Asturianos por el mundo

«México es peligroso si vacilas mucho»

Jesús Ibaibarriaga (a la izquierda), con un amigo durante una noche de fiesta mexicana.
Jesús Ibaibarriaga (a la izquierda), con un amigo durante una noche de fiesta mexicana.
  • Jesús Ibaibarriaga es ovetense y trabaja en México en la filial española de una empresa belga

  • «Tardaremos todavía bastante en ver que el AVE llega a Asturias», pronostica este ingeniero que volverá a casa por Navidad

Para presentarse en la puerta de la casa de su familia estas Navidades como si del protagonista de un anuncio de turrón se tratase, el ovetense Jesús Ibaibarriaga -Ibai para los amigos- tendrá que conducir cinco horas hasta llegar a la localidad de Hermosillo, donde se subirá a un avión rumbo a México Distrito Federal (otras dos horas y media) y, desde allí, coger otro vuelo que le llevará a España (doce más). Eso, si nada se retrasa.

Sólo con ejemplos como ese se entienden las distancias y la riqueza cultural de México, donde este ingeniero levanta actualmente el aerocondensador de la planta de ciclo combinado de Agua Prieta II, que ya encara su fase final.

Ese es el trabajo que, a sus 37 años, le ha encomendado Esindus, la filial española de una multinacional Belga (Hamon) dedicada a la ingeniería, el suministro y la construcción de torres de refrigeración y aerocondensadores por la que fue contratado en 2011 después de construir un abultado currículo que incluye una beca Erasmus. Eso, y vivir en lugares tan alejados entre sí como Madrid, Bilbao, Coventry (Inglaterra), León, Sofía y Sliven (Bulgaria), Douglas (Arizona), México D. F., Guadalajara y, por fin, Agua Prieta, en el estado de Sonora, casi en la frontera con Estados Unidos.

«No me quejo», resume. Y no se queja porque, entre otras cosas, en España, «durante la época de vacas gordas», participó en «obras tan emblemáticas» como el túnel de San Pedro de la línea de Alta Velocidad Madrid-Valladolid. Un AVE que, pronostica, «tardaremos todavía bastante en ver en Asturias».

«La verdad es que en México se vive bastante bien, pero en Bulgaria también. Yo siempre digo que te puedes aburrir mucho en Cuenca, pero también en Manhattan. Eso depende de ti. De cómo te lo montes. Y, aunque me fui por la crisis, estar fuera de España me da un bagaje que, de otra forma, no tendría», cuenta este exalumno del Colegio Loyola de espíritu práctico que, de su paso por EE UU, conserva un recuerdo muy especial que fue un capricho: el precioso Dodge que se compró allí y que descansa en el garaje de la casa familiar en Oviedo hasta la próxima visita de su dueño.

Porque en una nación que exige verdad, justicia y reparación para los 43 estudiantes asesinados el pasado septiembre en el estado de Guerrero e inmersa en una reforma en materia de seguridad para tratar de atajar la escalada violenta «que tiene a la gente muy preocupada junto con la corrupción generalizada que afecta desde el Gobierno a la Policía pasando por los narcos», una de las reglas para sentirse relativamente seguro es, según Jesús Ibai, «no vacilar mucho, no llamar mucho la atención», así que, a ser posible, «el coche que lleves que sea más bien normalito».

El robo del oro

Por lo demás, se siente cómodo en ese enorme país azteca en el que «el 95% de la gente es muy abierta con los españoles y todavía hay muchos que se refieren a España como 'la madre patria'», aunque «siempre te encuentras al típico 5% de mexicanos que te salen con lo de que les robamos el oro».

Y todo, en medio de muchas vivencias que lo acercan a Asturias gracias a unos lazos que no se han terminado de romper: «Ya he conocido a bastantes nativos de abuelos españoles. Sobre todo, gallegos y asturianos, aunque eso no implica que sepan dónde está el Principado necesariamente», admite.

La gastronomía es otro de sus fuertes, por más que él no pueda dejar de extrañar esa tortilla de patata que hace su madre y que le pide cada vez que llega a Oviedo.

«Allí siguen mis padres, mis hermanos y mis sobrinos, así que entre mis planes está buscar un trabajo más estable y volver a Asturias de forma permanente. Aunque, después de tanto tiempo fuera, sospecho que ya no se acuerdan de mí», bromea. Lo sabrá en Navidad.