El Comercio
Asturianos por el mundo

«Dublín es el Silicon Valley de la UE»

Sara Bravo Álvarez, en el Convention Center de Dublín.
Sara Bravo Álvarez, en el Convention Center de Dublín. / E. C.
  • Sara Bravo vive en Dublín desde hace cuatro años y medio | Periodista y economista, está convencida de que «España está mejorando, pero aún queda un largo camino para llegar al nivel de países punteros en Europa»

Cada vez que vuelve para pasar el verano en Asturias, Sara Bravo Álvarez (28 años) convierte la casa de sus abuelos, María Teresa y Ángel, en pleno centro de Ribadesella, en una reunión de las Naciones Unidas. «Traigo a gente de todas partes del mundo al Descenso del Sella y acampamos allí. Mis abuelos nos reciben con mucha ilusión y con muy buen humor, así que les estoy muy agradecida», cuenta esta ovetense que habla a la perfección tres idiomas y que salió de la madrileña Universidad Carlos III con dos licenciaturas bajo el brazo después de haber estado un año de Erasmus: Economía y Periodismo.

Sin embargo, Sara siempre supo que la segunda opción no iba a ser lo suyo, sino que le serviría «como una herramienta para saber interpretar lo que ocurre y para anticiparse a las noticias». Y así fue como, después de tres años en la Provenza francesa, se marchó a Dublín, donde trabaja desde hace cuatro y medio como desarrolladora de negocio en una empresa informática que vende servicios en la nube. Todo, trabajando «por objetivos».

«Dublín es el Silicon Valley de la UE. Todas las grandes empresas informáticas montan sus sedes europeas allí ya que tienen ventajas fiscales y fácil acceso a personal cualificado», explica sobre su empleo actual, en el que ha aprendido, por ejemplo, que salir de trabajar más tarde de lo que fija el horario «no siempre está bien visto» .

«Puede ocurrirte de forma excepcional, pero, si echas más horas por sistema, se entiende que no eres capaz de hacer tu trabajo a tiempo», cuenta sobre las diferentes formas de medir la productividad y los tiempos en un país en el que «a las diez de la noche los restaurantes están cerrados», pero no hay quien se salte una fiesta.

Sobre su vida en la capital irlandesa, donde comparte un dúplex con dos amigas, Sara asegura que está feliz. «Yo no me fui empujada por la crisis, sino por la aventura. Me encanta estar fuera, hablar idiomas, conocer a gente de todas partes», resume. Y sobre la salida de esa crisis, su parte de economista se mantiene cauta: «España está mejorando, aunque aún nos queda mucho camino que recorrer para acercarnos al nivel de países punteros en Europa». Al tiempo que constata que «cada vez hay más españoles que llegan a Irlanda obligados por las circunstancias».

«Yo he visto situaciones desesperadas de gente que llega con todos sus ahorros, que les dan para vivir dos meses en un hostal, habiendo dejado a su familia en España y sin hablar una palabra de inglés», relata esta mujer de alma cosmopolita que desmiente también que «el tiempo de Asturias sea malo». «El clima de Dublín sí que es terrible, porque es muy difícil ver el sol, aunque te acostumbras», subraya la mayor de tres hermanos actualmente instalados en Madrid pero que han hecho de Asturias el punto de encuentro familiar.

«Todos venimos mucho porque en Europa todo está a tiro de piedra». Eso sí, precisa: ella viaja con Ryanair vía Santander, donde siempre hay alguien esperándola.

«Una de las cosas que más se echa de menos es la sidrina. Porque yo siempre digo que la sidra que tienen allí, con sabores y que parece gaseosa, es un sacrilegio», bromea. Una gastronomía «en la que todo lleva patata o queso que tampoco es su punto fuerte». Pero se compensa con el carácter de los irlandeses, «muy celta, del norte»: «Al principio, les cuesta abrirse, pero, en cuanto te conocen, te hacen sentir parte de su familia».

La referencia: Woody Allen

A quien no sabe dónde está Asturias, Sara le habla de la película de Woody Allen rodada, en parte, en Oviedo. «Les digo 'Vicky, Cristina, Barcelona' y rápidamente se dan cuenta. Ni Premios Príncipe de Asturias ni nada», se ríe.

Por lo demás, el país «está revolucionado en últimas semanas por la aparición de un nuevo impuesto para gravar el agua, el Water Tax, aunque la recesión irlandesa no se ha notado tanto como en otros lugares de Europa», así que Sara aprovecha la bonanza para disfrutar de la vida dublinesa antes de volver a «la tierrina». Algo que se plantea «a medio o largo plazo».