


Finlandia aguó la fiesta en que se convirtió El Molinón con el regreso del delantero barcelonista David Villa al estadio en el que se formó, en el que no pudo marcar, obliga a España a ganar el martes a Francia en París, lo que dejó a los aficionados españoles con el ánimo mermado y a los fineses eufóricos.
El grito de "Villa, maravilla" atronó en El Molinón incluso antes de que el balón empezase a rodar, y el apoyo a "el guaje" no cesó en todo el partido. No en vano volvía a su casa a jugar como local después de muchos años.
Villa se sabía querido y lo intentó desde el primer minuto con pases, taconazos y disparos a puerta que eran jaleados por los cerca de 30.000 aficionados que se dieron cita en el municipal gijonés.
En uno de los saques de esquina, alrededor de 500 finlandeses no menos animosos que aplaudían como un éxito cada vez que su selección lograba pasar del centro del campo, lo que apenas lograron hasta el minuto 20, en el que incluso llegaron a centrar.
Como el tiempo pasaba y España no marcaba la grada empezó a repartir ánimos, y el aliento fue esta vez para Andrés Iniesta, que ya había deleitado con varios regates 'marca de la casa'. Y para la selección en general, que no veía la manera de superar la muralla que dispuso Paatelainen.
A falta de disparos de Villa, fue otro asturiano, Santi Cazorla, el que más lo intentaba desde fuera del área, animando con ello a una grada que estaba viendo como lo que esperaba iba a ser un partido plácido y tranquilo estaba resultando más complicado de lo previsto.
Cada una de las aficiones animaba a los suyos en medio de una total camaradería y el partido llegó al descanso tal y como había empezado. Y más de uno se acordó del tropiezo de Portugal en Israel.
Los más jóvenes mostraban sus preferencias con multitud de pancartas, casi siempre para pedir una camiseta o los guantes de los porteros, y con Sergio Ramos como uno de los preferidos del género femenino, demanda que se incrementó cuando el madridista adelantó a España con un remate de cabeza.
Logrado abrir el cerrojo finlandés, la grada se relajó e inició la ola en medio del total dominio local y de la desesperación de Villa, que veía como los pocos balones que le llegaban eran casi imposibles de jugar con dos y hasta tres defensas pegados a él.
Lo peor estaba por llegar porque el seleccionador nacional, Vicente del Bosque, puso a calentar al sevillista Álvaro Negredo. Y minutos después ordenó el cambio por 'el guaje', que fue recibido con una sonora bronca por parte de los presentes en el campo que querían ver marcar a su ídolo.
El seleccionador no quiso dejar el campo sin asturianos y al poco de salir Villa el que entró fue el centrocampista del Chelsea Juan Mata, que fue recibido con una gran ovación a pesar de ser un oviedista confeso. Pero hoy no había rivalidades regionales, sino los colores de la selección.
Con lo que nadie contaba era con que Pukki aprovechara una de los escasos intentos ofensivos para empatar a falta de poco más de 10 minutos, lo que desató la euforia en el córner finlandés y redobló los gritos de ánimo del resto de espectadores.
Mata tuvo el gol de la victoria en su botas, pero el balón salió alto, y el partido llegó a un final totalmente inesperado que amargó la vuelta de Villa a su casa y complica de manera importante la clasificación directa de España para el Mundial de Brasil 2014.



