Algo debe de tener el agua cuando la bendicen, pero más tiene el vino cuando lo consagran. Con esta proclama arrancó ayer la fiesta de Santiso que este año tuvo como pregonero al antropólogo y experto en la cultura del vino, Luis Vicente Elías Pastor.
Desde hace más de mil años, Santiso es el punto de arranque del calendario festivo cangués y una buena ocasión para probar los nuevos vinos acompañados de viandas elaboradas con los productos de los recientes 'samartinos', donde no faltan el popular 'bocho' de pan, el chorizo y el tocino.
Esta milenaria tradición atrae cada año a cientos de cangueses que, ajenos a las adversas condiciones climatológicas, acudieron a la misa en la pequeña capilla y recorrieron las bodegas del barrio.
En medio de este escenario lúdico y gastronómico (en el que no faltó el apoyo a Pepe el Ferreiro, tras su cese como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Fue el pregonero de la fiesta hace dos años), el alcalde cangués, José Manuel Martínez, anunció que el Museo del Vino de Cangas, situado en Santiso, abrirá en mayo.
Asimismo, avanzó que se ampliará el Paseo del Vino, que enlazará Santiso y el y barrio de Entrambasaguas. «Espero que el desfile que llevan a cabo los miembros de la Cofradía del Vino de Cangas se pueda realizar por el nuevo paseo que discurrirá por la margen izquierda del río Luiña», dijo el alcalde.
Adelantó, además, que el Museo del Vino de Cangas «será la estrella» del Congreso Nacional de la Asociación de Museos del Vino del próximo otoño.
En esta línea de convertir a Santiso en una referencia del vino de Asturias, Martínez apuntó que se está preparando un informe para presentar la candidatura de Santiso en la categoría de Pueblo Ejemplar, dentro de los Premios Príncipe de Asturias.
«Excelentes caldos»
Por su parte, el antropólogo riojano Luis Vicente Elías reconoció que llegó a conocer el vino de Cangas «muy tarde». «Cuando, por primera vez, dije en mi bodega que me venía a Asturias a estudiar el vino, pensaron que había bebido antes de salir», señaló.
Sin embargo, su experiencia fue totalmente positiva. «Para mí los mejores cultivos, las más interesantes cepas, los excelentes caldos son aquellos que fermentan en tinas pequeñas, apartadas, lejanas casi escondidas. Por eso me fascinó Cangas y tengo que agradecer a aquellos que me han permitido conocer estas viñas la oportunidad que me han dado de aprender de ellas».
En este sentido, reconoció que «Asturias tiene un valor muy importante en la cultura del vino, ya que yo estudio la viña a través de lo que me cuentan los hombres de la viña, y aquí sus actores son excepcionales».
Por ello, reconoció el trabajo «sacrificado» de los viñedos asturianos y la estrecha relación entre la región y La Rioja, que se remonta a los primeros años del siglo XIX. En este sentido apuntó que «La Rioja y esta tierra han tenido una larga relación comercial. En la bodega en la que yo trabajo -explicó- teníamos un depósito en Gijón con cinco empleados en los años 20. Asturias ha sido un ferviente consumidor de vinos riojanos. Nosotros, a su vez, comprábamos las botellas a la empresa Gijón Fabril, que nos fabricó una botella con cierre de rosca y que probablemente sea la primera experiencia mundial de sustituir al corcho».
Habló de los cultivadores, «de las personas que siguen haciendo un vino familiar, ácido, frutal, oloroso a manzana y mina, pero ofrecido con orgullo, un cariño extraordinario y una hospitalidad que me lleva a mi juventud».
Para concluir el pregón, apuntó que «el asturiano presume de su tierra y de sus productos en cualquier parte del mundo, pues esos propagadores de la cultura asturiana no saben nada del vino de su tierra, y son los primeros que deben conocerlo».