Asturianos por el mundo

«Vivir fuera te abre la mente»

David Rueda vive en Melbourne.
David Rueda vive en Melbourne.
  • David Rueda trabaja como ingeniero naval en Melbourne

  • Tras diez años en Juliana, se desplazó a Ferrol y de allí a Melbourne, donde ejerce como enlace del astillero Navantia en la construcción de dos buques para la Marina Australiana

Lejos. Muy lejos de todo. Australia, el destino laboral desde 2011 de David Rueda Roca (Oviedo, 1973) está a día y medio de avión, pero a golpe de skype. Y siempre conviene mirar el lado bueno. Él, ingeniero formado en Gijón y en Alemania y forjado en Juliana durante diez años, acabó en 2010 destinado en Ferrol y con la idea clara de hacer el petate. «Yo, al llegar a Ferrol, ya dije que quería irme a Australia». Dicho y hecho. Le destinaron al ALHD, «un proyecto de dos busques de proyección logística» para Australia construidos en Navantia Fene-Ferrol. En 2011 se embarcó a Melbourne. «Incialmente, cuando vine en febrero de 2011, el astillero de Ferrol necesitaba un 'engineering liaison', es decir, un enlace de ingeniería entre nuestro subcontratista BAE Systems y el astillero en España», relata.

Resumiento, lo suyo es comunicar antípodas en beneficio del buque. Pero, las cosas han cambiado: «A partir de 2013 mi perfil se incrementa y no solo tengo que llevar el tema de ingeniería, sino que me asignan la labor de llevar la relación con la Sociedad de Clasificación Lloyds Register of Shipping aquí en Australia, que es como la clasificación del buque». Dice que se convirtió en una especie de 'Jack of all Trades' (chico para todo) metido en mil líos que -lo deja clarísimo- no trabaja solo, sino con un magnífico equipo repletito de grandísimos profesionales. Ha trabajado duro, pero hace un mes se entregó el primer buque a la Armada Australiana con éxito. «La verdad es que he sido afortunado por tener esta experiencia a pesar de los sacrificios», dice.

De momento, allí sigue haciendo balance de todo lo bueno: «El estar aquí es una oportunidad laboral y personal inigualable. No cabe ninguna duda de que vivir fuera te hace crecer mucho como persona y te abre la mente, te enseña otros mundos, otras gentes y otras culturas», resume. Está contento y de momento hasta finales de 2015, en que se acabará el segundo barco, no hay nada en mente más allá de dejarse llevar: «Mis planes de futuro están determinados por mi vida personal y por lo que la empresa necesite de mí, en ese orden. De todas formas, la vida me ha demostrado una y otra vez que yo puedo hacer los planes que quiera que ya se encargará ella de darles la vuelta y ponerlos al revés».

No es malo en absoluto el plan que le ha puesto la vida ante los ojos. Desde la perspectiva laboral ha podido aprender y advertir diferencias: «Aquí la seguridad en el trabajo prima por encima de todo», detalla, y habla después de camisas de alta visibilidad, de protección solar gratuita, como el té, el café, la leche... En un país con un desempleo que no pasa del 5%, elegir trabajo es posible, pero, eso esí, los festivos se reducen notablemente respecto a España.

En el ámbito personal, David advierte diferencias culturales mayúsculas. Al contrario que España, Australia es un país de madrugadores. «A las seis de la mañana el 90% de la población está ya en pie y la mitad de ese porcentaje o bien corriendo o montada en una bicicleta». Prontito a la cama. Es lo que toca en Australia, donde también existe un choque gastronómico notable. «Los sabores son muy diferentes,hasta las verduras y hortalizas son distintas», apunta. Eso sí, ahí está la carne de Angus, «lo mejor», para matar cualquier penuria. Adicto como es al café con hielo -«aquí no saben lo que es»-, David revela otro choque que cuesta asumir: las distancias. «Todo está lejos. Te acabas acostumbrando a conducir durante 4 o 5 horas el viernes para ir a no sé dónde, pasar el sábado y volverte el domingo conduciendo ese mismo número de horas». Es un país inmenso y de contrastes, de poblaciones enormes y pequeños pueblos. «No hay término medio».

Son tolerantes los australianos. Nadie mira a nadie por la calle si lleva el pelo amarillo y no se consienten bromas o expresiones fuera de tono. Y todo ello da puntos para elogiar a un país de acogida que es también un lugar de oportunidades, aunque sean extremadamente quisquillosos a la hora de conceder visados. «Yo siempre lo recomiendo, Australia es un país afortunado que ofrece muchas posibilidades», afirma. No nos observan ellos a nosotros de la misma manera. «Hace dos años veían a España como un país en ruina, ahora la imagen ha mejorado algo». Él mira con amor odio hacia su país. No es ajeno a sus defectos, que vienen de lejos, y les pone nombre: «España es un país muy cainita, en que, a pesar de que tenemos grandes cualidades, nos empeñamos en que la envidia, la injusticia y las diferencias sociales campen a sus anchas».

Claro que es su país y lo añora. Tanto como las montañas y las cuevas. Espeleólogo y montañero, Australia no es paraíso ni de oquedades y ni de alturas. «Eso sí que lo echo de menos y me corroe por dentro», lamenta. De vuelta a casa, un paso por los Picos de Europa, la familia y los amigos -«los mejores que se pueden tener»- lo arregla todo.