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La química funciona en Alemania

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La química funciona en Alemania

10.03.12 - 00:54 -
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Sus amigos dicen de él que, si no fuese tan de Gijón desde que nació hace 29 años, sería del mismo Berlín. Del propio Mitte, el mismo centro. Julián de Riva encaja a la perfección en el prototipo de ciudadano alemán que muchos españoles tienen en la cabeza obviando a sus compatriotas que vienen de vacaciones a Mallorca: puntual, serio, metódico, ordenado, cumplidor. Y allí que se fue después de empezar Ingeniería Química en la Universidad de Oviedo. Con 21 años. De Erasmus a Stuttgart. A terminar la carrera.
Y, claro, tratándose de Julián la elección no fue casual: «Escogí Alemania porque entonces, al igual que ahora, pienso que es el mejor destino para los ingenieros en Europa y uno de los mejores en todo el mundo. La culpa de saber alemán entonces la tuvo mi padre que, desde pequeño, nos inculcó el buen hacer germano. A los catorce empecé en la Escuela de Idiomas».
Lo que no estaba en sus planes era quedarse tanto tiempo. «Me fui por un año y ahora voy a hacer siete. Trabajé en Continental, en la división de neumáticos. Después, por razones personales, me tuve que volver hace dos años a España y parecía que había terminado mi etapa en Alemania. Tuve la suerte de encontrar un buen puesto en una importante empresa asturiana y pensé que no volvería. Hasta empecé a escuchar libros leídos en CD en el coche para no perder el idioma», recuerda.
Pero entonces ejerció su poderoso influjo Ana. Ana Jiménez. Su novia. Espontánea, imaginativa y dulce. Gijonesa de 29 años que, en ese momento, estaba terminando su carrera en Alemania, «otro futuro cerebro fugado», resume Julián. Ingeniera química que, cuando llegó al país de Ángela Merkel, apenas entendía lo que le decía la cajera del supermercado y «tocaba tirar del inglés».
Julián se fue tras ella. «Viendo que las expectativas laborales en Asturias y en España no iban a mejorar a corto ni medio plazo, decidí hacer las maletas y estrenar el ferry a Nantes para, 2.100 kilómetros de carretera después, llegar a Hannover, donde volvieron a abrirme las puertas en Continental», prosigue su chico.
Ana había llegado en 2008 con una beca Erasmus a Clausthal-Zellerfeld, un pueblo universitario situado en la Baja Sajonia, a 90 kilómetros de Hannover. Y, desde ese momento, ya no quiso volver: «Siempre pensé que estar un tiempo en el extranjero era una oportunidad única de enriquecimiento tanto profesional como personal, así que la idea de irme siempre estuvo en mi cabeza».
Y, entre sus «razones de peso» sitúa a Julián. Julián y que «la industria química está muy desarrollada en el país, que las enseñanzas técnicas están muy bien consideradas, que las oportunidades de trabajo en este sector eran claramente mayores y que la Facultad de Química ofrecía entonces muchas más becas para Alemania que para países como Francia o Inglaterra». Y Julián.
Mientras que él había vuelto a Asturias, ella había empezado a trabajar en el instituto de investigación donde había hecho su proyecto. Concretamente, cuenta, «en procesos de separación de anticuerpos». Y, para cuando ha querido darse cuenta, éste es ya su cuarto invierno allí.
Julián extraña «el rugby de La Calzada, la Vespa y los cachopos». Ana, salir a picar algo, tomar el vermú, la gente por la calle a partir de las ocho de la tarde, que los comercios cierren ya de noche. «¡Hasta echo de menos la luz y el sol de allí! Parecerá una tontería, pero deprime un poco cuando llamas a casa siendo aquí casi de noche sobre las seis y tu madre te dice que está 'dando un paseín, mojando les patuques por San Lorenzo'».
Pero todo cambiará en abril, cuando Ana deje Clausthal y se reúna con Julián en Hannover, donde empezará unas prácticas. «Y ya juntos por fin, seguro que nos quedaremos unos años más aquí. ¿Cuántos? Ni idea. Por suerte para nosotros y para alegría de nuestros padres, los dos tenemos claro que queremos volver a Asturias. Pero, de momento, toca esperar un poco. Ser independientes, trabajar de lo que estudiamos, tener unas buenas condiciones laborales y estar en el sitio deseado, juntos, es prácticamente un lujo que no todos los jóvenes asturianos pueden tener hoy».
«Planificar sí, pero sin pasarse», concede, reconvertido, Julián.
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