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La heterogénea y divida oposición parece avanzar hacia la unidad

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La heterogénea y divida oposición parece avanzar hacia la unidad

Javier Martín
Damasco, 15 ene (EFE).- Ecléctica y todavía dividida, la amplia y variada oposición siria ha comenzado a dar pasos en busca de esa unidad necesaria para hacer tambalear el aún firme régimen de Bachar al Asad.
Islamistas, laicos, opositores en el exilio y resistentes en el interior del país comparten objetivos, pero difieren en cuestiones fundamentales como los métodos para lograrlo, quién debe liderar la lucha o si debe haber intervención extranjera.
Las discrepancias han propiciado que, casi diez meses después de iniciadas las protestas, el régimen perezca sólido y los avances hayan sido mínimos, más fruto de la inercia y el entusiasmo que de una planeada estrategia.
Al contrario de lo ocurrido en sublevaciones similares, como en Libia, donde los rebeldes adquirieron reconocimiento internacional en apenas un mes y en poco más lograron controlar Bengasi, segunda urbe del país, los alzados sirios carecen aún de apoyo concreto y no han sido capaces de levantar la grandes ciudades.
Durante meses, la diplomacia mundial no ha sabido a ciencia cierta a quien debía dirigirse, antes de decidir los pros y contras de una costosa acción militar como la que condujo al derrocamiento de Muamar al Gadafi.
"Creo que no es momento de discusiones. Lo esencial es expulsar al dictador y debemos centrarnos en ello. Después ya habrá tiempo para solucionar otros problemas", explica a Efe Ahmad Sahrar, que se identifica como un miembro de la oposición "a la espera" en los suburbios de Damasco.
Hasta la fecha, el principal grupo opositor es el denominado Consejo Nacional Sirio (CNS), asentado en Turquía, dirigido por Burhan Ghalioun, un tecnócrata residente en París con fama de conciliador, e integrado por críticos laicos en el exilio, Hermanos Musulmanes y líderes kurdos.
Aunque su liderazgo es aún discutido, lo cierto es que desde que accedió al timón ha sido recibido por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ha logrado que Londres nombrara un enviado especial y ha abierto negociaciones con la criticada Liga Árabe.
Sin embargo, parece haber fracasado a la hora de estrechar la brecha entre islamistas y laicos, y de atraer hacia su seno al denominado Comité de Coordinación Nacional (CCN), segundo gran grupo opositor.
El CCN, compuesto en su gran mayoría por opositores y resistentes que aún viven en Siria, critica lo que en su opinión es una excesiva influencia de los islamistas, y en particular de los Hermanos Musulmanes, en el CNS.
Además, ha dialogado con el régimen y se opone a una eventual intervención extranjera en el conflicto, una opción que el CNS rechaza también de forma oficial pero que apoyan de manera personal un número cada vez mayor de sus miembros.
Las divergencias quedaron patentes el pasado diciembre cuando el consejo del CNS -y en particular los Hermanos Musulmanes- rechazó un documento que el propio Ghalioun había consensuado con el CCN, en el que se esbozaba una transición democrática y que debía ser entregado a la Liga Árabe este mes.
En esta atmósfera de confusión, las noticias del acuerdo de colaboración entre el CNS y el denominado "Ejército Libre Sirio", brazo armado opositor que lucha sobre el terreno, y la deserción del general Mustafa Ahmad al Sheij han sido recibidas este fin de semana con entusiasmo.
Al parecer, Al Sheij -el oficial de mayor rango que hasta la fecha ha abandonado las filas del régimen-, se encargará de coordinar la acción entre la oposición civil y los grupos armados, además de crear una estructura para absorber e integrar el creciente número de desertores.
Responsable de la seguridad en el norte del país, zona donde la represión es más dura, el general, de 54 años, aseguró que se había atrevido a dar el paso a causa de la "excesiva brutalidad del régimen".
Al Sheij es considerado una pieza fundamental, no solo por su conocimiento del terreno si no también porque puede espolear las defecciones de otros oficiales hacia las filas que ahora comanda el coronel Riad al Asad.
Aunque la política de Bachar al Asad en los últimos años ha sido debilitar y dividir al Ejército en favor de los servicios secretos para evitar así un golpe de Estado, lo cierto es que las Fuerzas Armadas son aún uno de los pilares del régimen.
Según cifras del propio "Ejército Libre Sirio", sus fuerzas están integradas por más de 40.000 hombres, de los que cerca de la mitad son desertores.
Una cifra que ponen en cuarentena expertos internacionales, que consideran que es mucho menor.
Desertar en Siria conlleva un enorme riesgo: primero para las familias de los que huyen -que sufren el castigo- y después para los propios desertores.
"Los que son capturados, son torturados, y después sus nombres y sus cuerpos son usados para acusar a la oposición", argumenta Sharar. EFE


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