Se llaman Simon Kangueta y Neuilly Apendeki, son los promotores de varios proyectos para la integración de los niños soldados y su esfuerzo en la República Democrática del Congo los ha llevado a viajar por primera vez a Europa para recoger el Premio Derechos Humanos que desde hace 9 años otorga el Ayuntamiento de Siero. Ayer, participaron en una recepción en el salón de plenos municipal, donde el alcalde, Juan José Corrales, les entregó de forma oficial los 6.000 euros de premio por su labor en la defensa e integración de los niños soldado.
Tras un periplo de dos días en el aeropuerto de Nairobi por problemas con su visado, los dos componentes de la oenegé Ajedi-Ka/PES llegaron a finales de la pasada semana a Asturias y durante estos días han estado visitando varios centros educativos y locales de asociaciones. Simon Kangueta, coordinador del colectivo, explicó ayer la importancia que supone este reconocimiento. «Con este premio podremos dar algunos pasos para ayudar a las niñas puesto que son discriminadas tanto por el gobierno como por otras organizaciones y ni siquiera cuentan como cifra oficial», explicó. Desde abril a junio de este año, Ajedi-Ka logró la sacar del conflicto congoleño a 77 niños, pero en la actualidad, el colectivo conoce la existencia de 18 niñas que necesitan cuidados.
Su compañera Neuilly señaló que «las niñas son víctimas de la violencia sexual, padecen problemas psicológicos y están olvidadas, desconsideradas y discriminadas por su comunidad». Sin embargo, resaltó que la oenegé ha logrado mejorar su situación mediante la organización de actividades socioeconómicas y de formación con las que intentan dar autonomía a las niñas. «En 2007 iniciamos un proyecto para formar líderes femeninas, para que puedan defender sus propias iniciativas», apuntó Apendeki.
Otra de las actuaciones del colectivo congoleño consiste en la ayuda a la escolarización de los niños soldado, que tienen edades comprendidas entre los 9 y los 17 años, mediante la compra de material escolar, el uniforme, o el abono de los gastos de escolarización. «Cuando el conflicto estaba en auge se llegaron a contabilizar hasta 306 niños combatientes, pero por suerte esas cifras han descendido», comentó Simon Kangueta.
Además, todos los proyectos cuentan con un plan de evaluación y seguimiento para comprobar su funcionamiento. «Así, si vemos que algo no funciona, no nos cruzamos de brazos, intentamos buscar pistas que nos ayuden a mejorar la actividad», apuntó Apendeki.