El Comercio
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«El Gobierno ya no engaña a nadie»

Marina García Macia, con Nueva York a sus pies.

Marina García Macia, con Nueva York a sus pies. / E. C.

  • La bióloga Marina García Macia trabaja en Nueva York. «Se ha invertido mucho en nuestra formación universitaria y las ganancias se las están llevando otros países», denuncia

Marina García Macia (Gijón, 1984) echa de menos a su familia, a sus amigos, la sidra y el Cantábrico, porque los cachopos ya se los cocina ella y porque su vida discurre desde el pasado año en el Bronx neoyorkino, en «la zona norte más tranquila de una ciudad que vive en un estrés permanente, por lo que no es muy recomendable para pasar la jubilación», bromea con el buen humor que desprende. Una urbe que, en cambio, resulta fascinante para una treinteañera con «ganas de aprender muchísimo», reconoce esta bióloga licenciada por la Universidad de Oviedo que actualmente está contratada como investigadora postdoctoral en el laboratorio de Rajat Singh, en el Albert Einstein College of Medicine, que depende de la Yeshiva University.

Lo suyo con Singh fue un flechazo profesional de libro, explica con admiración: «Llegué aquí por primera vez el 27 de febrero de 2014, a hacer una estancia predoctoral de seis meses, y me ofrecieron trabajo después de acabar la tesis. Encontré este laboratorio porque había leído varios trabajos de mi jefe y me encantaba lo que hacía, con lo que tanto la estancia como formar parte de su grupo ahora es un regalo».

Como otro regalo fue que, desde el principio, «la adaptación» a la gran manzana resultó «coser y cantar», porque tuvo «la enorme suerte de llegar a un centro con una importante comunidad de españoles». Es lo que ella llama «el abrigo» entre tanta nevada. Así que, desde el primer momento, compartió piso y vivencias con una compañera de Tarragona y formaron una piña de españoles que desmiente aquello de que no hay marcha en Nueva York, algo que sólo tiene un pequeño «inconveniente»: «Haces muchos conocidos y algunos amigos, pero, al ser un lugar de paso, también tienes que acostumbrarte a despedir a mucha gente, lo que se hace muy difícil. Lo bueno es que ahora vivo con mi pareja», anota.

Otra cuesta arriba es la distancia, «porque estás lejos de tu mundo, de tus relaciones de años y años, de tu gente». Y, en esa separación, «pasan muchas cosas de las que no puedes ser partícipe», como los nacimientos de los primeros bebés de sus amigas y de sus primas. Y no estar en esos momentos tan importantes, admite, le «genera mucha nostalgia». La combate con todo lo que ofrece «la mejor ciudad del mundo», todavía asombrada por «todo lo que oferta: una gastronomía magnífica, arte, música, culturas de todo el mundo... No tienes tiempo de aburrirte». Y el balance final es que Marina está «feliz» a pesar de los contras, como que «todo es muy diferente -hasta el agua es distinta-, más grande y de peor calidad. Y, además, cobras lo justo para vivir. Eso sí: muy intensamente».

Los españoles, latinos

«En general, la calidad de vida de este país competitivo y en el que no se hacen amigos fácilmente es muy inferior a la española, aunque parezca sorprendente. Aquí la educación y sanidad son mucho peores que las nuestras y muy caras, lo que hace que sea un país en el que no me gustaría vivir para siempre», añade.

Con esas luces y sombras en el horizonte, lo que sí espera es seguir «una larga temporada» investigando en el laboratorio de su admirado Rajat Singh y «publicando cosas interesantes» en un lugar que «identifica a los españoles con los latinos y que ve muy mal la situación de España, en declive totalmente. Y más, la de los jóvenes».

Ella también lo tiene muy claro: «Pese a que el Gobierno hable de un planteamiento en el que se nos presenta como jóvenes aventureros, creo que no engaña a nadie: no hay trabajo. Se ha invertido mucho en nuestra formación universitaria y las ganancias se las están llevando otros países». «Digan lo que digan -no es ningún secreto tampoco para nadie-, el futuro es incierto y en España más, así que no lo veo allí. Aunque, probablemente, sí en algún punto de Europa».