Asturianos por el mundo

«Llevo un año y medio descalzo»

Juanra Ortiz, en pleno paseo costarricense.
Juanra Ortiz, en pleno paseo costarricense. / E. C.
  • El gijonés Juanra Ortiz trabaja en Costa Rica como chef privado | «¿Qué voy a echar de menos? ¿Trabajar once horas para soñar con las vacaciones?»

Todo se gestó como surgen muchas ideas brillantes: tomando unas cañas con unos colegas. No hizo falta mucho más que eso y un mail en el que otro amigo le informaba de que necesitaba alguien para trabajar en un restaurante que iba a abrir en Costa Rica para que Juanra Ortiz decidiese dejarlo todo atrás y embarcarse rumbo a su nueva existencia en la llamada 'Suiza de Centroamérica', un país con un nivel de vida que no poseen, ni de lejos, sus vecinos. La restauración no era un terreno desconocido para este gijonés de 36 años que, desde los 16, cuando empezó como recogevasos, había tenido tiempo de vivir una larga temporada en Mallorca y ser el alma de locales tan conocidos como el Bananas, en Fomento, de la primigenia Buena Vida o el Akelarre, en Cimadevilla. Un especialista de la noche gijonesa que decidió «cambiar de etapa», reflexiona ahora, desde su nueva existencia, esa que se desarrolla en Santa Teresa, «un lugar muy especial y aislado, diferente a todo», al que los visitantes llegan «a hacer surf o yoga, en busca de mucha tranquilidad».

Eso fue lo que encontró en esa pequeña localidad bañada por el Pacífico, al oeste de la península de Nicoya, que atrae a amantes de la playa de todo el planeta, «pero sin aglomeraciones ni paparazzis». Y en una cabaña al lado del mar se levanta todos los días. La rutina siempre es la misma. Primero, un batido de frutas tropicales de las que abundan. Después, a coger olas hasta que se agota. Y, por último, si ese día toca trabajar, ponerse a ello, pero «sin ningún estrés». Y, como mucho, unas cinco horas. «Después de estar un tiempo en el restaurante, empecé a trabajar como chef privado en una empresa que también organiza eventos como bodas por todo el país», algo en lo que tenía experiencia porque, antes que en Costa Rica, trabajó durante un tiempo en Guinea, donde, entre otras cosas, se encargó del catering de varias fiestas organizadas por Teodoro Obiang.

Y, tras esa etapa como de película, ahora su principal tarea consiste en preparar desayunos, comidas o cenas en los bungalós que alquilan clientes de alto poder adquisitivo. Tanto, que pueden permitirse un cocinero propio. Desde estrellas de Hollywood hasta raperos pasando por familias enteras de magnates que reclaman «una comida muy saludable, orgánica, con muy pocas grasas y pocos lácteos. Todo libre de gluten y con productos locales». Gentes que, asegura, «son muy normales y, al final, te invitan a una cerveza o te dan un abrazo y te dicen que estaba todo muy rico».

«Soy más rico que nadie»

«Llevo un año y medio en el que puedo permitirme el lujo de estar siempre descalzo o ir a trabajar en bañador porque todo el mundo va igual y están muy relajadoa. Una vida supersencilla», resume este periodo en el que ha entendido que, «realmente, lo único que necesitas para vivir es un techo, comer y una tabla». Así que, cuando le preguntan que si echa de menos Gijón, Juanra se extraña, como si estuviese ante una pregunta marciana que responde con otra: «¿Qué voy a echar de menos, trabajar diez, once horas al día, para estar todo el año soñando con tener 15 días de vacaciones?». Quizá -rectifica- alguna celebración con familia y amigos, «cuando alguno tiene un hijo o llegan las fiestas de Begoña», pero poco más. «Al final, te das cuenta de que eres más rico que nadie, porque no necesitas nada. Estoy muy feliz», resume este gijonés viajero que cree que los visitantes únicamente se podrían cansar «de tanto aislamiento», porque también es consciente de que tanta paz no sirve para todo el mundo y «hay gente que a los dos días se estaría subiendo por las paredes» en este paraíso natural.

Allí, los parques nacionales y las áreas protegidas cubren alrededor de un 25% del territorio nacional, la mayor del planeta en porcentaje, y se estima que contiene un 5% de la biodiversidad del mundo en menos del 0,1% de la masa terrestre del planeta. «Esta es una de las únicas cinco zonas azules del mundo. Pura vida», se despide Juanra Ortiz. Por si a alguien le quedaba alguna duda.