El Comercio
Asturianos por el mundo

«Veo hórreos caer y me pongo mala»

«Veo hórreos caer y me pongo mala»
  • María Cristina García, arquitecta, está becada en Roma

  • «Con los excesos previos a la crisis, se perdió la sensatez arquitectónica. Aunque todo depende del político de turno»

A María Cristina García la nacieron en Oviedo en 1967 porque su madre «era moderna para la época» y prefirió dar a luz en un hospital que en casa, pero ella se reclama «de Sebarga, que quede claro», una pequeña parroquia de Amieva donde sigue estando la casa familiar pese a que ella hace tiempo que se trasladó a Madrid.

Volcada en la docencia universitaria, esta arquitecta recibió hace un año «un auténtico regalo»: la beca de la Academia de España en Roma que la ha llevado a compartir el curso 2014-2015 con el resto de creadores beneficiados por la convocatoria de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI): Adrián Silvestre (cine), Almudena Lobera (artes visuales), Álvaro Ortiz (cómic), Antoni Abad (NetArt), Enrique Bordes (diseño), Giuseppe Vigolo y Antonella Zerbinati (grabado), Greta Alfaro (vídeo), Jesús Donaire (arquitectura), Joan Espasa (literatura), Joan Morey (escultura), Miriam Isasi (escultura), Samuel Leví (música) y Yann Leto (pintura).

Todos ellos han convivido durante los últimos meses en la sede de la Academia, «un antiguo convento situado sobre el Trastévere, un lugar realmente mágico en el que sientes el peso de la Historia, desde donde dominas toda la ciudad», cuenta García, que está inmersa en un proyecto de investigación que tiene como objetivo estudiar la cultura urbanística romana del periodo de entreguerras, como preámbulo de la construcción simbólica de la Tercera Roma por parte de Mussolini y sus arquitectos. Un proyecto con el que se pretende también constatar y poner de manifiesto los estrechos vínculos existentes entre las culturas urbanísticas italiana y española durante la década de los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX como parte de las redes internacionales del urbanismo.

La experiencia está a punto de concluir y Cristina, que dejó a su familia en España, todavía no puede creerse «lo enriquecedor que ha sido convivir con todos esos artistas en el sentido amplio de la palabra. Tanto desde el punto de vista profesional como desde el personal. Ha sido algo muy intenso», resume esta creadora fascinada por la ciudad eterna, con sus tráfico caótico y sus rincones majestuosos, consciente de que, «urbanísticamente, Roma es una ciudad muy difícil y compleja» tanto por su topografía como por su historia. Aquello de que, «en cuanto se excava, aparecen ruinas por doquier» y, ante el problema del tráfico, tampoco parece haber ninguna solución posible. «No hay para dónde desviar los coches y motorinos», explica pocos días antes de que la Real Academia presente su proyecto y el de sus compañeros en ‘Puertas Abiertas’, una cita que reunirá los procesos y trabajos llevados a cabo por los becarios y que incluye actividades participativas que van desde la performance hasta la lectura dramatizada, además de una exposición que podrá visitarse entre el 25 de junio y el 15 de julio.

Así que, si ustedes viajan a Roma, no dejen pasar la oportunidad. Igual que ella tampoco perdona cada verano el viaje a Asturias para bañarse en el río Ponga y para que su vinculación con las raíces se mantenga intacta.

De hecho, Cristina García se emociona cuando habla «de la gente y los pueblos asturianos, con esas tonalidades de verde que son una joya». «Me preocupan esas personas y ese entorno maravilloso y privilegiado, con esa arquitectura perfectamente integrada. Me preocupa que se esté perdiendo una forma de vida y, con ella, todo un lenguaje, el vocabulario que utilizamos para hablar del modo de vida tradicional», declara esta mujer que llama a luchar por el medio rural, «con ese potencial espectacular».

«Cuando veo un hórreo caer, ese mecano prefabricado que no existe en ninguna otra cultura, me entran los siete males y me pongo enferma», confiesa la arquitecta de Sebarga, Amieva, que se calza madreñas como hacía su madre para salir al jardín de su casa y que también anda inquieta por Santullano, «con esa autopista entrando directamente al corazón de Oviedo». O por los excesos previos a la crisis que quedaron «cuando se perdió la sensatez arquitectónica». Aunque eso «depende de la sensibilidad del político de turno».