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Rubén Figaredo cuenta para ELCOMERCIO las revueltas en Brasil

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Rubén Figaredo cuenta para ELCOMERCIO las revueltas en Brasil

Los manifestantes no se sienten representados por ningún grupo en un país en que la mayoría de los políticos acaban siendo millonarios

21.06.13 - 19:24 -
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Rubén Figaredo cuenta para ELCOMERCIO las revueltas en Brasil
En las calles también se pide que los beneficios del petróleo se dediquen a la educación.

Puede ser que veinte centavos de real no sean nada, al cambio representan siete céntimos de euro. A lo mejor los brasileños protestan porque la copa del mundo está costando más del doble de lo presupuestado. O tal vez porque la inflación devora las rentas de los asalariados. Como escribía un manifestante, hay tantas cosas erradas en el país que no caben en un cartel. Esta es una más de las revueltas ciudadanas que nadie imaginaría sin las redes sociales. Los manifestantes no se sienten representados por ningún grupo en un país en que la mayoría de los políticos acaban millonarios. Las banderas de los partidos y sindicatos fueron espontáneamente rechazadas en unas marchas que no quieren ser instrumentalizadas por la casta política.

Pase libre es un movimiento en red en el que las jerarquías no existen. Los organizadores de las son centenares a lo largo de un país diecisiete veces mayor que España. Algunos portavoces son televisados en horario estelar. Un profesor de historia de un barrio del extrarradio y una universitaria, ambos veinteañeros, son asediados por los caimanes de la prensa. Se niegan a hablar de sus vidas, no interesa lo que les gusta leer ni sus ideas políticas lo único importante es que están allí para hacer llegar un mensaje claro: que no están dispuestos a pagar más por un servicio pésimo, que supone en una ciudad como Sâo Paulo un gasto del 26% del salario mínimo. Los brasileños están viendo pasar inmensas fortunas con destino a la Copa del Mundo, solo el estadio de Brasilia costo un billón doscientos mil reales, mientras viven diariamente sin seguridad, educación ni sanidad. El ex futbolista Rivaldo recuerda en estos días la trágica pérdida de su padre cuando él era un muchacho que jugaba en la calle. Después de ser atropellado acabó falleciendo mientras esperaba ser atendido en la cola de un hospital público saturado.

Por eso los manifestantes piden hospitales con el padrón FIFA e ironizan con llevar a sus hijos al estadio cuando estén enfermos. Pero la protesta no sólo tiene a los gestores como diana, los medios de comunicación y sus manipulaciones también aparecen en las consignas. El dinosaurio Globo TV, incansable alcahueta de la alienación del ciudadano medio, con tele-novelas que reflejan un mundo de lujo, consumismo y desprecio a las minorías, tuvo que optar por mandar a sus reporteros a la calle sin identificación en los micrófonos por miedo a posibles agresiones. En Natal, donde comenzó la revuelta del autobús existía un hermoso estadio fue demolido para albergar tan sólo unos partidos de la fase previa y engordar con comisiones y componendas al borde de la ley a las empresas participantes.

En Brasil cuando una obra es considerada de emergencia puede ser encargada directamente sin pasar una licitación que elija la mejor oferta. Como suele suceder en estos casos se produjeron las mismas escenas de brutalidad policial con infiltrados entre los concentrados y unas eufemísticas “bombas de efecto moral” junto con botes de humo, balas de goma y espráis de pimienta. Los elementos más violentos y descontrolados no pertenecen al movimiento y pretenden desprestigiarlo. Hay quienes quieren ver en estas provocaciones el intento de la extrema derecha de hostigar al gobierno y provocar un pronunciamiento militar con la excusa de la lucha contra la anarquía, siguiendo el guión del golpe de estado de 1964 que sumió a Brasil en la represión y la tortura durante veinte años.

El laberinto de Dilma

La inmensidad del país, sujeto a inercias históricas desde su independencia, y la condición presidencialista de la república, igual que en los Estados Unidos, convierten a Dilma Rouseff en rehén de apoyos parlamentarios y territoriales. La corrupción de los gobiernos de cada estado consigue incluso hacer desaparecer las remesas destinados a educación básica, administrada por los municipios. Los millones de brasileños que viven en la pobreza son la herencia de una abolición de la esclavitud ineficiente que no repartió tierras vacantes entre los libertos, obligándoles a seguir siendo esclavos virtuales de los dueños de la tierra. Los grupos agro-ganaderos y evangélicos son esenciales para determinadas votaciones en el congreso. Los primeros imponen la destrucción de la floresta y el desalojo de los indígenas de sus tierras para aumentar sus ganaderías y la siembra extensiva de soja con destino a bio-combustibles.

La bancada evangélica intenta por cualquier medio acabar con la laicidad del estado. Aprovechando el revuelo en las calles la comisión de derechos humanos comandada por el pastor Marcos Feliciano acaba de aprobar el proyecto conocido como “cura gay” en el que se describe la homosexualidad como una enfermedad curable, reclamando de los insuficientes servicios de salud públicos una supuesta terapia psicológica para los enfermos imaginarios.

Otra de las ocurrencias de la siniestra bancada evangélica ha sido el conocido como “estatuto del nasciturus”, una diabólica propuesta anti-abortista que obligaría a los violadores que embarazan a sus víctimas a reconocer el fruto de su delito en el registro civil y a hacer frente a sus responsabilidades económicas como padres. Afirman hipócritamente que lo único bueno de una agresión sexual es la nueva criatura que viene al mundo, forzando a las mujeres violadas a tener una relación legal y parental con sus verdugos. A partir del primer gobierno de Lula las grandes masas desfavorecidas de Brasil comenzaron a recibir una mínima parte de la riqueza brasileña pero las élites que concentran los bienes y que hasta hace poco ostentaban todos los privilegios, como el derecho a cursar una universidad pública, están reaccionando para recuperar de cualquier forma una parte del poder que perdieron en las urnas.

La importancia de Brasil

En un contexto de crisis global cabe preguntarnos qué es lo que tiene que ver la política brasileña con nuestra realidad. La respuesta es que Brasil encarna una de las alternativas más atractivas de materialización de una nueva potencia mundial para sustituir a los Estados Unidos dentro del grupo de los países emergentes que forma junto con India, Rusia, China y Suráfrica. Su capacidad demográfica y sus reservas de materias primas la convertirían en la perfecta candidata para personalizar una tercera vía entre el capitalismo salvaje y los vestigios del viejo comunismo totalitario. Pero necesitaría una auténtica revolución cultural que diera formación a las masas sin escolarizar, abandonar un patrón económico que privilegia la explotación de materias primas que no generan valor añadido y dejar de confiar en el consumo privado como fuente de dinamización económica, con una nueva clase media endeudada hasta las cejas por la facilidad con la que corre el crédito y las elevadas tasas de interés. Para empeorar el conjunto de la obra, la explotación de las enormes reservas de combustibles fósiles ha hecho que Brasil se olvide de las energías renovables. Natal es una de las diez ciudades con más horas de sol del mundo, unos trescientos días al año, que son desperdiciados igual que la fuerza de los vientos. El epílogo podría ser un texto que se leía en uno de los carteles de los manifestantes: un país desarrollado no es un país donde los pobres tienen coche, es un país donde los ricos usan el transporte público.

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Protesta contra el proyecto de cura gay..


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