El Comercio
Asturianos por el mundo

«Que tiemblen las fiestas de prao»

Andrés Alonso Moro, con barba y pulgar arriba, rodeado de los mecánicos de su equipo.
Andrés Alonso Moro, con barba y pulgar arriba, rodeado de los mecánicos de su equipo. / E. C.
  • Andrés Alonso Moro, Trabaja en Venezuela. Ejerce como supervisor mecánico de una central termoeléctrica mientras aprende a bailar bachata y que «el ron no siempre se toma con Coca-Cola»

Andrés Alonso Moro, 25 años, licenciado en Máquinas Navales con Premio Extraordinario Fin de Carrera (2012), ovetense, se define, sobre todo, como un hombre con «espíritu aventurero». Así que no se lo pensó mucho cuando le propusieron desplazarse a Cumaná, en el venezolano estado de Sucre, donde trabaja desde el pasado año como supervisor mecánico para la puesta en marcha de la central termoeléctrica ‘Antonio José de Sucre’, una planta de dos turbinas de General Electric con una potencia máxima de 340 megavatios.

Pero no es este su primer destino fuera de Asturias, porque, en 2012, cuando empezó a trabajar para TSK, le enviaron a la central termosolar ‘La Africana’, una planta de 50 megavatios en la provincia de Córdoba, donde desempeñó funciones de supervisor mecánico y supervisor de operación durante 20 meses. Y aún antes estuvo haciendo unas prácticas durante tres meses en el verano de 2011 a bordo del LNG Cádiz Knutsen, un barco gasero en el que transportaban gas desde el norte de Egipto a la India y España.

Precisamente Egipto vuelve a aparecer de nuevo en su horizonte:«Me acaban de confirmar que, en breve, me embarcaré en otro proyecto conjunto con General Electric allí, porque TSK tiene tres centrales en el país y me tocará preparar y coordinar la puesta en marcha de una de las plantas a pie de obra».

Pero, de momento, su vida discurre al calor de Venezuela, el país del que más se habla en España en los últimos tiempos y que, según confirma Andrés Alonso, «no está viviendo sus mejores días, entre «los bajos precios del petróleo y la grave crisis política y social que condiciona aún más la vida diaria de la población». Pero él se queda con que es «un país lleno de buena gente, personas amables que se esfuerzan en que la estancia de uno sea lo más grata posible». Y eso, «por no hablar de la belleza de la mujer venezolana y de los lugares increíbles que hay que visitar».

No va a esconder que la inseguridad, sobre todo nocturna, limita su libertad de movimientos y las visitas de su familia ni que «la gente más informada no llega a entender cómo en un país desarrollado como España puede tener tanta aceptación un partido político con ideas tan radicales como Podemos, cuyos miembros fueron asesores directos de los máximos líderes del chavismo».

Eso, en cuanto a lo que perciben los venezolanos. Porque, en lo que ve Andrés de su propio país visto desde el otro lado del océano, prima la sensación de que parece que «los números hablan de que comienza a crecer el empleo e incluso de que los jóvenes están empezando a encontrar trabajo». Aunque con un matiz no menor:«Lamentablemente, la mayoría de esos contratos son en prácticas o bien ofrecen sueldos en los que el trabajador no llega si quiera al salario mínimo». Así que, de momento, no tiene duda alguna de que su lugar en el mundo está lejos de Asturias.

Eso sí:cada vez que viene no se permite ni un momento de quedarse tirado en el sofá, en un intento de exprimir al máximo que está aquí:«Siempre quiero hacer cosas, salir con amigos, esquiar, andar en bicicleta...».

Pero que nadie piense que en Venezuela, además de dedicarse a trabajar, pierde el tiempo en sus ratos libres: «He descubierto, por ejemplo, que el ron no es obligatorio beberlo con Coca-Cola. El único requisito es que tiene que ser un buen ron venezolano. Mi favorito es el ron Diplomático verde, aunque el Santa Teresa 1976 le sigue muy de cerca. Yque cualquiera de estos rones con un par de cubitos de hielo convierten una aburrida tarde, en una velada ‘bien chévere’», se ríe.

Yun último secreto confesable:«Estoy haciendo mis pinitos como bailarín. Ya bailo bachata mejor que Romeo Santos y estoy empezando a darle al merengue y a la salsa... ¡Que tiemblen las fiestas de prao!».