Asturianos por el mundo

«Nueva York es genial, te curte»

Jesús Rodolfo Rodríguez, en el High Line del Meat Packing de Nueva York.

Jesús Rodolfo Rodríguez, en el High Line del Meat Packing de Nueva York. / E. C.

  • Jesús Rodolfo Rodríguez, vive en Estados Unidos. El violista valdesano se formó en el Conservatorio de Oviedo y con 19 añosse fue a EE UU. Hoy está en la élite mundial de los jóvenes solistas

Es uno de los grandes violistas jóvenes del momento. Jesús Rodolfo Rodríguez, luarqués de 1987, se formó en el Conservatorio Superior de Oviedo de la mano de Wieslaw Rekucki y con 19 años, a punto de cumplir 20, dio el salto al otro lado del Atlántico. Primero fue a estudiar en la Universidad de Yale, luego estuvo yendo y viniendo para concluir un postgrado superior en Oviedo, más tarde pudo cumplir su sueño de estudiar en la Juilliard School of Music, después en la Manhattan... Su camino formativo sigue avanzando, como corresponde al mundo de la música, y eso que su currículo incluye un máster y ahora está metido a fondo en realizar el doctorado en la Universidad del Estado de Nueva York Stony Brook.

«La educación musical en Estados Unidos es la mejor», dice, y recita después el nombre de los profesores que han recorrido con él su camino para situarse en la élite de los violistas menores de treinta años, entre ellos Paul Newbauer. «Creo que para tocar este instrumento Nueva York es el mejor sitio», dice.

Habla maravillas del Conservatorio Superior Eduardo Martínez Torner – «es fantástico, ha salido gente excepcional»–, pero no obvia algunas deficiencias de un sistema educativo español, en el que «a veces» para ejercer la docencia lo «último que importa es cómo tocas». Pese a que no faltan trabas, tiene claro que «en Asturias hay talento», aunque él prefiere EE UU, donde «los músicos de cámara están continuamente reiventándose, siempre hay algo nuevo».

La suya es una carrera de fondo en toda regla. Pese a haber llegado alto, el aprendizaje no se detiene. «Valoro muchísimo la educación. Siempre tengo la presión, esa pregunta de cuándo vas a dejar de estudiar, pero para mí es muy importante, hay que formarse bien antes de asentarse en un lugar u otro». Él, que de los 17 a los 20 años fue violista principal de la Joven Orquesta Gustav Mahler, sabe que en su profesión los concursos juegan un papel clave y que hay que tomar decisiones. La suya fue labrarse una carrera como solista y músico de cámara. Y en esas anda. «Los últimos años conseguí muchas cosas», dice. Y habla del concurso Mozart de Nueva York, que ganó recientemente y le puso a tocar muy cerquita de su casa neoyorquina en el Upper West Side, en el Lincoln Center, y a cosechar magníficas críticas en medios como el ‘New York Times’. «La formación como solista es muy larga, no solo porque hay que tocar muy bien, sino porque requiere de críticas en los periódicos, en revistas, ganar concursos y al final tener un poco de suerte».

Él no se queja de la suya. Da entre 60 y 70 conciertos al año y es profeta en su tierra, donde estos días se toma un descanso antes de regresar a Nueva York a mediados de agosto. Este año será Vaqueiro de Honor y hoy precisamente tocará para sus paisanos. En la iglesia de Luarca (20 horas) dará un recital gratuito.

Añora la comida, la familia y algunas cosas más, pero se siente cerca: «Es simplemente un vuelo», dice, sabedor de que volver a casa para quedarse no parece muy probable. Porque, además, Nueva York, le parece un lugar fascinante. «Es genial, te curte, aprendes mucho de la vida y maduras como persona. Tienes un montón de retos. Cuando llegué simplemente buscar apartamento fue un dolor de cabeza», rememora.

El amor a Manhattan no es mayor que el que le profesa a los vinos españoles –siempre en su equipaje de vuelta– y a España en general. Aunque su mirada sea ya la de alguien que está muy lejos: «Cada vez que llego al aeropuerto de Madrid se ve el drama. Es todo como una película de Almodóvar, me encanta, me gusta verlo así, todo tan pasional, tan dramático, con las emociones a flor de piel».