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LA IMPORTANCIA DE LA CARTA

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LA IMPORTANCIA DE LA CARTA

03.01.10 - 02:31 -
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Una de las peticiones más coherentes de un presumible educador a unos posibles educandos la realizó el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, cuando hablaba, hace unos meses, a un grupo de niños. «Estas navidades, os pido que cojáis un papel, un bolígrafo y que escribáis una carta», dijo, más o menos, Gabilondo. Paradójicamente, el ministro planteaba a sus jóvenes oyentes esta propuesta, bastante tradicional, en un ambiente muy moderno. El 'aula virtual' de una escuela, ocupado en aquella ocasión por estudiantes de 5º curso de Primaria -unos once años de edad-, destinatarios de los ordenadores portátiles prometidos por el Gobierno. (En los colegios de Gijón, en el año recién terminado, estos ordenadores, sufragados entre el Principado de Asturias y el Gobierno central, se recibieron, por ahora, en un centro, con un régimen de propiedad no del todo definida, sobre si los ordenadores pertenecen al estudiante o a la escuela). Pues bien, en esta atmósfera 'virtual', 'informática', 'intergaláctica' y 'futurista' fue en donde Gabilondo, después de charlar con los niños, les pidió el favor arriba citado: que en las futuras navidades escriban una carta a mano, y no con el ordenador o con el móvil.
Es pronto para saber si los niños le habrán hecho caso al ministro, ya que todavía quedan las cartas a los Reyes Magos, la última 'Numancia' de la escritura a mano, último reducto en el que la comunicación escrita predomina sobre el mensaje virtual del ordenador o el teléfono. En la carta a los Reyes, la caligrafía sigue siendo un mérito. Lo que no ofrece la menor duda es que si se orientase el mensaje de Gabilondo -escribir una carta o una felicitación a mano en Navidad- al mundo de los adultos, el resultado sería desolador.
A los carteros podemos poner por testigos de la agonía, casi muerte, no sólo de la carta escrita a mano, sino de la sencilla felicitación navideña o el 'chritsmas'. ¿Cuántas cartas manuscritas, hemos recibido en 2009? ¿Cuántas felicitaciones personales, escritas de puño y letra de cabo a rabo, hemos recibido en navidades? Sobran los dedos de una mano para contarlos. Si exceptuamos las felicitaciones que llegan de una empresa, el banco, unos grandes almacenes o de entidades públicas y privadas, que tampoco están escritas a mano, recibir una felicitación o una carta empieza a ser algo extraño y sobre todo muy apreciado. Los deseos de felicidad transmitidos por el correo ordinario, son cada vez más institucionales y menos personales.
Frente a las felicitaciones de correo electrónico, algunas muy elaboradas, coloristas e ingeniosas o frente a los reiterativos mensajes telefónicos, la felicitación por carta es una cosa rara, pero de un valor superior a los otros tipos de comunicación. Detrás de un deseo de feliz año enviado por carta, está la previsión para que ésta llegue a su debido tiempo, el esfuerzo de escribirla, la molestia de comprar un sobre y de ponerle un sello, y el trabajo de acercarse a la oficina de Correos o a un buzón. Todo ello, también tiene una compensación. Es mucho más gratificante recibir una felicitación a mano, que diez correos electrónicos o cien mensajes telefónicos.
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