Asturianos por el mundo
Miguel con Louis, su novio, con el que se casará en enero.
Miguel con Louis, su novio, con el que se casará en enero.

«A España solo volvería a trabajar por mucho dinero»

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  • Miguel Abeledo-Piñeyroa da clases en la Escuela Británica de Río de Janeiro

  • «Cuando miraba a España hace unos años pensaba '¿me habré confundido?', ahora pienso 'de buena me libré'»

«Cuando miraba a España hace unos años en la burbuja de la bonanza pensaba: '¿me habré confundido?', pero ahora pienso 'de buena me libré'. Por algún motivo España nunca termina de levantar cabeza». Lo dice Miguel Abeledo-Piñeyroa (Gijón, 1971), a quien no hay frontera que se le resista. Ya las frecuentaba de niño. De pequeño vivió en distintos puntos de España e incluso en Francia y Argentina y con 15 años volvió a Gijón. Del Calderón de la Barca se mudó a Londres y de allí a Oviedo para licenciarse en Geografía e Historia. Desde entonces no ha parado. Primero Alemania, luego Francia hasta que decidió cruzar el charco. «En 1998 estaba un poco perdido con el tema de las escasas salidas laborales y pensé en irme a Alemania de nuevo, pero al final me salió una beca de investigación en Buenos Aires». Y allá se fue. El amor tuvo algo que ver en la decisión. El romance que le empujó a tierras australes fracasó pero la experiencia profesional fue insuperable. «Empecé a estudiar teatro y a trabajar en el circuito de teatro profesional y a dar clases de geografía en inglés en escuelas internacionales», relata.

Había que entornar la balanza hacia el teatro o la docencia y ganó lo segundo. «Poco a poco me fui decantando como profesor y empecé una carrera internacional dentro del programa de estudios conocido como Bachillerato Internacional. Viajé mucho dando talleres por todo el mundo y también participando de los programas de la organización», rememora Miguel. Bien posicionado como estaba, llegó una oferta para dirigir el departamento de Geografía de la Escuela Británica de Río de Janeiro. Ese es su hogar desde 2006.

La vida no le trata mal. De uno de sus viajes a Holanda se llevó «un holandés de recuerdo» y el 8 de enero habrá boda. Está más que bien acompañado. Tiene dos perros, cuatro gatos, tortugas... Y la suerte de poder relajarse de vuelta a casa -trabaja de ocho de la mañana a las 3.30- con un vino o una caipiriña. Ipanema por semana no, porque a las cuatro el sol está muy bajo- «y a mí me gusta la playa de quemar»-, pero los fines de semana está a su disposición.

El trabajo le lleva de viaje a Pantanal, Foz de Iguazú o la Isla de San Andrés, en el Caribe, de modo que no hay queja que valga. Además, el Bachillerato Internacional que imparte -en Gijón lo oferta el Jovellanos- tiene un sinfín de pros: «El sistema tiene un gran nivel académico y los programas de estudio se renuevan en ciclos de 5 años de manera que estan siempre actualizados», afirma.

Dice Miguel que Brasil es culturalmente menos interesante que Argentina, pero aún así sobran la música y los bares, aunque no siempre sea fácil pillarles el punto. «Llegar al fondo de los brasileños puede ser difícil, tengo algunos amigos pero pocos, son una cultura muy de familia». Pero sí es un lugar recomendable para trabajar, hoy en día de oportunidades, y también para conocerlo como turista. «Es recomendable para turismo de playa y el carnaval. Yo desfilé el año pasado y pienso volver a hacerlo el que viene», anuncia.

Es un país caro y también peligroso, con niveles de pobreza muy altos. «España es una sociedad más justa», dice este gijonés que elogia el gusto de las brasileñas: «Me gusta su criterio desenfadado en la estética. La gente es mucho más aburrida para vestirse o para arreglarse en España». En conclusión: «Es un buen destino para vivir unos tres o cuatro años, después puede volverse aburrido».

Él tiene las miras puestas en mudarse a algún país del Caribe o del Sudeste Asiático, con playa, calor y buen sueldo. Volver a la península ibérica no entra en sus planes: «A España solo volvería a trabajar por mucho dinero». Y si lo hiciera, no sería Asturias. El clima no acompaña tan al norte los gustos cálidos de Miguel, que sí tiene añoranzas, por supuesto. Y no son pocas: «La sidra, la marcha, la fiesta, las copas baratas, la comida, los amigos y la familia. Vuelvo a Asturias por lo menos una vez al año y me encanta, el concepto pasarlo bien se invento en España».