El Comercio
Anuario 2016

El día que ardió el corazón de Oviedo

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Eloy Palacio y JuanCarlos Fernández, ‘Cuni’, subidos a la autoescalera el día que el fuego colapsó el edificio de Uría, 58 y puso a la ciudad de Oviedo en jaque. / Mario Rojas

  • El incendio del 7 de abril destruyó dos edificios protegidos y se llevó la vida de Eloy Palacio

  • La jueza archivó las diligencias por la muerte del bombero al entender que no había responsabilidad penal en el accidente

En siete horas de impotencia, el fuego destruyó un edificio modernista y protegido de Juan Miguel de la Guardia –el 58 de la calle Uría–, derruyó parcialmente el 25 de Melquíades Álvarez, también catalogado, y se llevó la vida del bombero Eloy Palacio. Todo ante los ojos de cientos de ovetenses que vieron el 7 de abril cómo los bomberos eran incapaces de controlar un incendio en pleno corazón de la ciudad.

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  • Vídeo«Es una pena ver como se quema tu casa»

  • VídeoAsí se derrumbó el edificio

Al luto por Eloy Palacio siguieron las preguntas. Muchas no tienen respuesta ocho meses después. La jueza de Instrucción Número 2 decretó el archivo de la causa penal por el fallecimiento del bombero. Consideró que los fallos durante la intervención –en las transmisiones o en el brazo articulado– no fueron causa de la muerte, que atribuyó a la posible malinterpretación de una orden anterior y a los riesgos inherentes a la profesión. La decisión está recurrida, pero en estos meses el Ayuntamiento ha sido incapaz de explicar por qué solo hay un hidrante en la calle Uría, por qué no funcionó ni se pudo usar durante el incendio o quién es el responsable o responsables de todo ello. En la agitación de esos días, llegó a denunciar el robo de un plano. Meses más tarde se supo que la Policía Científica comprobó las bocas de riego y de incendio del entorno y encontró varias inutilizadas o sin agua.

El detalle no es menor. Exista o no responsabilidad penal de los mandos por el fallecimiento de Eloy Palacio. Los afectados por el incendio o los comercios y negocios que vieron cerrada la calle Uría o Melquíades Álvarez al tráfico durante semanas pedirán responsabilidades civiles. Frente a la versión de los mandos que participaron en la extinción –«sobró agua», declaró el jefe de Bomberos–, EL COMERCIO publicó en junio el registro de las grabaciones de las comunicaciones durante la intervención que decía bien lo contrario.

No sobró agua. Faltó desde el inicio. En las grabaciones se escucha, por ejemplo, al bombero conductor Alberto Gallo pedir a Eloy Palacio y a su compañero Juan Carlos Fernández, ‘Cuni’, que resultó milagrosamente solo herido leve, que «esperen cinco minutinos, que no tengo agua. Cinco minutinos y os abro otra vez». Gallo fue durante toda la intervención el que se ocupó de tratar de surtir de agua a sus compañeros subidos en la cesta del brazo articulado frente al edificio en llamas de Uría. Hizo lo que pudo. «A ver, acabo de quedar sin agua y no tengo más hidrantes. Hay dos que echan muy poco y otro que casi nada. Dejarme que recupere cinco minutos para que cargue un poco», se le escucha cincuenta minutos antes del desplome de la cornisa que arrastró a los dos bomberos.

El helicóptero

La falta de medios es constante durante toda la intervención. Tanta que, cuando las llamas toman la cubierta, el subinspector Sigfrido Fernández sugiere desde la central llamar al 112 «a ver si hay posibilidad de que manden el helicóptero y haga una descarga». No se hizo por la falta de permisos y el riesgo evidente de la operación, pero al Principado se le pidieron más medios. Entre ellos, otro brazo articulado, junto al que llegaron, ante la evidente falta de agua, dos camiones nodriza más cargados con agua desde el parque de Llanera.

En las grabaciones, también se escuchan algunas de las recargas que, ante la falta de agua en Uría, tuvieron que hacer las cubas en el cuartel de Rubín, perdiendo hasta treinta minutos en cada viaje. También, como en medio de la desesperación, a un mando se le ocurre pedir que alguien vaya «al almacén de Julio a recoger la escalera». Se refiere a la vieja autoescala Magirus, depositada en un almacén en Trubia, después de treinta años de servicio y que no ha pasado una revisión desde hace seis.

La caída

La tragedia sobreviene en pocos minutos. Los veinte que median entre la orden que reciben Palacio y ‘Cuni’ de un intendente : «La cornisa está quemando, tirad para arriba y apagadla». De esa cornisa caerían, después, al vacío. El intendente incluso les advierte de lo inseguro de esta, porque «hay peligro de que (el fuego) siga progresando y caiga parte del material».

El fuego está controlado ya a esas horas. De las grabaciones parece deducirse que el interés de los mandos se traslada a los bomberos, tres, que trabajan desde el interior de Melquíades Álvarez y que se salvarán por los pelos del derrumbe. Por primera vez, se pregunta por quiénes y cuántos son. Instantes después se escucha un fuerte ruido. Es el momento en el que Eloy Palacio y ‘Cuni’ caen con la cornisa. La emisora se llena de voces. Unas piden agua para el brazo, «para aclarar el humo»; otras llaman: «A ver, Eloy me recibes». No hubo contestación.

Desde entonces, se suceden los homenajes al fallecido, con un improvisado altar en su memoria en el Campo San Francisco y otro pintado en el casco de su compañero ‘Cuni’, que no se lo quita de la cabeza. Las obras de reconstrucción del número 58 de Uría pronto borrarán el agujero dejado por el incendio. Nadie podrá borrar la sensación de impotencia.

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