Asturianos por el mundo

«En el bus solo se nos oye a nosotros»

Alejandro y Aida, acompañados de los niños con los que trabajan.
Alejandro y Aida, acompañados de los niños con los que trabajan. / E. C.
  • Alejandro Lombardía y Aida Pañarando viven en Cracovia | Avilesinos de 22 años, trabajan en dos escuelas de preescolar en el marco de un programa de voluntariado europeo

gijón. Avilesinos cosecha de 1992, Aida Peñarando y Alejandro Lombardía son pareja y residentes en Cracovia desde el pasado mes de octubre. Ella finalizó un Grado de Educación Infantil y trabajó de canguro y dependienta; él estudió electrónica y curró en una pizzería y de conseje, hasta que un buen día supieron de la existencia del Servicio de Voluntariado Europeo y decidieron hacer la maleta. No fue fácil llegar a su destino, en dos escuelas de preescolar de Cracovia para trabajar con niños de tres a seis años. «Después de ponermos en contaco con una organización de Cracovia, del intercambio de muchos correos electrónicos durante todo un año y entrevistas en inglés a través de Skype, aquí estamos».

Dicen Aida y Alejandro que son el ejemplo de que el esfuerzo tiene recompensa. No era fácil que se les admitiera a ambos en las mismas fechas siendo de la misma edad y el mismo país. Pero su aprendizaje ya está en marcha y no finalizará hasta junio de este año. «Nuestra labor consiste en participar, ayudar y colaborar en actividades diarias de la escuela junto a otros profesores. También tenemos nuestras horas durante la semana para llevar a cabo nuestras propias actividades, como enseñar nuestro idioma mediante canciones, juegos y dinámicas para niños de estas edades», detallan.

Por mucho que los 15 grados bajo cero aprieten, están felices con la experiencia, porque están mejorando su inglés, aprendiendo una lengua complicadísima y porque en Polonia, «uno de los países más emergentes de Europa», les han hecho sentir como en casa. Y eso que el choque cultural existe y se palpa a diario. Ahí van unos ejemplos: «Aquí observamos mucho respeto hacia las personas mayores; silencio casi absoluto en los autobuses, solo se nos escucha a nosotros; lo de dar dos besos cuando te presentan a alguien es impensable...».

Sin problemas de comunicación pese a no hablar polaco -todo el mundo se maneja en dos o tres idiomas-, se quejan de la contaminación de Cracovia, elogian su ambiente multinacional y ven incluso factible continuar en el país trabajando en el futuro. «No es nada difícil buscarse la vida como profesor de español». Su perspectiva ha cambiado en estos cinco meses: «Nos gustaría volver a casa, pero tenemos claro que cada vez es menos probable».

Es una nación con sueldos más bajos que otros países europeos pero también más barato en muchos aspectos, que van desde la telefonía móvil -«pagamos, en las mismas condiciones, 15 euros menos que nuestra tarifa en España»- a los transportes. Este último punto merece mención aparte: ellos han recorrido 1.200 kilómetros por 15 euros y eso es un lujo. Hay muchas compañías y conexiones con un montón de países a precios más que asequibles. «Creemos rotundamente que en España los precios en transporte son excesivos», aseguran. «Aquí hay unas comunicaciones en transportes públicos increíbles,tanto en tranvía como en autobús y el billete sencillo no llega a 70 céntimos, y hablamos de una gran ciudad europea como es Cracovia».

Una población que tiene muchos atractivos: «La vida es cómoda, es una ciudad muy grande, con muchos estudiantes y gente joven, ambiente festivo todos los días de la semana y también es muy turística por su riqueza histórica y artística. Es, de hecho, el destino perfecto. «Es la ciudad que más nos gusta del país, tiene muchas oportunidades de trabajo y una gran diversidad cultural que te hace sentir como en casa».

Ellos tratan de devolver tanta hospitalidad mostrándoles a sus nuevos vecinos una imagen más real de España que la que tienen. «Para la mayoría España es solo Madrid y Barcelona, nosotros, como otras muchas personas que viven aquí, nos encargamos de cambiar ese concepto y damos a conocer nuestra propia cultura asturiana».