Hace apenas dos meses que los cazadores han vuelto a coger los rifles y las escopetas y los números indican que en los catorce espacios cinegéticos de la comarca oriental asturiana se han abatido 1.059 piezas: 679 jabalíes, 304 corzos, 66 venados, ocho gamos y dos rebecos. La primera reflexión permite comprobar un aumento constante de la población de la fauna objeto del deseo cinegético, a pesar de que cada temporada se vienen superando los registros en las capturas.
No hay motivo para la alarma porque la situación es igual en toda Europa y aunque la comarca se encuentra relativamente lejos de Alemania, merece la pena resaltar que en el interior de la ciudad de Berlín ya viven 10.000 jabalíes. De hecho, en la capital alemana todos los años se autoriza la matanza de más de 3.000 gorrinos, pero los suidos continúan siendo avistados en las proximidades de la céntrica Alexander Platz, se presentan a las puertas de los supermercados, revuelven entre la basura próxima a los domicilios y hasta levantan el césped del campo de fútbol del Herta.
En Llanes, Piloña, Ribadedeva, Colunga, Cangas de Onís o Ribadesella, los vecinos detectan la presencia de cerdos salvajes en lugares en los que hace 20 años era impensable.
Y se escuchan opiniones para todos los gustos. Para los agricultores se trata de una plaga; para los vecinos de un sobresalto; los cazadores hablan de una población en gran desarrollo y los detractores de los cazadores ponen el grito en el cielo al contemplar un remolque, frente a un restaurante o a la orilla de una carretera, cargado con dos, tres, cuatro o cinco verracos abatidos.
Paz y comida
Aseguran los expertos que para que se den las condiciones de superpoblación en una especie es necesario que exista paz, comida y una alta tasa de natalidad. Para los verracos la paz es relativa en la comarca, la comida abundante y los partos son evidentes y exitosos porque las hembras de jabalí acostumbran a presentarse seguidas del fruto de dos lechigadas anuales.
Y ¿cuáles son las causas y razones del extraordinario aumento de la población de cerdos salvajes? Las respuestas a la pregunta son variadas y repetitivas: la eliminación de predadores naturales, el abandono del campo por parte del hombre, la alta tasa reproductiva del suido, el cambio climático y la proliferación de nuevas formas de alimento. Piensan algunos cazadores que el número de ecologistas va en aumento constante y nadie propone soluciones para mantener un equilibrio. Ellos acuden al monte, generan riqueza y tratan de poner orden en la naturaleza.