Chapín propiciará el domingo un doble reencuentro. El de Gerard con el Xerez y el del fornido Míchel, que llegó cedido a Mareo cuando Villa comenzaba a asentarse con el primer equipo, con el Sporting. Será un día de esos en el que la cabeza se inunda de viejas sensaciones, de tardes de fútbol pasadas, aires de nostalgia... Sentimientos que se esfumarán con el silbato de Mateu Lahoz y la primera posesión de balón.
Quizás el paso del delantero madrileño por Gijón, donde sólo estuvo una temporada hace siete años, fue más efímero que el de Gerard por Jerez de la Frontera, aunque Míchel explicaba ayer que «siempre noto un cosquilleo especial cuando me enfrento al Sporting porque tengo grandes recuerdos del año que pasé allí y dejé muchos amigos». Eran otros tiempos. Menos agradecidos. Y en los que la tormenta se empezaba a atisbar.
Lo que hay entre Gerard y el Xerez viene de mucho más tiempo. Cinco largos años estuvo el defensa de Manlleu en la ciudad gaditana, por lo que es una voz más que acreditada para ahondar en las entrañas del club más novato de la categoría -éste es su primer año en Primera-: «Es un equipo que se parece mucho al que había cuando yo estaba allí, muy armado, aunque no ha tenido mucha suerte. Tiene muchas virtudes y es complicado ganarle».
Hace tres veranos, la inestabilidad -derivada de una mala gestión- que lastraba todos los movimientos del club provocó la salida del futbolista catalán. Se fue en busca de unos horizontes más tranquilos hacia Gijón. «Pasé momentos muy buenos, algunos mejores que otros, porque es un club un poco especial y hay que saber evadirse muchas veces de los problemas extradeportivos, pero la gente me trató muy bien y tengo ganas de volver». Míchel, que realizaba otro trayecto, más breve, se le cruzó por el camino. Desde Almería hasta Jerez de la Frontera.
Otro vestuario
Pero en el fútbol tres años dan para mucho. Y el vestuario azulino ha cambiado bastante. «Quedan pocos de mi etapa: Francis, Mendoza, Viqueira, Moreno, David Prieto, Chema y los fisios», recordaba Gerard.
Pocas cosas tienen en común el Sporting y el Xerez, salvo su condición humilde y tener que cargar con el sambenito del descenso antes de tiempo, sin tiempo a demostrar muchas cosas. Al Sporting le tocó la temporada pasada y los de 'Cuco' Ziganda, que ocupan la penúltima posición en la clasificación y que sólo han marcado tres goles, tienen que cargar con esa etiqueta en el nuevo curso.
Precisamente por eso, porque ambos conocen la sensación de ser el patito feo de la categoría y porque la experiencia es, en ocasiones, la mejor consejera, Gerard no se fía. Considera que el arma más letal del Xerez es su propia necesidad: «Tienen que puntuar y eso les hace ser muy peligrosos. Tienen un bloque muy compensado, aunque no les hayan ido muy bien las cosas, y en Chapín aprietan mucho».
Míchel, al que Ziganda no ha dado muchas oportunidades de momento y que el domingo tendrá que ver, casi seguro, el partido desde la grada, no se molesta cuando se coloca a su equipo en la parrilla de salida, en la casilla de descendidos. «Creo que es una ventaja que tenemos el que mucha gente piense que vamos a descender en diciembre. Le podemos dar un susto a cualquiera», advertía. Aviso para navegantes.
De la breve estancia del delantero madrileño en Gijón sólo queda el incombustible Rafel Sastre. «Míchel, Pedro... Toda la gente de la casa que hay ahora en la plantilla creo que aún no habían llegado ni al filial», puntualizaba. Eso no le ha impedido mantener el contacto con Mareo y tener muy clara la esencia del Sporting actual: «¿El principal peligro que tiene? El grupo. No es un tópico, corren todos y se ayudan todos. Es impresionante. Tienen jugadores, como De las Cuevas o Rivera, que le dan el toque de calidad, pero su fuerza reside en el grupo».