Le hemos mandado una solicitud de amistad al alcalde en el 'Facebook', ahora que ha abierto su página personal, la oficial, y no esas espurias que ya circulaban, como 'Estoy a favor de Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo' (141 miembros), 'Estoy en contra de Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo' (68 miembros) o 'Gabino de Lorenzo our own silverdaddy' (8 miembros).
Un 'silver daddy' es un maduro atractivo. El término se emplea en ambientes masculinos multicolor, dicho sea con coña y eufemismo, y dicho sea de paso, para ubicar la citada red social. En www.estiloversatil.blogspot.com (o 'Casa Ursus') definen la categoría 'silver daddy' como «los osos maduros cuyo color de pelo se va tornando canoso y presenta un gris plomizo».
Ocho miembros tiene la página aquélla, y subiendo. La oficial contaba ayer tres adeptos: Caunedo y dos más.
Tenemos suerte de vivir aquí, ciudad efervescente y variada, tan irisada como la bandera gay. Y cortés con los gustos de cada cual.
El pregón lo dio Boris, recuerden.
La semana que hoy acaba, además, ha sido informativamente musculosa en lo sexual.
«Sólo quiero comerte el pollo».
Con esa frase, testimonio judicial, se resume el singular desencuentro entre una mujer y un hombre que, supuestamente, le practicó sexo oral en contra de su voluntad (¿Por qué el sexo 'se practica'?, ¿no hay otro verbo menos deportivo para enunciar el ayuntamiento carnal? ¿No se 'celebra' el sexo mayormente, por ejemplo, o se sufre, en caso de ausencia, incomprensión o calvario?).
Volviendo a los hechos, sus protagonistas se conocieron en el ascensor, entraron en casa de la mujer interesados mutuamente, y sostuvieron «una charla distendida» hasta que al fulano se le apoderó «un ánimo libidinoso» (como a los ocho del 'Facebook', pero a lo bestia) y la forzó. El cunnilingus acabó en lesiones y juicio, de cuyo expediente están extraídos los anteriores entrecomillados, incluido el aviso de macho cabrío, tremenda frase que evoca a una Andreita arrepentida y que, ya serios, revela una lógica desquiciada sobre la mujer y sus deseos presupuestos.
La noticia la publicó ayer esta sección después de un fogoso debate profesional irreproducible en estas páginas (para empezar, y perdonen la guasa, porque siete de los diez redactores y redactoras encuestados no adivinaron de mano lo que era el 'pollo', ofreciendo, al conocer su signifcado, otros sinónimos que consideraban más populares, sobre todo en asturiano).
En realidad, ha sido una semana agotadora para nuestra deontología.
El miércoles, y a cuenta de una censura al albergue municipal de animales, vulgo perrera, las Juventudes Socialistas de Oviedo propusieron controlar la población minina de la urbe «mediante la esterilización de las colonias de gatos».
¿No suena un poco nazi la expresión? ¿Y dónde están esas colonias? ¿En Teatinos, en La Florida? ¿No les habrá concedido una parcela el Ayuntamiento en Olloniego II (una de ésas a 70 euros el metro cuadrado cuya adjudicación recomendó investigar Rivi el martes, que mira que tiene ganas de incordiar este hombre, que parece Jerry, el colega de Tom)?
Aún andábamos buscando una barriada felina para recabar su opinión sobre la feria de la vasectomía de JSO, cuando el jueves supimos que un paisano había denunciado a su ex esposa por contratar a un sicario para matarle; no sólo a él, sino a sus hijos también, dice.
Lo asombroso del relato no es el odio conducido hasta el crimen por cauce mercantil, sino la presunta compasión del asesino, que renunció al mandado cuando conoció al hombre que debía eliminar. Tras vigilarlo, lo descubrió en un bar, se acodó a su vera en la barra, departieron, se esparcieron entre vinos, y le pareció «una buena persona» que no merecía el final contratado por su divorciada, según recoge la nota de la Policía Nacional.
Vamos a ver: una de dos, o es el peor sicario en la historia mundial del asesinato a sueldo, o tiene más ojo para las moradas del alma que la propia santa Teresa.
La pregunta importante, sin embargo, es otra: ¿tan fugaces son las relaciones hoy? Repasemos: una amistad que activa un clic de ratón, un encuentro acordado y malentendido en lo que duran sólo ocho plantas de ascensor, una vida perdonada tras media botella de don Simón.
Y mogollón de gatos capados.
¿Son los demás, los otros, humanos y animales, tan interinos en nuestras vidas ya? ¿Qué ha quedado de los grandes amigos, las grandes traiciones, los regresos, los recuerdos y el 'para siempre jamás'? ¿De verdad es todo tan efímero como el amor estallado en el cubil de un elevador? ¿Hemos cambiado a Víctor Hugo por 'Historias del Kronen', el abrazo fraterno por el oso abrazador?
Debe ser así: navegamos entre contactos frívolos en días que se escapan como suspiros, somos gentes sin tiempo para nada aunque luego nada lleguemos a completar; personas de principios que no logramos sino principiar. La prisa, el drama de la modernidad.
Mira Felechosa, pobrecico, víctima el martes de una trivialidad, de un tonto comentario pasajero.
Esto sucedió:
Hacendoso, Felechosa prepara sus presupuestos para 2010, los cuadra y los defiende de antemano frente a los previsibles reproches de la oposición. Su departamento resistirá la crisis sin dejar de alimentar a la ciudad con festejos y espectáculos, dice.
Pero un buen día, el concejal se confiesa con una colega (la consejera homónima, o sea de recortes en tiempos del cólera, o sea de Cultura), y le cuenta en comandita, sentándose para una rueda de prensa, que en realidad no tiene un duro. Su situación, admite franco, «es dramática».
Y va un micrófono, le graba el secreto susurrado, y lo emite. Y con él, todos los medios detrás, maullando el desliz como una colonia de gatos en celo. Y la oposición se yergue en protesta crecida, como un oso hambriento después de su hibernación.
Y Felechosa, quizá, siente que pierde el ascensor.