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El pirómano de los veinte kilómetros

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El pirómano de los veinte kilómetros

Lleva casi tres años poniendo en jaque a la Guardia Civil con una serie de incendios que se han llevado por delante casi cincuenta coches en una pequeña zona de Asturias

21.09.12 - 19:09 -
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El pirómano de los veinte kilómetros
Dos de los coches que se quemaron en Piedras Blancas. / RAFA GONZÁLEZ
El pirómano de los veinte kilómetros
Estado en el que quedaron los coches quemados en San Esteban. / SERGIO LÓPEZ
El pirómano de los veinte kilómetros
Dos coches calcinados en Piedras Blancas. / MARIETA
Discreto, sigiloso, calculador y, sobre todo, desconocido. El pirómano de coches que lleva casi tres años actuando en la comarca de Avilés, y que parece haberse desplazado también a la zona de Grado, ha sabido rodearse de una aureola de misterio. Una especie de niebla que impide a la Guardia Civil acercarse a él, a pesar de haber protagonizado acciones tan espectaculares como el incendio del aeropuerto, a plena luz del día y rodeado de cámaras, o la quema de siete vehículos en SanEsteban de Pravia la pasada semana.
La maniobra de camuflaje le ha ido tan bien que las fuerzas de seguridad aún no han dado a conocer si se trata de un hombre, una mujer o un grupo de personas que practican una costumbre delictiva que se ha llevado por delante cerca de cincuenta coches en menos de tres años. Una obsesión que ha ido en aumento y que puede estar alimentada incluso por la repercusión que ha alcanzado este caso con la sucesión de incendios.
No tuvo ese alcance el primero de los eslabones que se cree componen esta cadena. Noche del sábado. Calle de Salinas cercana al paseo de la playa. Previsiblemente, muy poca gente en la vía. Un coche arde sin que los bomberos puedan hacer nada para remediarlo. Las primeras hipótesis apuntan a que un fallo eléctrico del vehículo ha provocado el fuego. Un accidente. Un producto de la mala suerte que ha dejado a alguien sin coche.
Dos días más tarde, en plena jornada de los Santos Inocentes, vecinos de la calle Primero de Mayo de Las Vegas, sufrieron en sus carnes la peor de las bromas.El fuego declarado en uno de los garajes subterráneos de la manzana calcina dos coches, daña varios más y produce afecciones leves a varios vecinos, afectados por el humo. En este caso, aún no está claro si el fuego fue provocado, aunque los sucesos que vendrían después hacen que los vecinos no las tengan todas consigo.
Lo que la Guardia Civil tiene más claro es que los incendios posteriores no fueron fruto de la casualidad. Un escenario cercano al primero, Piedras Blancas, separada apenas por un kilómetro de Salinas, es el lugar elegido por el pirómano sin rostro para retomar su actividad. En la calle Rey Pelayo, dos vehículos de alta gama arden en plena carretera. De nuevo de madrugada, de nuevo nadie ha visto nada, de nuevo es imposible que los bomberos puedan hacer algo para salvar los vehículos. ¿Casualidad? La Guardia Civil empieza a pensar que no.
Si las sospechas eran ya notables, un mes después, acabaron por confirmarse. El pirómano daba uno de sus golpes más elaborados prendiendo fuego a un coche en SanJuan de La Arena y a otros dos en Soto del Barco, una operación osada que llevó a cabo en menos de una hora.
La Guardia Civil ya sabía algo más. La zona de acción del pirómano, un término del todo impreciso ya que no se sabe ni el sexo ni el número de personas que perpetran estos actos, se mueve en un radio pequeño, de apenas veinte kilómetros, y siempre usa el mismo método: los coches empiezan a arder por las ruedas delanteras, azuzados por algún tipo de material acelerante del fuego que, no obstante, deja tiempo suficiente al delincuente para escapar. Trasciende entonces de la investigación que el producto que utiliza puede ser tan vulgar y fácil de localizar como una pastilla para encender barbacoas, una muy mala pista si lo que se pretende es capturar al pirómano a través de la adquisición del material.
No tarda mucho en volver a exponerse. El 3 de abril, apenas dos semanas después de su última actuación, el pirómano regresa a su localidad preferida, Piedras Blancas, a una calle que conoce, Rey Pelayo, para prender fuego a dos vehículos dejando una firma muy poco útil para la Guardia Civil: dos coches calcinados que comenzaron a arder por la parte delantera. Y poco más.
El gran golpe
Con las fuerzas de seguridad alerta y la población preocupada, llegó el golpe del pirómano que más ha dado que hablar por su dificultad.Jugando al gato y al ratón en un espacio de veinte kilómetros, acude al aeropuerto de Asturias donde prende fuego a un vehículo a plena luz del día. Cámaras de seguridad que vigilan todos los rincones del aparcamiento, decenas de personas que entran y salen de las instalaciones, personal de seguridad, trabajadores. Parece imposible pero, nadie ha visto nada.
La reacción policial no tardó en llegar. El entonces delegado del Gobierno en Asturias, AntonioTrevín, anuncia el refuerzo del grupo especial que ya buscaba al pirómano. Personal de León que también opera en Asturias se une a los agentes que ya trabajaban en el caso para tratar de dar con un delincuente que ha demostrado tener la habilidad suficiente como para prender fuego a un coche en una zona muy vigilada y escapar sin dejar rastro.
El año sabático
La presión policial aumentaba y la preocupación también, pero el pirómano de coches demostró saber administrar ambas variables con un año y medio de inactividad. Con el caso sin vías de solución y la tranquilidad adueñándose de la población, el misterioso delincuente dio un nuevo golpe el 10 de noviembre de 2011, más de un año después del anterior, dejando su inequívoca firma: tres coches calcinados en menos de una hora, uno en SanJuan de La Arena y dos en Piedras Blancas. Y, de nuevo, sin dejar rastro.
El trabajo de la Guardia Civil seguía sin dar frutos, a pesar de las pesquisas en las diferentes localidades afectadas por los incendios. De nuevo administrando los tiempos, este delincuente supo esperar varios meses para volver a dar un hachazo a aquellas personas que dejan su coche aparcado en la calle. Fue el pasado 26 de julio, cuando un vehículo estacionado en la calle La Ñora, en la localidad preferida del pirómano, Piedras Blancas, tomaba camino del desguace tras arder durante horas.
Desde entonces, las actuaciones del pirómano han sido más constantes. En una acción que contribuye a despistar a los agentes de seguridad, hizo hasta tres apariciones en la localidad de Grado, llevando su obsesión a una zona hasta entonces inexplorada. Fue el 18 de agosto, un mes antes del último de los incendios que se le atribuyen, el más destructivo de todos, en la localidad de San Esteban de Pravia, donde el pasado 14 de septiembre prendió fuego a siete vehículos lanzando sus cifras de coches calcinados hasta los cincuenta. No dejó pistas, repitió la forma actuar y, de nuevo, volvió a escabullirse entre esa niebla que le sirve para que nadie, hasta el momento, haya podido ponerle cara.
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