Querido y admirado Peltó: prefería habértelo dicho en persona, aunque estoy seguro de que mis sentimientos y los de muchos asturianos van a llegar a ti, porque fuiste nuestro ídolo de juventud cuando volabas sobre el ring en las noches del Parque Gijonés. Fuiste intrépido marino de la superficie y de las profundidades. Un socialista convencido que supo llegar a todos los corazones porque sobre todo eras auténtico. Tu vida ha sido un ejemplo de lucha, trabajo, tesón, iniciativa, entrega y amor a tus semejantes y a la mar, esa mar que supo devolverte cuanto tú le entregaste, porque al margen de cualquier aspecto crematístico tú le diste la vida y ella te dio la inspiración para transmitir a los demás la sobrenatural fuerza de su inmensidad.
Querido Peltó, allá donde tú estés, quiero hacerte saber que has sido único, irrepetible, genial, un insuperable capitán por tierra y mar, del que llegamos a pensar que no faltaría nunca, y cuyo ejemplo, saber estar y fuerza espiritual tendremos muy presente, lo mismo que uno de tus sabios consejos: «La mar es una hembra que aunque vivas todos los días con ella nunca la conoces». ¿Cómo te vamos a olvidar?...
Querido Peltó: hace tiempo decías que navegabas ya entre espumarones de mar brava y que veías la recia costa amenazarte. Hace tiempo sentías una fumarola negra que emanaba tu chimenea y que te hacía presagiar zozobra al fallar la fuerza. Hace tiempo que el puerto parecía dejarte morrón de cabos y atraque para descansar en él.
Tanto tiempo ha sido necesario para postrarte que el mismo tiempo dejó de hacerlo convencido de que contra ti sólo podría lograrlo sin avisarte, a traición porque ¡ay del tiempo si te deja sentirlo, ay del tiempo si osa retarte a ganarlo! Pero has muerto retando al mar, amándolo, retando al tiempo con toda tu fuerza.
El tiempo ha sido sin duda ruin agotando tu vida, pero ese tiempo no ha podido contigo nunca cual tempestades sufridas, como azares acaecidos en tu sin par singladura.
El tiempo ha sido un impertinente obstáculo que no me ha permitido despedirte, aunque nunca lo habría hecho, estoy seguro por no entender que ese tránsito de medición diera con una flaqueza tuya, con atreverse a postrarte, con redimirte.
Es posible que ahora, donde estés exista otro mundo mágico digno que te ha sumergido en las entrañas de ese mar que te vio escudriñarlo, que cual intrépido aventurero de leyenda, formas parte de la vivencia imborrable de esta tierra que es Gijón y Asturias y ya perteneces de forma grandiosa de los hacedores de historia que le dan forma.
Es seguro que Jovellanos te habrá recibido con agasajos por mentarle y tenerle padrino siempre de tus letras entrañables, escritas con el valor y la valentía de un hombre aventurero con alma de romántico apasionado.
Sin duda, el oso regicida estará atento a tu llegada para darte gracias y hasta Favila entenderá la postura de tu republicanismo rebelde. Pero sin duda el encuentro singular lo tendrás con Nicomedes, aquel pulpo cómplice de tus andanzas, aquel de los 'raxos' bravos que de tu mano comía, aquel que te esperaba en el reino de los fondos de tu mar que siempre ha sido tu amado y fiel camino.
Algún día querido Peltó estaremos confrontando pareceres, esos de los que tanto amigo del alma he bebido de ti, ensimismado.