El Comercio
Asturianos por el mundo

«Hay mucho mundo y se vive una vez»

Mónica Álvarez Valledor, con su hijo Diego, en la playa.

Mónica Álvarez Valledor, con su hijo Diego, en la playa. / E. C.

  • La gijonesa Mónica Álvarez se define como «nómada». «Veía a los españoles un poco parados, pero parece que las cosas están cambiando»

Medio en serio, medio en broma, su padre se lo advirtió:«El matrimonio ya es difícil en sí mismo y vas tú y lo complicas todavía más casándote con alguien de otra cultura». Pero, como buena hija, la gijonesa Mónica Álvarez Valledor (Momó para los suyos, 42 años) desoyó el consejo paterno e hizo caso a su corazón para comprometerse con un chico estadounidense al que había conocido en 1994, cuando hizo el petate y se marchó a mejorar su inglés a Estados Unidos. «Fue una emigración por amor». Todavía faltaba mucho para que la crisis hiciese acto de presencia.

Desde entonces, ha llenado su vida su hijo de 13 años, Diego, que ya se ha mudado junto a su madre de Missouri a Miami y, de ahí, a Marco Island, también en Florida, el paraíso en el que viven ahora, que, según la Oficina del Censo de EEUU, tiene una superficie total de 59,03 kilómetros cuadrados, de los que 31,44 corresponden a tierra firme y 27,59 al océano.

Así que, con esa «islilla chiquitilla» como hogar, no es de extrañar que a Mónica se le escape la risa por teléfono y cuente que en ese territorio privilegiado «es imposible ir a la playa y que haya aglomeraciones o que te entre claustrofobia, porque su costa es una línea continua de aguas turquesa y arena dorada y fina, preciosa».

Esa característica, unida a un clima que les permite pasar «las Navidades en manga corta», han convertido a Marco Island en «un destino muy exclusivo y muy caro, similar a Marbella, Montecarlo o Niza». El descanso ansiado por turistas de alto poder adquisitivo y por personas que fijan allí su segunda residencia. Mónica los llama ‘los snow birds’ (pájaros de nieve’), porque «suelen llegar del Norte, de Nueva York o de Canadá» en busca del sol que más calienta. Y son tantos, que«los 15.000 habitantes que tiene Marco Island durante el verano se llegan a duplicar en el invierno».

Allí viven Momó y Diego. «En pleno relax». Aunque no saben dónde estarán el mes, el año que viene. Porque Mónica se define como «una ciudadana del mundo, una nómada total que, además, se lo cree», y su hijo ha heredado la filosofía vital materna:«Es flexible. Un poco veleta, como yo». Se ríe.

«Necesitamos tener una visión global, porque quedarte toda la vida en tu barrio te cierra muchas puertas. El mundo hay que verlo y experimentarlo porque solo se vive una vez y es muy grande», defiende esta gijonesa a la que su trabajo en la cadena hotelera Marriot permite descubrir nuevos rumbos. «Porque a mí me gusta viajar, vivir la cultura local de los lugares en los que estoy. No me gusta nada turistear».

Es por eso también que Diego ya ha asimilado que lo mejor es no preguntar demasiado qué les depara el futuro:«Viviremos donde toque. Ya se verá. Nos gustan los cambios».

Y este dúo que se entiende a la perfección también disfruta mucho de «las oportunidades que ofrece América», un país en el que «está prohibido por ley que se incluya la foto o la edad de los aspirantes en su currículum para favorecer la igualdad y que todo el mundo tenga acceso a una entrevista de trabajo, cara a cara». Allí «no sirve eso de descartar a alguien porque tenga cuarenta y pico años».

Entre lo que aborrecen, que también lo hay, está el hecho de que «EE UU es demasiado capitalista. Todo, dinero, dinero, dinero» frente una Europa «en la que la conciencia social está mucho más asentada».

Así que, cuando llegan a Asturias, Mónica y Diego también son «felices»:«Nada más pisar la estación de Gijón y escuchar el acento asturiano me entra el mimo y me da por sonreír», cuenta una mujer sin fronteras que, pese a sentirse profundamente libre, sigue ligada a su gente:«Me encanta pasar tiempo con mi familia y amigos, de los que la distancia nunca me separa».

Mónica terminó divorciándose. Pero no se arrepiente del viaje. «Hay que moverse cuando algo no te convence». Ese es el consejo de alguien que empezó desde abajo y que se ha convertido en directora de Aprendizaje y Desarrollo en Recursos Humanos tras estudiar Marketing. «Los españoles, en general, tenemos fama de luchadores y emprendedores, pero la verdad es que, hasta hace poco, nos veía un poco parados. Ahora parece que las cosas están cambiando. A ver si es verdad que salimos del letargo».