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El incombustible Chechu Rubiera

El gijonés se convertirá el próximo año en el ciclista asturiano con más temporadas en activo a sus espaldas

27.11.09 - 02:20 -
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Chechu Rubiera es un ciclista incombustible. A sus 36 años, echa la vista atrás y se acuerda de los viejos tiempos. De cuando era un chaval en Las Mestas y la Peña Alvarín; de los tiempos en que forjaba su carrera en el Banesto aficionados; de cuando dio el salto a profesionales de la mano del Artiach en 1995; de su fichaje por el histórico Kelme; del momento en el que unió su destino al de Lance Armstrong en el US Postal, antes de defender los colores del Discovery Channel y del Astana, o de la reciente insistencia del norteamericano para que aparcara, un año más, su jubilación y emprendiera, a su lado, un nuevo proyecto en el Radio Shack.
El ciclista de Baldornón lo hace con naturalidad. Con esa mentalidad especial que poseen los grandes deportistas, pero a sabiendas de que cada vez que se baja de la bicicleta lo más importante es poner los pies en el suelo. Chechu Rubiera ya ha colado su nombre entre los grandes del ciclismo asturiano. Es ya, junto con el desaparecido Vicente López Carril, el ciclista con más temporadas en activo como profesional a sus espaldas: 16 campañas, que serán 17 el próximo año, con las que batirá el récord que hasta hoy ostenta el popularmente conocido por 'el Candasu'.
Entre la amplia lista de longevos corredores del Principado sobresalen, por su estancia entre los mejores, el ya fallecido Senén Mesa, que corrió entre 1942 y 1954; Marcelino García, que lo hizo desde 1992 hasta 2003; Jesús Suárez Cueva, que aguantó subido en una bicicleta desde 1977 hasta 1989; Coque Uría, que lo hizo entre 1992 y 2000; y Samuel Sánchez, que dio el salto hace diez años. Pero no sólo ellos. También Antonio Menéndez, ciclista desde 1970 a 1979, y el mismísimo 'El Tarangu', que pedaleó entre 1970 y 1978.
«Quince son muchos años y ni me imaginaba cuando empecé que iba a poder llegar a esta cifra, que desconocía que la hubiera alcanzado López Carril. Pero ahí está», señala Rubiera, que siempre ha dejado a un lado sus motivaciones personales para dejarse la piel por su jefe. «Además -continúa-, la media de un ciclista es de siete u ocho años. Por eso le doy más mérito a Carril, porque eran tiempos complicados para los ciclistas, que tenían muchos menos medios y dinero».
El gijonés, que representa la imagen de hombre de equipo, recuerda que «en los años 70 apenas había control de alimentación -algunos desayunaban un filete-, ni se realizaba la preparación física como hoy en día». «Otros corredores de entonces, como 'El Tarangu', por ejemplo, en invierno se entrenaban cargando bombonas de butano y hacían entrenamientos brutales de más de 200 kilómetros, pero es que las cosas eran así».
Rubiera recuerda sus inicios, cuando salía a la carretera «y encontrarme con Arenas o Suárez Cueva convertía el día en especial porque eran mis ídolos en Asturias». Aunque el gijonés, cuando se le pregunta por un nombre que le haya enganchado al ciclismo, lo tiene claro: «Perico, que curiosamente corrió como aficionado en el Gaylo».
Sin embargo a Chechu le preocupa, y mucho, el futuro porque «aunque ahora hay un buen número de profesionales, no se ven chavales jóvenes ni niños entrenándose, sólo hay veteranos de 30, 40 y 50 años y cicloturistas. Dentro de una década se va a notar». «La generación de los que estamos ahora nos impulsó bastante el 'fenómeno Induráin'. Contador tiene que ser el referente para las nuevas generaciones, aunque ya se verá», apunta.
A Rubiera le falta ya la 'chispa' con la que ganó las míticas etapas del Giro o con la que ayudó a Armstrong a ganar cinco Tour, «pero estoy a gusto con Lance, porque tiene algo especial, y espero despedirme el próximo año disfrutando del deporte que me lo ha dado todo». Un adiós que nadie quiere y que pasa por mantenerse ligado al mundillo de la bicicleta. Aunque sin dar pedales.
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