El Comercio
Asturianos por el mundo

«Cada día pensamos en volver»

Saúl Menéndez y Silvia Regodón, con la ciudad a sus espaldas.

Saúl Menéndez y Silvia Regodón, con la ciudad a sus espaldas. / E. C.

  • Saúl Menéndez, lleva desde los 18 años en Minneapolis. «Tenemos claro que queremos formar nuestra familia en España», dicen el golfista gijonés y su novia, andaluza

Cuando apenas abultaba unos pocos palmos, el gijonés Saúl Menéndez le pedía al Rey Melchor un palo de golf. Y así, a base de muchas renuncias y todavía más horas de entrenamiento, fue como llegó a convertirse en uno de los mejores golfistas españoles y como, recién alcanzada la mayoría de edad, emigró a «una de las ciudades más frías del planeta:Minneapolis».

A esa disciplina que requiere tanta destreza física como psicológica le debe Saúl haber llegado hasta Estados Unidos recién concluido el Bachillerato en el Colegio de Las Ursulinas gracias a una beca para jugar en el equipo de golf de una de las universidades más prestigiosas del país tras una espectacular trayectoria deportiva que abandonó en segundo de carrera para decantarse definitivamente por los estudios de ‘Business Management and Finance’ tras darse cuenta «de lo difícil y lo caro que era vivir del golf», que había sido su vida hasta entonces.

Con todo y con eso, con 25 recién cumplidos, no se arrepiente del «sacrificio que supuso para toda la familia» separarse hace ya siete años. Porque este chaval que maduró lejos de casa y que se siente «cada vez más español y gijonés» sabe que, «hoy por hoy, en España, no tendría la misma calidad de vida». Así que se autodefine como «un afortunado», la palabra que más sale en la conversación.

«Muy afortunado» por tener un puesto de trabajo como ‘business analyst’ en Prime Therapeutics, una de las mayores empresa farmacéuticas del país, además de un visado que le permite trabajar en territorio estadounidense durante los próximos seis años. Y afortunado, además, por haber encontrado a la mujer de su vida:Silvia Regodón, criada en Jerez de la Frontera y profesora de inglés de Secundaria que recaló en el estado de Minnesota para ser la encargada del Departamento de Español en un colegio de su ciudad más poblada.

«Nos conocimos hace tres años gracias a una amiga suya, a la que me encontré casualmente en el aeropuerto», hace memoria Saúl, que, de su novia, destaca, sobre todo, que «tiene mucho sentido del humor». Igual que él. Yque eso les ha hecho mucho más llevaderos los últimos tres años. Porque, si algo ocurre cuando están cerca, es que se lo pasan bien.

La botella de sidra, 15 dólares

«Actualmente, vivimos juntos, felices de sentirnos realizados en nuestras respectivas carreras profesionales pero, a la vez, con una pena profunda de que eso signifique estar a miles de kilómetros de nuestra tierra y de nuestras familias», resume Silvia. O lo que es lo mismo, apunta Saúl:«Tanto ella como yo hemos peleado mucho por quedarnos aquí y, en principio, tenemos nuestra vida hecha en Estados Unidos y estamos muy contentos, pero no pasa ni un solo día en el que no pensemos en volver».

Porque hay una cosa que tienen muy clara: «Queremos formar nuestra familia en España». Una España de la que, sobre todo, echan de menos las pequeñas cosas, «esas que te pasan desapercibidas cuando las tienes, como salir a tomar una caña o una sidra, el ambiente que hay por la calle, la vida social, tener a tus amigos a tu lado. Cosas que ves como normales y que no valoras hasta que no las tienes».

Para remediar toda esa nostalgia, aunque sea en parte, en Minneapolis, esta pareja que nunca ha sido consciente de las fronteras que separan el Norte y el Sur según los tópicos patrios, se reúne con otros asturianos y organizan sus propias espichas.

«Hay gente que emigró desde Asturias hace 20, 30 o 40 años y algunos incluso hacen bollos preñaos», que no faltan en sus celebraciones. Como tampoco falta la sidra de Trabanco, que se consigue en «el país de las oportunidades si estás dispuesto a sacrificarte» a unos 15 dólares la botella. Precio de delicatessen.

De Silvia, dice Saúl que «todavía no es asturiana, pero que algún día lo será». «Aunque, si me mandasen a trabajar en cualquier parte de España, me sentiría en casa a tan solo unas horas de coche de Gijón y no con un océano de por medio». Y, aunque no lo dice, quizá sea eso lo que Saúl Menéndez les pediría a los Reyes hoy.