a la pregunta de si se había producido algún avance en el caso.