Uno de los momentos del encierro. ::PURIFICACIÓN CITOULA
Novillada inaugural de la Feria de Begoña en la plaza de El Bibio. Un cuarto de entrada. Toros de La Guadamilla, de buena presencia, pero escaso de fuerzas. Todos pasaron a banderillas con el puyazo de reglamento, salvo el tercero, que se quedó sin picar.
Luis Miguel Castrillón, su primero, un pinchazo con la mano izquierda y una estocada. Ovación y saludos. En el cuarto, una estocada tendida y atravesada y cuatro pinchazos. Dos avisos. Palmas.
Tomás Campos, dos pinchazos y una estocada trasera, en el segundo. Un aviso. Ovación. En el quinto, un sartenazo. Un aviso. Ovación.
David Martín Escudero, en su primero, dos pinchazos, una estocada y cuatro descabellos. Silencio. En el que cerró plaza, dos pinchazos y media estocada perpendicular. Ovación.
No dio más de sí la novillada inaugural de la feria begoñesa que la buena presencia de los astados y los deseos de agradar de quienes estaban encargados de su lidia. Pero las apariencias no bastan y el resultado es que no hubo ni una sola vuelta al ruedo, lo que puede dar una idea del nivel artístico del festejo.
Luis Miguel Castrillón evidenció que conoce las ventajas como puso de manifiesto en naturales sin cargar la suerte. Por esa misma razón le salían medios pases sin el remate adecuado. Esto referido a la labor con su primer enemigo, porque en el cuarto de la tarde, que humillaba y metía la cabeza con nobleza, la faena de muleta fue de más a menos, aunque en descargo del novillero, que empezó con unos magníficos naturales, hay que decir que el astado enseguida se rajó y fue en busca de las tablas.
La buena voluntad de Campos se demostró con su decisión de recibir a porta gayola a los dos novillos de su lote. El primero, que se colaba por el pitón derecho y buscaba la salida, no le dio opciones de lucimiento, y en el quinto, picado, fuera de sitio, la labor con la muleta se limitó a pases en redondo dificultados por los cabezazos y la embestida descompuesta de las res, que le propició un espectacular revolcón sin mayores consecuencias.
En cuanto al poderdante y pariente de Victorino Martín, que cerraba la terna, tampoco se le pueden negar sus ganas de agradar, que no tuvieron correspondencia en la calidad de los novillos que le tocaron en el sorteo. El primero calamocheaba, huía en busca de la salida y privaba así al diestro de toda posibilidad de lucimiento. El sexto, el que tuvo más fuerza de todo el encierro, tampoco le dio facilidades y por ello el premio se quedó en una ovación de despedida.