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Una de cada seis calles es peatonal

Oviedo

Una de cada seis calles es peatonal

27.12.09 - 03:02 -
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A la generación nacida en los noventa ni les tocó y otros sólo se acuerdan vagamente, pero hubo un tiempo en que Oviedo, además de ser una ciudad más sucia, afeada y ruidosa, daba libertad de paso a todos los turismos por cualquiera de sus rincones. De aquélla, en la década de los ochenta, quienes querían visitar la Catedral llevaban su vehículo casi hasta la puerta y un aparcacoches se encargaba de vigilárselo en la plaza de Alfonso II El Casto, y había que refugiarse en los portales cuando se coincidía con los autobuses públicos en las callejuelas el Antiguo.
El cambio comenzó en el centro y se ha extendido durante los últimos años por barrios como Buenavista, El Cristo, La Argañosa y Ventanielles. Una sexta parte de las más de 850 calles del callejero de la ciudad, unas 169, ya tienen al principio y final de la vía una señal de prohibido el paso a vehículos, según datos facilitados por el concejal de Vías, Benjamín Rodríguez Cabañas. La intención es que en el mapa aparezcan cada vez más vías sombreadas, símbolo de que el tránsito es limitado.
Peatonalizar Oviedo llevó tiempo y paciencia. El primer intento puntual lo hizo el fallecido alcalde Luis Riera. Probó a cerrar las calles Palacio Valdés y Pelayo de forma puntual, para ver cómo reaccionaban conductores, comerciantes y peatones. Las reabrió. El siguiente paso lo dio el socialista Antonio Masip a los dos años de hacerse con la Alcaldía. En 1983 decretó que a los pies del entonces hotel La Jirafa y del teatro Campoamor sólo se pudiera pasar caminando.
La medida no causó indiferencia. A Alberto Polledo, dueño ya en aquella época de la librería Santa Teresa, le pareció un despropósito. «Estábamos de uñas», recuerda ahora. Pelayo y Palacio Valdés eran dos de las vías de mayor tránsito comercial, con parada de autobuses y taxis. La peatonalización trajo consigo una pérdida del «movimiento comercial», aunque puede que no sólo por esta medida, sino porque coincidió con el cierre de La Jirafa, las oficinas y los bajos, ahora recuperados. Veintiséis años después, el librero rectifica: «La mejora y la calidad ambiental fue notable».
La idea de pavimentar y cortar el centro se gestó en la época socialista. «Estuvimos en Munich y en Burdeos, que ya habían empezado a ganar calle para el peatón», explica el entonces regidor. También hizo un cierre puntual, aunque más ambicioso, en las fiestas de San Mateo de 1983, el primero en que salieron del Campo de San Francisco. A pesar del escepticismo y las críticas de muchos, cortó al tráfico el Antiguo.
La experiencia también salió bien, pero según comenta, al intentar frenar la circulación de los vehículos por el casco viejo de forma definitiva se encontró con la oposición del PP y CDS. Es curioso pero fue Gabino de Lorenzo, quien antes había dado su voto negativo, el que recuperó, amplió y desarrolló el plan de transformación, acuñándolo como sello propio. «Su plan fue muy bueno, incluso mejor que el mío», reconoce ahora Masip.
Sin paso al Antiguo
Aún con las advertencias de fondo de que la medida reduciría el número de compradores en la zona comercial y generaría un foco para la población marginal, el proyecto se aprobó y se puso en marcha con el nombre de 'Plan para la protección de la zona monumental del Oviedo antiguo'. El 1 de diciembre de 1991 entró en vigor la primera fase del documento, con la prohibición del paso en los laterales de Alfonso II El Casco, Santa Ana, Oscura, Mon, Máximo y Fromestano, San Isidoro, Ecce Homo y Postigo Alto.
La anulación de dicho tramo, según refleja el anuario municipal de 1996, permitió salvaguardar la zona de 7.000 vehículos diarios. Sólo se permitió el paso conduciendo a los 52 residentes de la zona, a quienes se distribuyeron unas tarjetas con la autorización de la entrada, y otros turismos de forma excepcional, como aquellos destinados a la carga y descarga o los taxis.
De Lorenzo continúo cubriendo las calzadas de losetas el mismo año de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. La medida se extendió a partir de 1992 por la plaza de la Constitución, Trascorrales, González del Valle, el primer tramo de Gil de Jazz, Doctor Casal, que llegó hasta la calle Campoamor, o Milicias Nacionales, por citar algunas. Por el camino hubo importantes polémicas, como cuando el alcalde anunció el cierre de Uría entre Independencia y Toreno. El Ayuntamiento tuvo que defender la medida al máximo, alegando que «no era una zona fundamental de paso» y que así aumentaría la velocidad del transporte público. Por aquel entonces, pasaban un millar de autobuses al día por Uría y se subían y bajaban 919.911 viajeros. Al final también se hizo.
El modelo ejecutado gustó tanto y fue tan pionero que sirvió de ejemplo para otras urbes. Alcaldes de Granada, Logroño y Santander vinieron a patear Oviedo para tomar ideas y desarrollar medidas similares en sus urbes.
No obstante, este plan por sí mismo, nació cojo y el Consistorio se percató pronto de que la peatonalización debería llevar aparejado otro ambicioso proyecto: la creación de una red de aparcamientos para suplir los centenares de plazas eliminadas con la urbanización. Así se construyeron los parkings de la plaza San Miguel, La Gesta y Longoria Carbajal.
Más adoquines
Mucho ha llovido desde entonces. Tanto, que a ningún vecino se le ocurre ahora protestar por una peatonalización. Basta con mirar sólo a la calle Río San Pedro, cerrada a los coches desde el verano con fondos del 'Plan E'.
Recién estrenada esta actuación y la realizada en otras vías de Ventanielles, el Consistorio ya sabe cuál será la siguiente calle a cortar. Los adoquines llegarán en primavera a Burriana, en el barrio de El Cristo, con dinero del 'Plan A', procedente del Principado. Si todo sale bien la circulación de esta vía quedará reducida en verano de 2010.
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