Asturianos por el mundo

«Asturias se ve oscura como el Negrón»

Nacho y Cris, en los saltos del río Petrohué.

Nacho y Cris, en los saltos del río Petrohué. / E. C.

  • Cristina Campo y Nacho Rivera, viven en Santiago de Chile. «La experiencia nos está dando grandes lecciones. Nos ha unido como matrimonio, nos ha enriquecido laboral y personalmente y nos ha abierto la mente»

Quince mil kilómetros. Esa es la distancia que les separa de Asturias. O lo que es lo mismo, 15 horas de avión. Cristina Campo Miranda (1980), nacida en Oviedo pero hasta su marcha vecina de Gijon, y Nacho Rivera Suárez (1973), avilesino, se fueron a Santiago de Chile huyendo de la crisis y por el momento la experiencia no les puede ir mejor.

Él, ingeniero de minas, trabajaba en la construcción y fue el primero en hacer el petate tras año y medio de paro y búsqueda infructuosa. «Tomamos la decisión de probar suerte en otro país, y tras un estudio comparativo, el elegido fue Chile por el crecimiento, la seguridad y oportunidades laborales que ofrecía, sobre todo en el sector de Nacho», explica ella, diplomada en Turismo y que trabajó en el Tryp Rey Pelayo hasta que solicitó una excedencia para irse. Nacho lleva en Chile dos años y dos meses y Cristina llegó seis meses después. En ese tiempo él ha cambiado dos veces de empleo y siempre para mejor -ahora es gerente general de la empresa británica Penspen-y ella lleva un año trabajando para la cadena Hilton.

El destino tiene muchas ventajas. El choque cultural no es fuerte: el idioma es el mismo, es un país muy europeizado y además ofrece un sinfín de posibilidades para conocer América. «Nos gusta salir y conocer los países aledaños, siempre que hay algun 'feriado', como dicen aquí, intentamos viajar. Hemos ido a Argentina, Perú, Uruguay y conocemos Chile casi de norte a sur».

Es un país en crecimiento y, por lo tanto, de oportunidades laborales, pero también tiene aspectos criticables. «Es un país muy clasista, donde el sistema educativo y sanitario son privados y excesivamente caros». A eso se une que la sociedad, en general, es bastante cerrada por aquello del aislamiento geográfico, aunque Santiago «es una ciudad cada vez más cosmopolita, aquí hay gente trabajando de todas partes del mundo».

Al margen de lo puramente pragmático, está todo eso que la experiencia de ser emigrante aporta a quien la vive. «Nos está dando grandes lecciones de vida. Nos ha unido mucho más como matrimonio, nos ha enriquecido tanto laboral como personalmente y nos ha abierto mucho la mente. A día de hoy ambos pensamos que ha sido la decisión más importante de nuestras vidas y también la más acertada». Dicho esto, no hay billete de vuelta reservado. «Es impensable conseguir un trabajo en España con las condiciones que actualmente tenemos aquí». Y además, les gustaría probar suerte en algún otro país antes de volver si no a España sí a Europa.

A ellos la aventura les compensa el sinfín de añoranzas -familia, amigos, cafetín, vinín, un paseo por el Muro, Cimadevilla, San Lorenzo...- aunque son conscientes de que para todo el mundo no es así. «Sabemos de gente que ha venido, no se ha adaptado y se ha vuelto». Ellos se quedan y le dan a gracias a lo que Nacho ha bautizado como «San Skype» y a la tecnología en general, fundamental para acortar distancias y aplacar morriñas. Bien lo sabe Cristina, que a diario se reserva diez minutos del desayuno para 'wasapear' con su madre.

Así es la vida al otro lado de los Andes, donde se echan en falta compañías low cost para poder viajar con más frecuencia a España y desde donde se mira al país de origen con cierto pesimismo: «La situación de España y Asturias desde fuera se ve un poco oscura, como el Negrón». Y es que la misma tecnología que les acerca a casa a través del ordenador les permite estar informados: «La mayoría de los días te desesperas leyendo la prensa», lamentan.