El Comercio
Asturianos por el mundo

«Aquí no se puede vivir sin coche»

Carlos González y Carmen Paredes, en Houston.

Carlos González y Carmen Paredes, en Houston. / E. C.

  • Carlos González y Carmen Paredes, viven en Houston. La pareja lleva nueve meses en EE UU y ya prepara su voto:«Este es el año más caliente desde la Transición»

La pareja formada por Carlos González, ingeniero industrial (Gijón, 1987) y Carmen Paredes, licenciada en Derecho (Oviedo, 1990) tiene muy claro que Estados Unidos no es para toda la vida. «El objetivo es volverse a España a corto o medio plazo porque como en España no se vive en ningún sitio, que nadie se engañe», cuenta Carlos, que el pasado julio se casó con Carmen y que, solo un par de meses después, en septiembre, emigró con la que acababa de convertirse en su mujer a Houston, la cuarta ciudad más poblada de los Estados Unidos y la mayor del estado de Texas.

A él lo trasladó su empresa, EDP Renovables, la tercera compañía mundial en el mercado de este tipo de energías. «Antes, iba y venía muy a menudo, así que iba a llegar el momento de tener que estar permanentemente allí». Y ella lo siguió.

Allí siguen nueve meses más tarde, con amigos portugueses, españoles y latinoamericanos. «Consideramos a los estadounidenses personas cerradas, a las que les cuesta abrirse y relacionarse más allá de su núcleo familiar. Tener un amigo americano es una misión casi imposible. Y no lo decimos nosotros, te lo dice gente que lleva aquí casi cinco años».

Pero, en todo caso, «es una oportunidad que no se puede desaprovechar», resume Carlos. «Una oportunidad de conocer otra cultura, otro estilo de vida, perfeccionar el idioma y visitar ciudades como Nueva York o Washington y el exótico Caribe».

En el lado negativo sitúan que «la vida es muy cara y que el dinero tan rápido como entra se va». Un ejemplo: «Houston es una ciudad en la que no se puede vivir sin coche y cada vez que sales a cenar súmale ‘the tip’ (la propina), mínimo un 15%, y el ‘valet parking’, alrededor de 10 dólares». Eso, sin contar que ya no se puede ir a comer a casa de los padres, suegros y abuela los fines de semana, «que siempre te ayuda a ahorrar», bromea la pareja.

Y luego está la diferencia horaria. Van siete horas por detrás. «Eso es lo peor, porque, cuando tú te levantas, los grupos de WhatsApp ya van muy avanzados y tienes que leer los mil mensajes anteriores». Por no hablar de lo que se echa de menos a la familia. Y, por eso, los padres de Carlos (como también lo harán los de Carmen) están a punto de llegar para pasar tres semanas con ellos.

También echan de menos la sidrería de sus primos, Casa Ferino, una de sus Ítacas, el lugar donde siempre están deseando volver para comerse una buena lubina, toda vez que «en Houston escasean ese tipo de manjares».

De todas formas, ya han superado los duros comienzos. Cuando todo era una hazaña. Como aquel día que fueron a IKEA:«Fue un momento perfecto para decir eso de ‘Houston, tenemos un problema’. No sabemos si fue el ansia que teníamos por construir nuestro nuevo hogar o la necesidad de salir del hotel. El caso es que fuimos al tercer día de estar en Houston, sin tener todavía apartamento, lo compramos todo y quedamos con los de IKEA en que nos llevarían las cosas el viernes de la semana siguiente. Yasí fue, pero lo mejor de todo es que, a la hora en la que nos llegaron las cosas, todavía no habíamos firmado el contrato de la casa. Y la escena fue la siguiente: la tormenta del siglo y Carlos, a las 9 de la mañana, a la puerta de las oficinas (a esa hora estaban todavía cerradas) de la empresa que nos alquiló el apartamento con toda la casa a cuestas. Menos mal que los de IKEA fueron ‘majetes’ y nos regalaron un pequeño carrito para desplazar más fácilmente las cosas». YCarmen, entre tanto, «controlaba el resto de las pertenencias en el hotel porque a las doce había que dejar la habitación».

«Ahora lo recordamos y nos reímos, orgullosos de nuestra casa que bien podía ser sacada de un anuncio de IKEA», bromea esta pareja que ya prepara su voto.

«Este año es el más caliente desde la Transición. Aunque no estamos en España, seguimos el debate muy de cerca. Será nuestro primer voto desde un Consulado». Carlos espera que sea elegido el menos malo y que el ganador en noviembre no tenga coleta.