Casi cuatro de cada diez profesoras e investigadoras de la Universidad de Oviedo manifiestan haber sufrido «acoso moral» en sus acepciones de «rechazo» o «exclusión», un porcentaje, el 38%, que en el caso de los hombres en sus mismos puestos se reduce al 21%.
Es sólo una de las conclusiones de un estudio elaborado por un equipo multidisciplinar de 18 investigadores a partir de más de mil encuestas anónimas realizadas entre los pasados meses de marzo y mayo al Personal de Administración y Servicios (PAS) y al Personal Docente e Investigador (PDI) de la institución académica asturiana.
El objetivo del trabajo, coordinado por Leticia Santos Vijande, profesora y subdirectora del Instituto Universitario de la Empresa, era conocer las percepciones del personal de la institución sobre las condiciones de igualdad de género en el seno de la institución.
Y las conclusiones son contundentes, aunque «no muy diferentes de las que se pueden extraer en el conjunto de la sociedad, en la que las cifras de este tipo de acoso son similares», precisó la directora de área de Coordinación y Programación, Silvia Gómez Ansón.
Una de ellas es la referida a otro tipo de acoso moral, aún más graves, el que incluye «gritos, insultos y vejaciones». Se atreven a reconocer que lo han sufrido o presenciado «el 16% de los hombres del PDI y casi el 30% de las mujeres».
En cuanto al acoso de tipo sexual, «es muy minoritario», puntualizó Santos Vijande, «aunque también hay un pequeño porcentaje de mujeres que manifiesta sufrirlo». Y, sin embargo, «las denuncias se pueden contar con los dedos de las dos manos» porque, en opinión de las propias víctimas, «podrían interpretarse como una debilidad o perjudicar sus carreras».
Leticia Santos quiso subrayar, no obstante, que «no se han detectado problemas severos», que «los que existen son marginales» y que «los índices de acoso de están por debajo de los detectados en otras instituciones académicas españolas».
«El modelo tijera»
La encuesta presentada ayer se engloba en el proyecto Geniuniovi (Género e Igualdad en la Universidad de Oviedo), en el que la institución académica asturiana se ha embarcado junto con otros cinco socios: las universidades de Cantabria y el País Vasco, el Institute for Social Research de Oslo, la Radboud University of Management de Holanda y la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.
Y con los datos que de ella se extraen sobre la mesa el próximo paso será crear una comisión que estará en la base de un futuro plan de igualdad para detectar las brechas de género en la Universidad asturiana y plantear las medidas de conciliación necesarias para atajarlas.
Una de las estas brechas es lo que Silvia Gómez denominó «el modelo tijera». O lo que es lo mismo: el análisis de los indicadores de la institución de los últimos diez años revela que, a pesar de que las féminas constituyen el 55% del alumnado, sólo el 15% de las cátedras están ocupadas por mujeres.
El estudio de diagnóstico de género elaborado por la Universidad muestra, a las claras, «el techo de cristal» al que se siguen enfrentando las mujeres. Un ejemplo: «El aumento de las catedráticas en los últimos años ha sido del 3,4%. A este ritmo, para llegar al 50% necesitaríamos al menos 73 años».
Y lo mismo ocurre con el Personal Docente e Investigador, en el que las mujeres suponen un 38,43%. Aquí «la evolución ha sido casi plana en la última década. En este nivel necesitaríamos 75 años».