Asturianos por el mundo

«En España nos sentimos peor considerados»

Jesús con Loli, su mujer y Chomsky, su perro adoptado en Serín.

Jesús con Loli, su mujer y Chomsky, su perro adoptado en Serín. / E. C.

  • Jesús Redondo, vive en Carolina del Sur. «Aquí tienen una idea más clara de la productividad en contraposición al echarle horas», apunta este gijonés que trabaja en un centro de Preescolar

En el Sur, a dos horas del mar y muy lejos del Cantábrico. En Columbia (Carolina del Sur) ha encontrado su hogar Jesús Redondo Menéndez, gijonés en los cuarenta, formado en la Inmaculada de EGB a COU, licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo y emigrante en huida de la «devaluación progresiva y preocupante» de un país al que –espera– volverá algún día.

Jesús habla siempre en primera persona del plural. Y es que en su particular aventura americana le acompaña Loli, su mujer, una malagueña a la que conoció en Wisconsin y que en 2005 se afincó en Gijón junto a él. Él, que nunca ejerció de psicólogo, trabajó en la empresa Embalastur durante casi 15 años; ella es profesora. Ambos decidieron en 2012 afrontar una nueva etapa. Loli había trabajado entre 2003 y 2005 en Estados Unidos, buscó empleo allí y en 2013 lo halló como profesora de español en Primaria. Se fue en verano y seis meses más tarde la siguió Jesús, tras dar el relevo en la empresa en la que trabajaba.En enero de 2014 aterrizó en Carolina del Sur y la aclimatación ha sido larga, por aquello de los visados, el carné de conducir, los cursos de inglés, las solicitudes de empleo... No fue fácil, pero por fin a finales de octubre de 2014 comenzó a trabajar como Instructional Assistant (una especie de ayudante de coeducador) de Preescolar. En esas está mientras espera lograr la certificación como profesor de español. De momento, disfruta del trabajo: «Es una experiencia preciosa sentir cómo se van cimentando las bases de la educación de niños tan pequeños en un entorno multirracial, aunque predominantemente afroamericano», relata.

Carolina del Sur no es cualquier cosa. «Esto es el Sur de los Estados Unidos, es un ambiente mucho más rural y cerrado que en otros territorios, en donde es difícil encontrar parejas o grupos de amigos interraciales, pero en el que siguen existiendo modales a la antigua usanza que te hacen sentir un poco retro».

Columbia es la máxima expresión de ese EE UU en el que es imposible vivir sin coche. Ni existen los transportes públicos ni hay límites urbanos. «Es como una sucesión de suburbios surcados por carreteras», describe. Se cumple el tópico. El de la comida hipercalórica también: «Tras una fase de ‘quiero probarlo todo’, el estómago y la ropa te dicen que te tienes que relajar y empezar a cocinar tu propia comida para no acabar transformándote en uno de ellos». En este punto, conviene detenerse en el capítulo de añoranzas, con lugar destacado para las culinarias: «Aquí para comer bien tienes que o ir aun sitio trendy o comprar en establecimientos de comida orgánica... Añoro mis menús del día, mis vinos y mi bendita sidra». Y añora también la sanidad pública: «Es capítulo aparte, pues aquí uno comprueba que aunque todo sea privado, para todo tienes que esperar y las facturas son astronómicas».

Dicho lo dicho, la gente es agradable –«mucho menos fríos que los del Norte aunque más fríos que nosotros»– y en el plano profesional hay mucho que aprender. «Los profesores cualificados estamos mucho mejor retribuidos que en España en general y en Asturias en particular». La organización del trabajo también es un punto a favor. «Tienen una idea más clara de la productividad en contraposición al echarle horas».

«Aunque ningún asturiano de raza puede llevar sin altas dosis de sufrimiento» vivir gran parte del año con temperaturas medias de 30 grados, Jesús no tiene en mente regresar pronto al norte peninsular. «Cuando nos vinimos fue con la idea de una estancia mínima de cinco años, quizá sean más, pero siempre con la perspectiva de volver». Claro que el billete de vuelta parece estar lejano. «Es la situación socioeconómica actual de España, donde nos sentimos peor pagados y considerados que aquí en los Estados Unidos, la que nos hace cuestionarnos el momento exacto de la vuelta».

Su mirada hacia España no se adorna de optimismo, sino todo lo contrario. «El conformismo fatalista que todavía pervive en mucha gente fue una de las cosas que más nos espoleó a marchar: no queríamos conformarnos, queríamos mantener vivo el derecho a aspirar a más y tener posibilidades reales para ello». Así son las cosas. Y en Carolina se quedarán una larga temporada a la espera de tiempos mejores, aunque nunca sea fácil estar lejos de casa, por mucho que el Face Time y el Skype ayuden. «La tecnología acorta distancias y te hace mucho más llevadero desarrollarte profesionalmente lejos de los tuyos».