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Dos madres para los gemelos

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Dos madres para los gemelos

17.01.10 - 02:28 -
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Los gemelos tienen dos madres. Sheyla Jael Márquez y María Concepción Martínez reparten besos a pares mientras cambian a sus dos hijos: Rubén e Izán, nacidos el pasado 28 de diciembre, y que son los primeros niños nacidos de un matrimonio de lesbianas en la ciudad. Aunque no es el primer caso en Asturias. En 2008, este diario informó sobre la hija que esperaban Montse Prieto y Ana María Suárez, el primer matrimonio de mujeres en esperar descendencia en el Principado.
«Son dos niños fruto del amor», resumen Sheyla y Conchita en su casa, acompañados por su familia y amigos. Ambas sonríen. Se las nota felices y enamoradas, dos madres felices con sus dos tesoros.
La aprobación de la Ley 13/2005 por el Congreso de los Diputados modificaba el Código Civil para permitir los matrimonios entre parejas homesexuales en igualdad de derechos a las uniones heterosexuales. «Cuando planteamos casarnos era con la idea de tener hijos y poder ponerles nuestros apellidos sin problemas», explica Sheyla.
Así, Sheyla y Conchita se casaron el 11 de agosto de 2007 en el Ayuntamiento de Avilés. «La mayor sorpresa para las familias fue decirles que nos íbamos
a casar», comentan ambas.
Después de la boda, el matrimonio vivió un año sin buscar tener hijos. «Nuestra idea es ser las dos madres», comenta Conchita. Al ser ella la mayor de la pareja fue la primera en quedar embarazada. «No quería que se le pasase el arroz», bromea Sheyla. Y es que ambas quieren sentir la maternidad.
La pareja recurrió a la inseminación artificial. «Tuvimos suerte, me quedé embarazada al segundo intento. Sabíamos que podían venir gemelos, aunque no era nuestra intención. Nos bastaba con uno», comenta Conchita. Sheyla también recuerda ese momento y dice que «cuando nos dijeron que venían dos nos asustó un poco, aunque sabíamos que podía pasar».
Antes del embarazo, la pareja ya había decidido cómo se llamaría su hijo. En caso de ser un niño, el nombre lo decidiría Conchita. Si era una niña, la decisión recaería en Sheyla. Cuando se enteraron que iban a ser gemelos, cada una eligió un nombre.
«Izán es un nombre que siempre me gustó y ya lo había decidido», explica Conchita. Por su parte, Sheyla se decidió por Rubén, el mismo nombre que su hermano que, además, es padrino del bebé. «Adoro a mi hermano y fue una sorpresa que ni él se esperaba. Le encantó», desvela.
La noticia del embarazo alegró a toda la familia, especialmente a las dos abuelas: Loli, la madre de Sheyla («son mis primeros nietos y estoy encantada con ellos», reconoció) y Concepción, madre de Conchita.
Ambas esposas reconocen que sienten «debilidad» por las abuelas. Loli se encuentra feliz de disfrutarlos. Por parte de Conchita, ya existen otros nietos, pero ella es la pequeña de la familia y sus hijos han sido recibidos con mucha alegría.
El embarazo transcurrió con total normalidad. Conchita regenta la peluquería Liberty en Llaranes y trabajó en ella casi hasta el último momento, cuando los médicos le aconsejaron que guardase reposo para evitar problemas en el tramo final de la gestación.
«Es una peluquería pequeña, donde sólo estoy yo. Las clientas me animaron todo el tiempo y ya me están pidiendo que vuelva. Al coger la baja, contraté a una chica que está trabajando muy bien. Tengo la ventaja de ser mi propio jefe, pero la desventaja de que no cuento con unos ingresos asegurados», explica Conchita.
Por su parte, Sheyla trabaja en Distribución Postal Planeta, y alcanzó un acuerdo con la dirección para trasladar el mes de vacaciones de 2009 a este año y poder unirlo al permiso de paternidad para ayudar a Conchita en los primeros meses.
El momento más duro
Los peores momentos fueron los del parto. «A Sheyla casi se le quitan las ganas de ser madre», comenta Conchita. «Lo pasé muy mal», explica Sheyla al recordar los dolores de su pareja durante las primeras horas de las contracciones. Como sucede con todos los matrimonios, ambas entraron juntas al paritorio. Rubén fue el primer niño en nacer, pero presentó complicaciones.
Así que el equipo médico sacó a Sheyla del paritorio que tuvo que esperar en el baño anexo mientras sólo escuchaba. Después de superar los problemas, se optó por la cesárea para el alumbramiento de Izán. Fue la parte más angustiosa y por eso quieren que sea la primera en olvidar. También para lo fue para sus madres, que les acompañaron y sufrieron con ellas la incertidumbre de esos momentos. «Mi madre aún no se ha recuperado del todo», comenta Conchita.
Tampoco fue fácil dejarlos en la incubadora de Neonatología en el Hospital San Agustín cuando Conchita recibió el alta hospitalaria. El día uno de enero regresó a su domicilio en La Luz, pero sus hijos se quedaron en el Hospital.
El cinco de enero, por fin, toda la familia se reunía en su hogar. Los niños dejaban las incubadoras en perfecto estado de salud, según todas las pruebas realizadas. Según recuerdan, fue uno de esos momentos que nunca se olvidan, con los que crece la familia.
Por todos esos problemas Sheyla tiene menos ganas de ser madre, aunque aún no hay nada decidido en ese sentido y no dudan en bromear. «Ahora iremos por la niña o las niñas», dice Conchita. Aunque no hablan de calendario, al menos por ahora.
A partir de ese momento, el matrimonio entró en una nueva rutina donde el centro de la vida diaria son los gemelos. Aún no han cumplido el primer mes de edad y los niños ya demuestran un carácter completamente diferente. Izán es más travieso que Rubén, que pasa más tiempo dormido y es más tranquilo. «Son muy buenos, apenas lloran. Sólo comen y duermen», describe Sheyla. El trabajo se duplica, pero ambas se encuentran satisfechas y felices. Cambian y dan de comer a los niños a dúo.
El matrimonio ha tenido tiempo en pensar en el futuro y la educación de sus hijos. «Se tiene algo de miedo, sobre todo en el colegio, donde los niños a veces son muy crueles», comenta Conchita. Sheyla se encuentra convencida de que todas las dificultades «las venceremos con naturalidad, cariño y humildad, como siempre hemos hecho».
De hecho, ambas recuerdan «cuando nos casamos, mucha gente no asumía que Sheyla era mi mujer y decían que éramos amigas, pero con el tiempo ya se acostumbraron y no les extraña que Sheyla sea mi esposa», asegura Conchita. Ambas están orgullosas de su amor y de sus hijos.
Pero también ya han decidido cómo se organizarán profesionalmente para cuidar de los niños. Aunque Sheyla se encuentra pendiente de cambios en la empresa en la que trabaja, la idea de ambas es que, durante el primer año, Sheyla trabajará por la mañana y Conchita por la tarde, para que siempre quede una de ellas al cuidado de los pequeños.
Y en lo que no tienen duda es en el número de besos y caricias que darán a sus pequeños: infinito.
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Conchita besa a Izán después de cambiarlo mientras Sheyla hace lo propio con Rubén en el dormitorio familiar :: MARIETA

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