El Comercio
Asturianos por el mundo

«Las oportunidades hay que buscarlas, no surgen mirando la sopa boba»

Virginia Soto Serrano trabaja como profesora en Inglaterra.

Virginia Soto Serrano trabaja como profesora en Inglaterra.

  • Virginia Soto Serrano, llegó a Southampton para acabar la carrera como Erasmus y se quedó. Ahora tiene un empleo fijo en una escuela de secundaria y planea hacer un máster mientras trabaja

Lleva dos años en Gran Bretaña y ya tiene un trabajo fijo en un colegio de secundaria. No se queja de nada Virgina Soto Serrano (Gijón, 1990), que llegó a la Universidad de Southampton como Erasmus en 2013 y a día de hoy tiene su casa –compartida con otras tres personas– en las británicas islas. Estudió en el Elisburu y el Rosario Acuña, se matriculó en Filología Inglesa en la Universidad de Oviedo y hace un par de años voló hasta Southampton como Erasmus. Acabó la carrera y se quedó.

Y eso que pasó lo suyo buscando piso y pasó por un sinfín de empleos. Todo lo da por bien empleado. Forma parte de un máster vital que es impagable. «Trabajé en un job center, en el Ikea, en una guardería...». Hasta que el sistema educativo británico le abrió sus puertas. «Funciona como la sanidad en España, como una bolsa de empleo que gestiona una agencia privada, te apuntas y si falta un profesor te llaman». La fueron llamando, fue trabajando, cubriendo vacantes hasta que comenzó a enviar currículos para entrar en los procesos de selección de los centros. El sistema también es diferentes. Son colegios privados subvencionados de gestión autónoma. O sea, nada de oposiciones. Se trata de enviar currículos y pasar entrevistas. Recibió unos cuantos ‘noes’ hasta que un buen día fue «sí». «En marzo hice la entrevista y ese mismo día me dijeron que sí». Antecedentes penales y papeleo mediante, empezó a trabajar en The Costello School, en Basingstoke. Tres meses de prueba y ya es fija. Sus alumnos tienen entre 11 y 16 años y aunque al principio le costó imponerse con su acento castellano y su juventud, la cosa va bien y está feliz con sus clases de español y de literatura inglesa.

El sistema británico de enseñanza, a su juicio, es mejor que el español. Por varias razones, porque la independencia de los centros hace que cada uno pueda crear sus equipos y fijar sus objetivos y porque premia especialmente el afán por enseñar. En general, en Gran Bretaña, quien se lo curra consigue sus objetivos. «Existen oportunidades, pero hay que buscarlas, no surgen en casa mirando la sopa boba», dice. Es consciente de que con 25 años tener un trabajo fijo en un instituto en España es casi imposible, de modo que la idea de volver no está en la mente ni por asomo. Porque, además, en el colegio en el que trabaja le dan ahora la oportunidadad de compatibilizar las clases con un máster. «A la vez que vas adquiriendo experiencia te vas formado para mejorar».

Todo lo dicho en el plano profesional. Luego está lo que aporta compartir casa y buscarla –con sus muchas complicaciones–, conocer chinos, indios, ingleses y españoles... Todo aporta. Claro que siempre hay contras. Lo de que anochezca a las tres y media no lo lleva bien ningún español por muy acostumbrado que esté a la lluvia del Norte y la ausencia de la familia siempre es un hándicap al que hay que sobreponerse muchas veces. Paro paliar ausencias siempre están el chorizo y la cecina de León de la abuela, las latas de atún, el aceite de oliva y las galletas María que nunca faltan en su maleta. «Ya ves qué tontería, no hay ni galletas María ni pipas», dice. Todo eso voló con ella el martes pasado rumbo a Inglaterra, muy lejos de la Semana Grande de Gijón. «Eso se lleva mal, ya estoy echando de menos los fuegos», decía poco antes de que se lanzasen al cielo de San Lorenzo.

Es consciente de que el volumen de españoles en Gran Bretaña no para de crecer y solo lamenta que la imagen que transmitimos entre los británicos no sea la mejor. «Tienen una perspectiva nuestra bastante pobre, piensan que estamos todo el día de borrachera, que estamos destrozando nuestro propio país». Ella no lo ve tan mal, pero tampoco es optimisma: «A corto plazo no veo futuro profesional en España, toda nuestra generación está saliendo por mil historias».