Los artilugios de la travesía tras su llegada al mar. / PETEIRO
Una fiesta ibicenca, un barco vikingo y un mini parque acuático. Son algunos de los artilugios que han participado en la XVII edición de la 'Travesía de les coses que floten', que llenó de público el entorno del muelle de Candás. El agua y el mar volvieron a ser la principal fuente de inspiración para las peñas participantes. En el marco de las fiestas de San Félix, este carnaval naútico comenzó con un desfile desde la plaza de La Baragaña hasta el muelle acompasados por los acordes de la banda de música.
Con cintas sujetándoles el pelo y flores pintadas en la cara, al frente de la peña Narbaxus han estado Estela Rodríguez, Selene Álvarez, Carla Busto, Olaya Bayón y Carla Núñez. Llevan cinco años participando y aunque reconocen que «nunca nos lo curramos», este año ha sido algo diferente. Junto al resto de sus compañeros de peña, han pasado los últimos tres días preparando una furgoneta hippie hecha de forespán como carrocería y dos palos de fregona uniendo cada lado. Están convencidas de su éxito. «Aguantará, pero nos tiraremos igual al agua».
Entre todas las temáticas no pudieron faltar las menciones a la actualidad económica. 'Volvemos al corralito', rezaba el cartel que presidía el artilugio de la peña Marraxo: un corralito para infantes de unos quince metros cuadrados.
-¿Cómo surgió la idea?
-Queríamos representar que con esta crisis mundial nos han dejado en pañales.
Y así van, en pañales, con coletas y con los mofletes colorados.
También estuvo presente el conflicto del carbón. Con mono, casco y empujando una vagoneta, unos improvisados mineros entonaban el Santa Bárbara Bendita.
«Es la gracia que tiene, un puntín de crítica en tono de humor. Es la única forma que tenemos de dar salida a los que estamos viviendo estos días», comentan Nieves y José Manuel, vecinos de Candás, que celebran la buena salud de la fiesta. «Cada vez hay más chavales que se apuntan», cuenta Nieves. Y es que este año es especial: «Hay más peñas», dice destacando la participación de una peña de Antromero, en Gozón. «Siempre hubo rivalidad, así que está bien que por un día se haya dejado a un lado. Esperamos que vuelvan el año que viene».
Cuando las embarcaciones comienzan a salir del agua «sin dejar absolutamente nada», como les ha pedido el coordinador de la prueba, Alain Fernández, ha arrancado la cucaña. Una prueba tan propia de la villa que «lleva haciéndose toda la vida». En total, fueron 24 los jóvenes que se atrevieron a probar suerte. Ninguna mujer. El objetivo, cruzar el engrasado tronco colocado sobre el agua para alcanzar el ramo sujetado en su extremo. El primero en conseguirlo fue el mallorquín Joaquín González y su premio, 100 euros. El origen carreñense de sus abuelos le trae cada año por el verano. «No pensé que fuese a llegar el primero. No es tan difícil, solo hay que coger carrerilla, saltar en el borde y dejarse resbalar».
Al final del espectáculo y apremiando al público «para ir a ver a Alonso», Alain Fernández se mostraba muy satisfecho con su desarrollo y en especial, con el espíritu participativo de la gente que «como siempre» se volcó con la travesía.