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«Es un sitio precioso pero nadie quiere vivir aquí»

VECINOS

«Es un sitio precioso pero nadie quiere vivir aquí»

20.12.09 - 02:29 -
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La fiesta siempre se monta alrededor de su casa, sobre todo los viernes y sábados, desde que el sol se oculta hasta el amanecer. Cuando los octogenarios Pascasio Agustín Villar y Conchita Fernández se van a dormir, se oye un barullo constante debajo de su habitación, animado por los decibelios de más de la música de algunos bares, especialmente en las inmediaciones de la calle Mon, desde la parte alta a la baja. Y a veces incluso cuando se levantan de la cama, ya con el sol, si es que han conseguido pegar ojo. «Esto es insoportable, da igual que tengas abierta o cerrada la ventana. Vivimos en la calle Oscura desde hace 45 años, pero vamos a tener que marchar».
Se quejan de que les ha pasado de todo: desde recibir insultos al asomarse a la venta hasta ver como, tras bajar las bolsas de basura y depositarlas en el contenedor, al subir «ya están utilizándolas para jugar al fútbol, como si fueran pelotas», asegura el hombre. Hay familiares que sólo van de visita a su casa por el día y alejan al pasar la noche si es fin de semana en busca de silencio para descansar. «Tenemos una habitación grande que ni la podemos ocupar. No se puede dormir ni con tapones», aseguran.
Son sólo dos de los centenares de vecinos afectados por la movida. Los residentes del Antiguo se quejan constantemente de que el barrio en el que viven se ha echado a perder con la apertura de tantos bares molestos. «Ya no hay esas multitudes que había antes, pero el ruido sigue igual», explica el presidente de la Asociación de Vecinos, Juan García, que lamenta que «a pesar de que tenemos un barrio precioso, ya nadie quiere vivir aquí» y sus pisos se han devaluado, en algunos casos, hasta un 40%.
Para ellos, bares está asociado a juventud, a vandalismo y a ilegalidad. Se quejan de los botellones, del ruido constante y de la «permisividad» del Ayuntamiento con los establecimientos que no cumplen las normas que regulan los niveles acústicos y los horarios. «Algunos cierran a sus horas pero otros bajan la persiana y sigue quedando gente dentro», se queja García, que insiste mucho en la «complicidad» entre las autoridades y los hosteleros. Estos últimos, según dicen, no escuchan sus quejas y el Consistorio «no les sanciona».
Otra tema, además, es la inseguridad que dicen que sufren por el comportamiento de algunos clientes. «Tiran botellas vacías a las ventanas. A una señora le cayó una piedra encima de la mesa cuando estaba cenando», comenta.
Como asociación, han presentado más de 2.000 denuncias en el Registro Municipal y miles de llamadas al Policía Local para que acudan a medir y si procede, sancionar. «Yo ya me cansé de llamarles», interviene Villar mientras el presidente explica que «ya no nos hacen caso».
Respecto al Ayuntamiento, aseguran, simplemente, «que los hosteleros actúan así porque se lo consiente; el alcalde se inhibe». «Yo de verdad invito a los políticos que quieran venir a dormir a mi casa», dice Pascasio Agustín Villar.
Ahora, confía en que sea un juzgado quien ponga definitivamente solución al problema. «Están condenando a cárcel incluso a los alcaldes. A ver si el de Oviedo, ahora que hemos dicho que vamos a llegar el caso al Tribunal de la Haya, se preocupa», concluye García.
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Juan García, Concepción de la Fuente, Marisol Serrano y Pascasio Agustín Villar. :: JESÚS DÍAZ



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