El Comercio
Asturianos por el mundo

«Nunca me gustó ser alta. Ahora sí»

  • Mar González es la nueva musa de la 'maison' Givenchy | La modelo de Colloto fue descubierta cuando estaba con una amiga en Parque Principado y hoy conquista París

Mar González estaba «con una amiga de compras en Parque Principado» cuando se cruzó con un fotógrafo que, de inmediato, vio en ella ese «algo» que sólo poseen las tops y le propuso hacer un book. Mar tenía 16 años y pensó: «¡Qué miedo da todo esto!».

Esa fue la prueba evidente -dice hoy Mar- de que «la suerte de estar en el momento justo en el lugar adecuado existe» y el primer paso de una carrera vertiginosa que ha llevado a esta ovetense de Colloto con la mayoría de edad recién alcanzada a convertirse en la nueva musa de Riccardo Tisci, el director creativo de la legendaria casa Givenchy, que, en ese mismo «sueño hecho realidad», la acaba de convertir en la 'mannequin vedette' del show en el que presentó su colección de prêt-à-porter otoño/invierno 2015-2016 en plena Semana de la Moda de París.

«La gente de este mundo puede parecer extravagante, pero trabajar con Givenchy ha sido inolvidable y tanto Tisci como todo el equipo fueron muy majos. Cuando me dijo que yo iba a abrir el desfile, sólo una hora antes de que empezase, me quedé sin palabras. Flipando. Es más: te diría que todavía no me lo creo», cuenta entre risas desde la Ciudad de la Luz con una voz que transmite dulzura y felicidad a partes iguales. Y eso, a pesar de que en el desfile de la 'maison' parisina de alta costura fue todo seriedad, recreando una atmósfera en la que Tisci -al que clientas de todo el mundo veneran como a un dios de la moda- volvió a demostrar que tiene un sello propio que ya han definido como 'Gothic Glamour' o 'Gótico Chic', aunque en el show parisino también hizo un guiño a la estética de las cholas mexicanas.

«Llevábamos una especie de septum que, de lejos, parecía un bigote, pero, vistas de cerca, las joyas eran preciosas», explica Mar González sobre el look que lució para la casa Givenchy, con la que ha firmado un contrato de exclusividad, por lo que todo apunta a que será su imagen los próximos meses. Y la elección será todo un acierto, porque, si algo destacan quienes la conocen, es que, pese a su juventud, «tiene la cabeza muy bien amueblada». No en vano, antes de subirse a la pasarela más prestigiosa del mundo, era una buena estudiante en el colegio público de Colloto y, más tarde, en el IES Alfonso II, sacó un 9,09 en la PAU después de aplicarse en el Bachillerato científico -en el que eligió alemán como idioma- y en gimnasia, un campo en el que llegó a competir en pruebas nacionales con el Club Omega. Eso sí, nunca como profesional, como se ha publicado: «Nunca gané dinero con eso. Lo mío siempre fue estudiar».

Desde entonces, las cosas han ido tan rápido que, en apenas seis meses, se ha sumado al elenco de nuevas caras de la agencia Uno Models, pisando la pasarela en la pasada edición de 080 Barcelona, para presentar la colección de Custo. Y, de ahí, a la conquista de París, donde esta modelo con ojos de un color inclasificable -«depende del día son de uno o de otro»- lleva instalada desde enero y donde se conseguido el respeto del front row, una experiencia que define como «emocionante, cansada y caótica. Hay días en los que trabajamos doce horas seguidas, no tenemos horarios y hay que estar siempre listas para salir corriendo. Es estresante, pero me encanta». De lo que ha tenido tiempo a darse cuenta esta asturiana que admira a Mariacarla Boscono y de la que ya se ha ocupado Vogue es de la presión a la que están sometidas sus compañeras con los kilos, que para ella no son problema: «Me encantan los chuletones, los tortos... Pero no sé cuánto peso». Lo que sí sabe es que mide 1,83 y que, por fin, no le parece grave: «Nunca me gustó ser la alta de la clase. Ahora sí. Y ya me pongo tacones, aunque lo que me gusta es ir de plano y con vaquero». Sus padres y su hermana le han dado un consejo: «Los pies, en la tierra».