Ni Cristina Garmendia ni Ángel Gabilondo eran capaces de controlar su entusiasmo. Internamente temerosos por el resultado del programa del Campus de Excelencia Internacional, la respuesta de las universidades, tanto en cantidad como en calidad, les dejaron sin palabras. O con exceso de ellas. La ministra de Ciencia e Innovación y el de Educación confesaron en repetidas ocasiones, ante un auditorio exigente, su «orgullo» por el resultado de la convocatoria. Incluso Gabilondo confesó que «para nosotros ha sido un impulso y un aliento que necesitábamos». Y mientras Garmendia agradecía «el entusiasmo generado aquí», el ministro de Educación dio las gracias casi personalmente a todos los miembros del exitoso entramado puesto ayer en escena. Y entre las menciones especiales, la Universidad de Oviedo, por su «indumentaria nueva, su corbata institucional», y el secretario general de Universidades Marius Rubiralta, quien, de improviso, se llevó una de las mayores ovaciones de la mañana.
Ambos ministros, que inauguraron la jornada, acudieron al Congreso y regresaron para clausurarla, destacaron la apuesta de futuro que acaban de afrontar las universidades y, con ellas, el país. «Hay un antes y un después de este día, ya no podrán detenernos», aseguró un brillante Gabilondo, quien no pudo eludir las referencias políticas cuando se preguntó en voz alta «¿qué milagro habrá puesto de acuerdo a tanta gente -empresas, fundaciones, instituciones, universidades- en un país en el que llegar a un acuerdo exige toda una tabla de condiciones y paciencias? Y en una clara alusión a cualquier gobierno que no sea el suyo, añadió, eufórico, «Que se desanimen quienes quieren cambiar la Universidad sin la Universidad, que se desanime todo gobierno que piense que sin la Universidad va a producir una transformación de la misma. Es indispensable saber que sólo habrá transformación de la Universidad desde la Universidad, por la Universidad y con la misma Universidad».
Más técnica, la ministra de Ciencia e Innovación aseguró que «todos los participantes en el programa de Campus de Excelencia pueden considerarse ganadores, con independencia del dictamen de la comisión internacional. Y esta afirmación no busca el consuelo de aquéllos que se queden a la puerta de lograr el distintivo en esta primera convocatoria, sino porque el ejercicio de reflexión estratégica y de búsqueda activa de aliados que han realizado tendrán un efecto muy positiva en su desarrollo». Garmendia, quien definió los campus de excelencia como «un laboratorio de ideas», defendió el principio de que «lo que no se mide no avanza», extremo que, suavizado, compartió Ángel Gabilondo.
«Lo que no se evalúa se devalúa», afirmó, para apostillar: «Con esta ilusión, esta competencia y este trabajo abierto y en equipo, la Universidad es imparable. Es más Universidad que nunca».