Asturianos por el mundo
Claudia y Nicolás, en Gales, en abril de este año.

Claudia y Nicolás, en Gales, en abril de este año. / E. C.

«Aquí no se respira pesimismo»

  • Claudia Álvarez y Nicolás García viven en Londres. Llegaron a principios de 2014. Ella trabaja como gestora de proyectos de traducción y él, en una empresa que construye plantas que transforman plástico en diésel

Un buen día paseando por el centro de Londres escucharon el sonido de una gaita. Siguieron la pista y resultó ser un gaitero de Turón afincado en Irlanda que acudía a la capital inglesa a tocar en las calles durante la temporada estival. Claudia Álvarez (1985) y Nicolás García (1980) recurren a la anécdota para ejemplificar la realidad abrumadora: cada vez más asturianos se buscan la vida en las británicas islas. Hasta les ha puesto un gin tonic una chica de Pola de Lena.

Ellos no son emigrantes huidos de la crisis. Ambos tenían trabajo y una vida fácil en Gijón, pero hicieron la maleta y se subieron al avión: «Sentíamos que necesitábamos crecer y ponernos nuevos retos, así que buscamos trabajo fuera y, cuando lo conseguimos, nos fuimos», revelan. Ella estudió en el colegio de la Inmaculada de Gijón y de ahí a la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde se licenció en Traducción e Interpretación y se especializó en lo último. Luego se fue cuatro años a París y volvió a Gijón, donde trabajó en una empresa del Parque Tecnológico. Él, natural de las Cuencas crecido en Oviedo, estudió en el Auseva y en la Universidad de Oviedo, Ingenieria Industrial. Trabajó en Bilbao y en Argelia antes de encontrar un breve acomodo en Gijón. Ella llegó a Londres en enero de 2014; él, en marzo.

«Yo soy gestora de proyectos de traducción en una agencia creativa», relata Claudia, que se encarga de adaptar grandes campañas publicitarias de marcas muy conocidas a diferentes idiomas y mercados. Le gusta, pero confiesa que es estresante. Nico es responsable electrónico de control e instrumentación en una empresa dedicada a construir plantas para la transformación de plástico en diésel. En esos ámbitos se mueve su día a día, que conjugan con el deporte, el tren para conocer el país y las pintas, que nunca deben faltar.

Todo bien. Con excepciones: «El problema es que la vida en este país es extremadamente cara y, cuando te metes en cualquier puesto que te da para cubrir tus gastos de alojamiento y manutención, apenas te queda tiempo para buscar alternativas más enriquecedoras profesionalmente». Esa «rueda es peligrosa», y eso que Londres es una ciudad que derrocha oportunidades. «Si te van bien dadas, puedes crecer y puede irte muy bien».

Londres, sostienen, es una ciudad muy viva laboralmente hablando. «Aquí no se respira ese ambiente más bien pesimista de nuestro país. La vida fluye, los negocios aumentan. Hay otra atmósfera que anima a buscar, a crecer». Eso sí: se trabaja mucho y los festivos no abundan. Y se echan en falta tanto como la familia, los amigos y el monte. «Muy difícil consolarse con Surrey Hills o Gales cuando se está acostumbrado a los Picos de Europa». Eso, sin olvidar la vida en la calle, les casadielles, los callos...

Pero no son suficientes razones para regresar, al menos a corto plazo. «A ambos nos gustaría volver a Asturias. Tenemos claro que esta etapa en Londres es pasajera, pero no sabemos exactamente cuándo volveremos. El factor oportunidad laboral será fundamental para tomar la decisión».

No toca pensar en eso ahora. Porque, además, no parece que sea un buen momento para hacerlo. «Seguimos viendo la situación económica y laboral de España muy parada. Esto nos resulta desmotivador porque vemos que el país no está preparado para recibir a todos los españoles que nos hemos ido y ofrecernos razones para volver». Aún así, son optimistas. Como marca el frenético ritmo de Londres.