Un Sporting B con bastantes bajas cayó ayer derrotado en Valdebebas ante el Real Madrid Castilla por 1-0, en un resultado que se antojó corto y en un partido que presenció el mismísimo José Mourinho en la grada. El filial rojiblanco –ayer de rojo– quiso ser fino estilista, pero adoleció de intensidad y carácter, y desapareció por completo en la segunda mitad. Pudo haber caído con estrépito si los madridistas hubieran aprovechado alguno de sus innumerables acercamientos a puerta.
Se enfrentaban dos de las mejores canteras de España y, como cabía esperar, un duelo entre filiales invitaba a disfrutar de una buena mañana de fútbol. El buen trato del balón sería el protagonista, y el juego embarullado y directo, característico en esta categoría, estaría ausente en un Alfredo Di Stéfano más lleno de lo habitual, quizás por aquello del ‘mono’ de los aficionados que se quedaron sin fútbol este fin de semana por la huelga.
Manolo Sánchez Murias no apostó por una alternativa distinta. Prefirió desarrollar un criterio y una idea de fútbol para contrarrestar la evidente superioridad del contrario, que se ha concienciado este año para ascender de categoría, y más en un grupo complicado donde Tenerife (próximo rival de los ‘yogurinos’) y Albacete serán los rivales a batir.
El Castilla salió a por el partido desde el inicio y trató de arrollar al filial rojiblanco, lo que obligó al zaguero Moisés a emplearse a fondo en un par de ocasiones para evitar el primer gol en contra. En medio de este caudal de ataques motivado por las múltiples paredes en banda de los merengues llegaron las dos acciones que, posiblemente, definieron el encuentro, y que fueron las que marcaron la diferencia entre ambos equipos.
Un extraño penalti señalado a favor del filial no fue aprovechado ni por Landeira desde el punto fatídico ni por Juan Muñiz en el rechace cuando transcurría el minuto 9 de partido. La réplica llegaría a continuación y desembocaría en el gol de Joselu.
El resto de la primera mitad fue apetecible y cansina a la vez. Los sportinguistas intentaban reaccionar de manera inocente, con sumo cuidado en cada una de sus acciones, y la mayoría de sus ocasiones pasaban por las botas de Juan Muñiz. El zurdo, muy activo y que dejó buenas sensaciones, dispuso de la más clara de las oportunidades al estampar en el larguero un libre directo magistral. Poco después, Landeira asistía a Álex Serrano, que se plantaba solo ante Jesús Fernández, pero la acción era invalidada por un fuera de juego inexistente.
Transcurría la media hora de encuentro cuando el Castilla volvió a despertar. La goleada hubiese sido de escándalo si Raúl Domínguez no hubiese sacado dos manos prodigiosas a un cabezazo de Morata y a una media vuelta de Casado. La retaguardia, con Moisés al frente, achicó aguas como pudo en un asedio que no pasó a mayores en esta primera mitad.
El decorado no varió tras la reanudación. Es más, se intensificó. Sin capacidad de reacción, era un auténtico milagro que los asturianos no fueran humillados en el resultado. Eran un muñeco en manos de los de Toril. En 20 minutos, Morata había gozado ya de cuatro ocasiones, Cherychev de tres (la primera de ellas una bonita volea que intentaba culminar un taconazo de Morata) y Raúl Domínguez agigantaba su figura, en especial, en una individualidad fabulosa de Juanfran que desbarató con la cara.
Final anodino
No hubo más en un anodino final que denotó la altura de temporada en la que se encuentran los futbolistas. Sólo la entrada de Jesé, más centrado en la galería que en la efectividad, hicieron las delicias del respetable. Por su parte, los cambios de Manolo Sánchez Murias no surtieron efecto y, aunque la posibilidad del empate seguía latente, quitando un intento tímido de Barrera y alguna acción particular aislada, no hubo sensación de peligro sobre la meta de Raúl Domínguez. El Sporting B deberá mejorar y tener más mordiente si no lo quiere pasar mal este año en Segunda B.